desde Uruguay: 10 Consejos para ser un gran capitalista

10 Consejos para ser un gran capitalista

Pablo Díaz Estévez

Académico y activista de Uruguay. Coordinador del Observatorio de Política de tierra de la Universidad de la República. Autor de los libros: Tierra y educación en Santiago del Estero (Editorial Nuestramérica, Buenos Aires, 2007) y Sociología de las ocupaciones de tierra (Editorial Nordan, Montevideo, 2009), entre otros. Instagram: @pablo_diaz_estevez

1- Si usted precisa una materia prima para su industria no invada al país que la posee. Más bien cómprele todo lo que pueda, y hágale desear el olor de sus billetes. Si tiene apagones ofrezca invertir en electricidad. Ofrezca empresas privadas de seguridad y antidrogas, medicamentos genéricos. Agroindustrias, empresas de agua, conexión estable a internet, “actualización de infraestructura obsoleta”. No se olvide que tiene que lograr respeto hacia sus capitales, y si usted se impone, mañana le volverán a nacionalizar las inversiones, ya no para desarrollarse o imitar su nivel de consumo, sino apenas por sobrevivencia.

2- Usted debe prender fuego al “tigre de papel”: el imperialismo. Hoy la tendencia para lograr “portafolios eficientes” es la inversión extranjera directa, la seguridad jurídica y el estado de derecho, que le garantizan máximo retorno con mínimos riesgos. Por lo que sigue siendo más barato apoyar campañas electorales que campañas militares. De forma tal que “las venas abiertas de América Latina” sigan fluyendo solapadamente hacia sus casas matrices, sin que la sangre llegue a las calles.

3- Pero, si igualmente, encuentra algunas fallas en los sistemas electorales aumente los premios, no los castigos. Además siempre es conveniente contratar politólogos, asesores de imagen y estadísticos que evidencien fugas de votos. Así usted puede reforzar las reglas del juego de las votaciones donde generalmente la narrativa dominante, el dinero y la fuerza casi siempre triunfan. Para esto requiere un sistema de contralor internacional donde se midan las verdaderas democracias. No desista de ello ni escatime en hacer sus aportes a ese fondo de aliados con quiénes premiar la eficiencia y solucionar “pacificamente” las distorsiones.

4- Si usted aspira a ser el número uno de los negocios, y compite con europeos, rusos o chinos, reflexione antes de actuar. Puede engañar a su propio electorado en pocos años con sus teatros de operaciones pero en el largo plazo, sus competidores harán con sus propias monedas lo que usted no logró con su dinero y la derrota frente a nuevos bloques, será completa.

5- Si ya es demasiado tarde para seguir los consejos anteriores y ni siquiera usted sigue las reglas de mercado; si la brutalidad se convirtió en una interferencia entre la oferta y la demanda electoral o comercial, y hasta pateó el nido de los países que le apoyaban en su cruzada por la libertad y la democracia, intente remediar sus errores devolviendo algo de lo que incautó, o en todo caso negociando.

6- Si secuestró un presidente, entréguelo a un precio razonable, por ejemplo en millones de barriles de petróleo. Si robó barcos de materia prima, haga donaciones a los países que hacen bien los deberes (en el nuestro, la gasolina está a dos dólares el litro y nos vendría muy bien esa ayudita).

7. Si en las calles hay protestas no patee el clavo: apóyelas; no importa si son en Teherán o en el Caribe (mientras no sean en su propia patria). Evite que los pueblos del mundo lo vean como una amenaza para sus intereses y aumenten así los deseos de hacerse soberanos de los recursos naturales.

8. Si los países que anteriormente recibían sus «ayudas» optaron por otro camino de capitalismo estable y multipolar, cálmese y explique que solo tuvo un exabrupto y que no va a extraer a sus líderes. Hágales creer que en Caracas solo se filmaba un capítulo de otra narco-serie y que la propaganda armada era más rentable para demostrar la excelencia de sus servicios que el marketing de los algoritmos. Recuerde que no está tan mal admitir frente a las tribunas que las guerras no logran autofinanciarse, por lo que usted se puede justificar diciendo que está explorando un nuevo negocio oficial televisado para cubrir costos y probando juguetes electrónicos para mitigar daños colaterales.

9. Preste mucha atención si conduce a un país poderoso, porque sin querer queriendo usted puede desestabilizar todo lo que encuentre a su paso y al final terminará necesitando de antiguos enemigos, por aquello de que los presidentes títeres ya no funcionan. A más que las invasiones de migrantes le devolverán en la puerta de su casa el problema que usted mismo quiso solucionar bombardeando su patio trasero.

