Luego del violento desalojo a la plaza de los dos Congresos, caminé unas cuadras por Saenz Peña, me crucé con una televisión que daba a la calle, de un café. Me llevé una sorpresa cuando toda la atrocidad que había estado registrando momentos atrás se había reducido a cuatro bombas molotovs y algunas piedras ¿Alguno de esos periodistas sabe cuántas balas se habían descargado contra el pueblo? ¿Alguien sabía con certeza cuántas personas estaban (ilegalmente) detenidas?¿Cuántos heridos? ¿Cuántos gases lacrimógenos tiraron? ¿Cuántos senadores había a favor de la reforma laboral para esas horas? ¿A qué hora sería la votación? Todo eso, que era lo fundamental, no se sabía. Los esfuerzos de los medios comerciales y de varios influencers estaban destinados a apuntar, sin prueba alguna, a cinco jóvenes que armaron una barricada como supuestos policías de civil.

Llegué a la estación Constitución alrededor de las 13:40. En el tren me encontré con la Federación Universitaria de La Plata. Caminé con ellos hasta llegar al cruce de Santiago del Estero e Hipólito Yrigoyen, donde entrevisté brevenmente a Sol Alconada, una de las presidentas de la Federación.
Ingresé a la plaza por Hipólito Yrigoyen. Ya no tenía señal. Decidí hacer unos videos tipo “paneo” general de cómo estaba la plaza para esas horas y tuve que alejarme unas cuadras para enviarlos. Los sindicatos de la CGT estaban entrando por la Yrigoyen y las izquierdas, parlamentarias y no parlamentarias, por Av. Rivadavia. Lo primero que pensé fue “hay poca gente para la atrocidad que están votando adentro, pero suficiente para bancársela un rato”. Unos momentos después, supe que estaba equivocada.

El comienzo de la represión
Y cuando me refiero al comienzo de la represión, me refiero a la Ciudad de Buenos Aires. Más temprano la policía de Córdoba había reprimido y detenido a, por lo menos, tres personas. Una de ellas, Victoria Marconett, trabajadora de prensa del medio Enfant Terrible encabezaría la lista de periodistas detenidxs durante la jornada.
Eran alrededor de las 15:00. El vallado estaba sobre Av. Entre Ríos (que del otro lado de Rivadavia pasa a llamarse Av. Callao) cortando de extremo a extremo el acceso al Congreso. En la intersección del vallado y Av. Rivadavia la Policía Federal empieza a disparar, acompañados del hidrante y del lanzamiento de gases lacrimógenos. Hago unas tomas y cuando “se calma un poco”, me vuelvo a alejar para enviar los videos (porque seguía sin señal). Para mi sorpresa, me encuentro con que los sindicatos y las organizaciones políticas más grandes estaban desconcentrando la plaza.
Cuando me dispongo a ir nuevamente hacia el vallado (eran aproximadamente las 15:40) me encuentro masas de gente caminando en dirección opuesta. “¿Quienes se autoconvocaron también se van?”, me pregunté. No, se alejaban por los gases: todos estaban tosiendo.


Represión y autodefensa popular

En este punto me parece importante desmentir lo que los medios comerciales estuviaron anunciando como la verdad toda la tarde: la represión policial comenzó antes de que todas las organizaciones llegaran a la plaza. La respuesta popular fue la consecuencia de la represión, y no al revés. Se puede ver claramente, por ejemplo, en el vivo de La Nación, a partir del minuto 40.
Cuando llegué al vallado (15:35), la situación era radicalemente distinta: había una barricada con unos cinco jóvenes detrás de ella. Según lo que se ve en el video mencionado, entre el inicio de la represión y el armado de la barricada, hay casi 20 minutos de diferencia. Llegaron a tirar cuatro bombas molotov a la línea policial (Policía Federal + Gendarmería), que continuaba disparando balas de goma y gases lacrimógenos detrás del vallado, y apuntando con el hidrante a las organizaciones que aún quedaban en la plaza.
La situación era difícil: había mucha prensa freelance y comunitaria cubriendo adelante con unos pocos medios comerciales al lado del vallado y un pequeño grupo de personas en bloque, aguantando unos cinco metros atrás de la barricada. Para ese momento, el grueso de la plaza estaba vacía o desconcentrando: recordemos que los partidos grandes, así como los sindicatos nucleados en la CGT, ya se habían ido.
Adelante, enfrentando la represión, había un grupo de personas (algunas a cara destapada, otras encapuchadas) que empezaron a tirar lo que había: piedras, botellas, baldosas rotas. También, sobre Avenida Rivadavia, cerca del cine Gaumont, había grupos de personas, algunas eran familias con niñes, que se quedaron soportando todo lo que pudieron, aunque sin participar de, como la prensa hegemónica lo llama, “los destrozos”.