10. Y bueno, si ya nadie le cree nada, y solo dejó miedo y a su paso solo sembró confusión le queda la última opción: aliarse con los ganadores. Usted puede seguir perdiendo popularidad pero nunca sus fortunas, porque el verdadero capitalista nunca pierde.

Bolivarianos sin fraude

La real academia española dice en primer lugar que “fraude” sería una “acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”. La palabra se asocia a las raíces latinas arcaicas “frus” y “frudis” relacionadas con frustrar. Bien podríamos sintetizar que “fraude” significa formalmente “arruinar por engaño”.

Hoy en día seguramente, tanto desde el chavismo oficialista y no oficialista se esté ante la duda de ¿cómo no arruinar un proyecto bolivariano en Venezuela?. Y ahí el momento exige respuestas, pero y ¿por casa cómo andamos?. O sea desde el lugar donde nos toca vivir cómo evitamos el fraude en los movimientos socio-políticos o al menos el autoengaño.

Auto-engaño

Nos pueden engañar o podemos hacerlo nosotros mismos porque en esta sociedad del espectáculo anestesiamos aquello que supuestamente no podemos cambiar y encontramos alguna causa para echar mano y así justificar nuestra rendición. Frustramos un proyecto de superación de nuestra propia conciencia, con vaya saber qué mecanismos psicológicos de supuesta defensa de nuestro “yo”. Hacemos insoportable la conciencia, y no luchamos. O tememos las amenazas, o no queremos aislarnos, o simplemente evitamos que nos dejen de querer, o sentimos terror de que nos vean como “locos” o poco creibles. Típicas reacciones básicas del bicho humano.

Así como el miedo paraliza, el sentir y pensar por sí mismos nos llevarían a ese riesgo de exposición que nos puede dañar algunas fibras íntimas que instintivamente cuidamos. Y esto en América Latina y el Caribe, lo hemos naturalizado importando conocimiento, arte, literatura y Constituciones, por esa renuncia a ser o a estar, tal cual somos.

¿Hasta qué punto los regímenes democráticos liberales son justos? ¿Quién juzgaría a su vez si son justos o no? Hemos escuchado que la “democracia” no es perfecta pero que es el mejor régimen que conocemos. Sin embargo no han sido suficientes las resistencias que ha encontrado el capitalismo en nuestro continente para que podamos evitar que arruine la vida, y así el fraude “democrático” se ha alimentado de nuestro propio auto-engaño.

A sabiendas de las limitaciones del estado, preferimos el régimen democrático a las dictaduras cívico-militares, pero planteamos estas dos como si fueran las únicas opciones. Muchas veces creímos que los procesos de los movimientos socio-políticos nos llevarían a ese punto de inflexión o encrucijada donde sería necesaria una dialéctica, entre democracia y revolución. Donde en cierto punto la aspiración mayoritaria de una sociedad expresada en las urnas, en las calles o en la lucha armada, deviene fuerza social que se impondría sobre las clases dominantes y sobre el control de las potencias imperiales. Sin dudas que de las revoluciones del siglo XX (principalmente de la mexicana, boliviana y cubana) hemos tomado algunas lecciones de cómo nuestros pueblos se han dado paso en la historia de su autodeterminación.

En el caso de que nuestro razonamiento sea acorde a la realidad, el proceso venezolano padecería de una frenada donde no se da el salto a otro tipo de pacto social, mientras que la evidencia indica que la población mayoritariamente no respaldó al chavismo en las pasadas elecciones.

Fraude moral

Los procesos revolucionarios y los movimientos sociales anticapitalistas se construyen sobre bases éticas. Saliendo del caso venezolano, podemos pensar por ejemplo en un histórico movimiento campesino anticapitalista que fue parcialmente derrotado en sus sistemas productivos y comenzó a incorporar el agronegocio en sus territorios. La grandeza de sus referentes lleva a que incluso lo admiten y no lo ocultan; no hay auto-engaño. Sin embargo quizás se incurra en un “fraude moral”.

Así como los procesos revolucionarios, muchos apoyamos los movimientos sociales: ciudadanos, militantes, vecinos, trabajadores, estudiantes, académicos. Eso no significa que tengamos que recetar qué tienen que hacer, ni juzgarlos, pero así como los apoyamos podemos dejar de apoyarlos.

Es un apoyo moral, es el arma de los débiles, pero es la fuerza de un movimiento social: la solidaridad de la población que obtienen en luchas desiguales contra los poderosos. Movimientos con diversos grados de politización y radicalización que aportan a procesos post-capitalistas.

Quien apoya un movimiento social lo puede hacer también por intereses particulares. En ese caso el apoyo podría ser un chantaje: “te apoyo si luchas frente a tal problema, pero si no lo hacés te retiro el apoyo”.

Cuando hablamos de “fraude moral” no estamos refiriéndonos al “chantaje”. Más bien estamos apelando a la frustración de esa resonancia de causas, de la coincidencia de horizontes, aspiraciones y deseos profundos de los pueblos que son expresados por grupos y organizaciones que salen a las calles o a los campos a reclamar sus derechos. Generalmente los movimientos sociales se activan por demandas puntuales articuladas con propuestas globales para toda la sociedad, por lo que las distintas etapas del proceso del movimiento social y político son importantes: como nacen, cómo se movilizan, qué piden, qué proyectan, qué obtienen y qué instituyen de cambio social. La dinámica de constante superación de contradicciones requiere de la unidad moral a la interna de los movilizados y con la gente que los apoya dentro y fuera de fronteras.

Cuando la fuerza del movimiento, sus conquistas, sus frutos, son utilizados en dirección contraria a la que surgió se empieza a arruinar el proceso y la esperanza se debilita. También ante la falta de la autoridad moral necesaria para acumular mayores niveles de fuerza que exigen los nuevos retos, se pueden reconstruir vínculos tóxicos entre sujetos políticos y sociedad: el clientelismo, el corporativismo, el dirigentismo, el paternalismo o el padrinazgo. Funcionales a la dependencia, a la demovilización y a la división del movimiento popular.

El fraude moral, así como cualquier fraude emocional se debería poder elaborar con un auténtico auto-análisis, pero también se pueden instituir a pesar de las objeciones. Tener una influencia moral o afectiva sobre el otro, o haber conquistado una posición social o territorial (gracias en parte a la fuerza moral de la sociedad), generan posiciones de poder:

¿Cómo no vas a respetar lo que tu otro quiere? Porque es TU “otro” debes respetarlo (aunque sus acciones sean contrarias a lo que tienen en común).”

Esta posición de poder en el fraude moral o emocional llevan a ser impermeables frente a las críticas. Así como en el autoengaño empiezan a operar los mecanismos de defensa de la autotestima, de la seguridad íntima, de la confianza en sí mismo, pero en este caso operados por su “otro”.

La necesidad de la auto-crítica nace por la vía de la interpretación correcta del error o el desvío, o por la vía de los hechos que nos rompen la cara. A veces un acontecimiento político acelera el sinceramiento en el sentido de la autodeterminación moral e intelectual, porque logró evidenciar contradicciones. Otras veces los hechos que sacan a la luz las medidas anti-populares son justificadas de mil formas y nunca se logra admitir errores o desvíos. Si queremos evitar que se instituya el fraude o se genere un vínculo tóxico, podemos explorar algunas de estas armas en la “batalla de ideas”.

Superar el auto-engaño o el fraude moral nos daría más motivos de esperanza crítica. Para ello debemos reconocer que todos en distinta medida somos tanto parte del problema como de las acciones ideológicas para superarlo. Lo que nos permitirá una auto-crítica más certera, lejos de convertirnos en jueces de la historia.

Primero por casa

Fueron diversos procesos ancestrales e históricos del campo popular y las resistencias socio-políticas al neoliberalismo las que provocaron un giro a la izquierda en los sistemas políticos de nuestro continente entre fines de siglo XX y el día de hoy. Las resistencias al consenso de Washington generaron gobiernos aliados de los movimientos sociales, que mayoritariamente terminaron pactando un “neodesarrollismo” que combinó neoliberalismo y conquistas sociales. En algunas experiencias excepcionales se lograron construir bienes públicos y reconocimientos de derechos que aún dependen más de la fuerza social instituyente que de las instituciones formales del estado.

Por esto hay más razones para creer en los sujetos populares que en los regímenes democráticos liberales que no logran evitar el saqueo de América Latina y el Caribe. Porque son esos sujetos desposeídos y politizados, los portadores de propuestas creíbles para superar los regímenes liberales progresistas. Y quizás en esa clave radicaba la esperanza que depositamos en el liderazgo del proceso chavista en Venezuela.

Veíamos desde Sudamérica, un proceso de poder popular que incluía a fuerzas armadas nacionalistas y la soberanía sobre un recurso neurálgico para el mundo y las potencias imperiales. Se valoraba una alianza internacional reclamada por nuestra historia, basada en la generosidad de Caracas y su faja del Orinoco.

Pero también los sudamericanos fuimos responsables de haber creído en que las alianzas de las cúpulas progresistas nos llevarían por las sendas de la soberanía y la independencia. Sin embargo no hubo una internacional de los sujetos populares, más bien se construían redes sociales como contra-parte de partidos políticos y dirigentes progresistas.