Eran aproximadamente las 16:00, se hablaba de que ya había dos detenidos. Como no se habían convalidado las detenciones, no sabíamos con certeza quiénes eran, ni el lugar de la detención.
El desalojo de la plaza de los dos Congresos
Hubo un momento clave para el desalojo: los manifestantes que se concentraban sobre la calle Rivadavia se subieron rápidamente a la calzada ¿Por qué? Porque la Policía Motorizada perteneciente a la Federal ingresó del otro lado y comenzó a tirar balas de goma, cuando el grueso de la gente estaba de espaldas, mirando hacia el Congreso. Anred recogió testimonios directos de fotorreporteros que describen este momento: “nos quedamos detrás de un árbol un colega y yo, tratando de filmar y hacer fotos, cuando de una de las motos saltó el oficial que venía parado disparando a la espalda de la gente que huía aterrada, se acercó, nos vio las identificaciones colgadas, los chalecos de prensa y así y todo descargó cinco perdigonazos que dieron en nuestras piernas y hasta en el estómago”.
A las 16:34 registro que la policía gana territorio en la plaza, se ve sobre Av. Rivadavia que, tras esa maniobra de aparecer por atrás, la policía logra salir del vallado y gana una cuadra, llegando ahora hasta Rodríguez Peña. El operativo apuntó a dividir la manifestación, despejando a un grupo por Av. de Mayo, a otro por Hipólito Yrigoyen y a un tercero por Luis Sáenz Peña, donde detuvieron a dos personas, en esa modalidad de “salir de caza”. Se puede ver la secuencia completa en este video que registré.
La cantidad de balas de goma tiradas a corta distancia sobre manifestantes, los gases lacrimógenos sobre la plaza y la motorizada acelerando generó pánico entre la multitud. Se produjeron, además de las lesiones producto de la represión, heridas por caídas y aplastamientos.

Aquí volvemos al inicio de esta nota. Los medios estaban más preocupados por identificar quiénes habían tirado las molotovs y deslegitimar la resistencia callejera toda que por saber qué estaba pasando dentro del recinto, o saber concretamente cuántos detenidos había y en qué condiciones estaban. Las detenciones al boleo siguieron hasta las 21:00.
Los derechos laborales se consiguieron mediante la lucha y muchos obreros fueron asesinados
No es mi intención profundizar históricamente en todos los momentos que dan cuenta de que ni en Argentina ni en ningún lugar del mundo los derechos de las clases oprimidas se consiguieron pidiendo por favor a los explotadores.
Sin embargo, es oportuno preguntarse:
¿A quién le beneficia negar la violencia como una herramienta más de liberación?
¿A quién le sirve confundir policía de civil con infiltración?
¿Por qué desviar la atención hacia cinco personas en lugar de discutir lo que se está tratando en el recinto?
¿Acaso los periodistas que están tan indignados con la barricada no cubrieron las jornadas contra la reforma previsional del 2017? ¿Y las puebladas del 2001?
Si ya tienen los votos: ¿cómo piensa la oposición frenar el avance de la reforma laboral? ¿O es que no tienen pensado frenarla? ¿Son la oposición o fingen serlo para favorecerse luego con los ajustes del oficialismo?
No se trata de negar la participación policial, o de personas afines al gobierno de turno, que se meten como civiles en las manifestaciones para generar disturbios que “les den la justificación” de reprimir o detener. Sin embargo, lo que vimos en la jornada de ayer es que no hace falta hacer nada para que te repriman o que te detengan. Por ejemplo, entre los detenidos está Nicolás Viñas, fotógrafo que estaba debidamente identificado al momento de su detención.