En distintos países siguieron funcionando escuelas de “cuadros” (cuyo nombre democráticamente sugerido podría ser “Hugo Chavez” y su acto de cierre podía terminar en una embajada venezolana) pero quizás no proliferaron experiencias de educación popular donde generar intercambios de experiencias para cuestionar la estatalización del poder popular, para buscar colectivamente escapar de la jaula de hierro y oxigenar los procesos de cambio desde adentro.

Pedagogía anti-imperalista

No hay recetas para superar la grieta entre los votantes de Corina Machado y el chavismo. Ni entre el kirchnerismo y Milei. Hay experiencias, realidades diversas en Sudamérica. Sin duda que el golpe de Trump movió también el tablero electoral, despertando cierto nacionalismo como reflejo de un instinto de sobrevivencia, más que por conciencia del venezolano medio, más allá del voto seguro del chavismo. Quizás se abra una oportunidad para ampliar las bases sociales del proyecto bolivariano, partiendo dialécticamente de lo electoral para superar el electoralismo y pasar a otra etapa de pacto social. Sin incurrir en falsas soluciones que generalmente requieren ser tapadas con nuevas narrativas y llevan sucesivamente a hundirse en la negación del sueño bolivariano y continental.

En este sentido podríamos preguntarnos si la liberación de presos políticos ¿es una estrategia jurídica para mejorar la capacidad de negociación de Maduro frente a los tribunales gringos o debe ser una estrategia moral.?

Espacios de educación popular liberadora pueden sembrarse en todos los países de la diáspora, donde migrantes empiezan a desarmar la mochila que la derecha les cargó (con lastre del “anticomunismo castro-chavista”) y donde puedan encontrar herramientas soberanistas y medios de autogestión de la vida.

Colaborar en la preparación de nuevas generaciones de comuneros y campesinos que quieran retornar a un proyecto de autodeterminación popular, requiere un punto de partida moral y subjetivo, superando las divisiones electoralistas planteadas como polos (tipo blanco y negro) que impiden otro tipo de valoraciones y crecimientos.

Recuperar críticamente de la historia los saberes y sabores de los territorios puede nutrir a las alternativas nacionales e internacionales. El anti-imprerialismo que despierta la “doctrina Donroe” es una novedad en países como el nuestro donde la inversión extranjera directa es el nuevo dogma. Porque más allá de la solidaridad internacionalista con lo que está pasando en Venezuela, mucho podemos hacer con los venezolanos de la diáspora, aunque más no sea contagiarnos el desprecio por las multinacionales extractivistas.

Uruguay, 25 de enero 2026

PD:

700 INTELECTUALES ADORANDO UN DEPÓSITO DE PETRÓLEO

Sin invitación

hemos venido

setecientos (y hay muchos todavía en camino)

de todas partes

donde ya no sopla ningún viento

de los molinos, que despacio muelen, y

de los hornos, de los que se dice

que ningún perro asoma ya tras ellos.

Y te vieron

de repente, de la noche a la mañana,

depósito de petróleo.

Ayer todavía no estabas aquí

pero hoy

ya sólo estás tú.

¡Venid rápido, todos vosotros,

que cortáis la rama sobre la que estáis sentados,

trabajadores!

Dios ha regresado

bajo la apariencia

de un depósito de petróleo.

¡Espantoso tú,

eres el más hermoso!

¡Fuérzanos,

tú, distante y objetivo!

¡Disipa nuestro yo!

¡Haznos colectivos ya!

Pues no es como nosotros queramos

sino como quieras tú.

No estás hecho de marfil

y ébano, sino de

hierro.

¡Hermoso, hermoso, hermoso, tú,

discreto tú!

¡No eres invisible,

no eres infinito!

Sino siete metros de alto.

No hay secreto en ti,

sino petróleo.

Y con nosotros procedes

no como se te antoje, inextricable todavía,

sino atendiendo a cálculo.

¿Qué es para ti la hierba, una brizna?

Estás sentado en ella.

Donde antes había hierba

ahora estás sentado tú ahí, depósito de petróleo

y ante ti hay un sentimiento

nada.

Por eso, escúchanos

y líbranos de los males del espíritu.

¡En el nombre de la electrificación,

de lo racional y de la estadística!

Bertolt Brecht.

Simplicissimus, 11 – 2 – 1929. En Brecht. Hans Mayer. Traducción: Barbara Kügler, Betti Linares, Marisa Barreno. HIRU, 1998.

fuente: https://desinformemonos.org/consejos-para-un-gran-capitalista-y-otras-reflexiones/

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