Es particularmente grave que el periodismo utilice el video de un dron que muestra a un grupo de jóvenes haciendo una barricada y lanzando bombas molotov y digan que son infiltrados policiales: ¿De qué fuerza? ¿Quién dio la orden? ¿Hicieron el pedido de información pública? ¿Cuáles son los nombres y cargos de los agentes? ¿No sería pertinente que, en el caso de tener una prueba periodística que demuestre accionar policial disfrazado de civil, se acerquen al sindicato, llamen a una conferencia de prensa y denuncien al Ministerio de Seguridad?
Porque estos mismos medios llaman infiltrado a toda acción callejera sin tener pruebas que lo sustenten. Es así como difundieron las mentiras del poder político de turno durante las jornadas contra la Ley Bases; acusaron de sedición y terrorismo a 32 personas, de las cuales hoy están TODAS ABSUELTAS.
Esos mismos medios no difundieron las infiltraciones policiales en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh ni en la Biblioteca Niños Pájaro (perteneciente a Radio Pueblo, integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos, de la que formamos parte), donde policías se hicieron pasar durante varios años por militantes, recabando información sobre las personas y las organizaciones donde participaban, y enviándola al Ministerio de Seguridad de la Nación. Y los pocos medios locales que lo han hecho no las llamaron infiltraciones, sino “espionaje ilegal”.
Porque una cosa es no estar de acuerdo con la acción directa y elegir otros caminos de lucha y resistencia, pero otra muy diferente es criminalizar las resistencias populares. Insisto: en caso de que hubiera pruebas de infiltración policial, hay que hacer la denuncia. En caso de no tenerlas y sospechar, hay que investigar.
Anunciar como verdades absolutas cosas que no están chequeadas abren el camino a las campañas masivas de desinformación, a las fake news y a los linchamientos mediáticos. Anunciar noticias no chequeadas como verdades absolutas deteriora la actividad periodística. Una actividad que se vio fuertemente atacada históricamente en los momentos de crisis y de avance de las ultraderechas, y que será reducida a un carozo de aceituna en caso de derogarse el Estatuto del Periodista, de aprobarse la reforma laboral (de lo que deberíamos estar hablando).
En febrero del 2026 se está discutiendo en el “Honorable” Congreso de la Nación Argentina, la posibilidad inminente de legalizar las jornadas laborales extensas, en algunos casos, de 12 horas o más. En enero de 1919 hubo fuertes enfrentamientos callejeros para conseguir la jornada laboral de 8 horas. Ese evento histórico se lo llamó La Semana Trágica: el número exacto de víctimas jamás se supo. Las estimaciones de la época son más de 700 muertos y 4.000 heridos. Ese año hubo huelgas de casi 300.000 trabajadores.

Sobre las detenciones
Hubo detenciones por parte de la Policía Federal y, por lo menos una persona, detenida por la Policía de la Ciudad.
De los detenidos por la Policía Federal
Se los acusa de “atentado y resistencia a la autoridad”. Las detenciones se produjeron en las inmediaciones del Congreso Nacional, en la Plaza del Congreso, en Avenida Entre Ríos entre Avenida Rivadavia y Avenida Callao. El Magistrado interventor está a cargo de la Dra. Malena Mercuriali.
A partir de las 15:30 se hablaba de dos detenidos, pero no estaban convalidadas las detenciones, así que no sabíamos bien quiénes eran. Más tarde, supimos que se habían convalidado la detención de 16 personas.
Luego, entre las 16:00 y las 17:00, cuando empieza el desalojo a la plaza se detienen y convalidan las detenciones de 8 personas más. Es importante resaltar que hubo alrededor de 30 personas retenidas, casi todos militantes del MTE-UTEP, en México y 9 de julio. Pero muchas de esas personas fueron liberadas en el lugar, y otras, más tarde por la noche.
Entre las 18:30 y las 19:15 hubo gente que trató de volver a la plaza de los Congresos, pero hubo nuevamente cacerías y detenciones al boleo. No sabemos con exactitud a cuántas personas detuvieron en ese interín, pero se convalidaron 8 detenciones.
Comenzó a circular en redes sociales una convocatoria para cacerolear frente al Congreso a las 21:00, aunque un rato antes de cumplirse ese horario, la policía se llevó a por lo menos cinco personas más, que fueron liberadas más tarde esa misma noche.
Este medio consultó con una de las abogadas defensoras sobre la situación actual de los detenidos y aseguró que “las audiencias demoraron en empezar porque la comisaria no mandaba los sumarios a la fiscalía” y que, siendo las 16:00 del jueves 12 de febrero, “hasta ahora todas las que se hicieron, con soltura inmediata”. Ampliaremos.
Sobre el ataque a la prensa
El fotógrafo Sergio Zalba, de La Retaguardia, fue gaseado y herido en una mano con bala de goma mientras estaba filmando. Federico Hauscarriaga, corresponsal de ANRed recibió el golpe de un machete policial en una mano. Mientras que al fotógrafo Mario Sadras de Radio Gráfica le dispararon a la cara con balas de goma: “me apuntaron a la cabeza, me pegaron a centímetros del ojo”, relató. También Rocío Bao, de InfoNews, recibió un perdigón de goma en la ceja. Andrés Manrique, corresponsal de ANRed, recibió un chorro del hidrante que le imposibilitó seguir la cobertura, dado que anuló la operación total de su cámara.
Fuente: https://www.anred.org/los-derechos-no-se-consiguieron-pidiendo-por-favor/


