Reforma laboral: claves de la jornada de paro general, lucha y represión

El paro general del jueves mostró una contundencia mayor a la de sus antecesores, pero también evidenció una fragmentación que atraviesa al conjunto del arco sindical. Mientras el nuevo Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) motorizó la medida y la CGT se sumó sin movilización, en las calles alrededor del Congreso la resistencia quedó en manos de sectores autoconvocados, jóvenes del conurbano, personas en situación de calle y gente suelta que se acercó a protestar. Desde temprano, los cortes en los accesos a la Ciudad marcaron el pulso de una jornada que tuvo su momento más álgido al caer la tarde, con un operativo represivo meticulosamente preparado. Ya de noche, los barrios retomaron la protesta con cacerolazos en distintos puntos del AMBA. Un análisis de lo que dejó la jornada, entre avances, límites y preguntas abiertas.

La marcha del FreSU. Fotos Nicolás Solo ((i))

Dos instancias, una misma jornada

Para analizar lo que ocurrió el jueves es necesario separar dos planos: por un lado, el acatamiento del paro a lo largo del país; por el otro, lo que sucedió en las inmediaciones del Congreso. No son lo mismo, aunque estén íntimamente relacionados.

Desde las 10 de la mañana, y tal como se había anunciado el día anterior, hubo cortes en distintos accesos a la Ciudad. También en otros puntos del AMBA así como en todo el territorio nacional. Se trata de una medida que merece ser ponderada: desde que asumió el gobierno de Milei, los cortes perdieron potencia debido a la avanzada represiva desplegada cada vez que se implementaron. Que hayan vuelto a realizarse es un dato a considerar en el balance de la jornada.

En relación al paro, hubo un dato central: fue más contundente que los anteriores. Este cuarto paro general contra el gobierno de ultraderecha de Javier Milei mostró un acatamiento superior, al menos en el AMBA y en otros diversos puntos del país de los que se cuenta con registro. Esto no se explica solamente por la falta de transporte —que siempre ayuda— ni por la actitud de algunas empresas que prefirieron cerrar sus puertas o sugerir a los empleados que no concurrieran. Hay algo más: un malestar que crece y una conciencia que, lentamente, se va extendiendo sobre el impacto rabiosamente negativo de esta reforma laboral para los trabajadores y las trabajadoras.

Video: Mat ((i))

El caso del transporte merece un párrafo aparte. Más allá de la propia UTA, que arrastra una profunda crisis de representación, y de casos puntuales como el grupo Dota —siempre señalado como centro del “carnerismo”—, hubo un acatamiento parcial incluso en estas empresas. Además, llegó el testimonio de un chofer de una de las empresas de transporte más duras en materia de disciplinamiento laboral, en la que la propia patronal pegó el comunicado de la UTA. ¿El motivo? El malestar no es sólo obrero: muchas de esas patronales están disconformes con la política económica en general y con la de subsidios en particular. La bronca, en este caso, cruzó la línea de clase, al menos por un rato.

El FreSU y la izquierda. Fotos Mat ((i))

También hay que mencionar a los gremios portuarios agrupados en la Federación Sindical Marítima y Fluvial (FeSiMaF) que lidera Raúl Durdos del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), que realizaron 48 horas de huelga, un paro más duro que pasó completamente fuera del radar de los grandes medios. Un dato que no debería quedar por fuera de cualquier balance.

Los de la FeSiMaF fueron los únicos gremios cegetistas, junto con Aceiteros, que hicieron huelga contra la Ley Bases en 2024.

El Frente de Sindicatos Unidos

El FreSU, la CGT y la fuerza fragmentada

¿Por qué la CGT llamó a un paro general? Se pueden esbozar algunas respuestas provisorias, sujetas a discusión. La primera es que fue una reacción al empuje del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU). Ese nuevo espacio —que impulsa la UOM junto a otros gremios de la CGT y las dos CTAs— surgió para enfrentar esta reforma laboral y viene haciendo ruido. Tras lanzar un plan de lucha con movilizaciones en Córdoba, Rosario y Buenos Aires, acompañada esta última con una huelga el 11 de febrero durante el tratamiento del proyecto en el Senado, convocaron el viernes pasado a un nuevo paro con movilización para cuando se tratara en Diputados. La CGT se reunió de urgencia en pleno feriado de Carnaval y en un zoom el lunes llamó a un Paro General, pero sin movilización.

El FreSU, como todo proceso de unidad, no está exento de fricciones y limitaciones. Pero es claramente un avance en relación a la situación previa a su existencia. Sobre todo porque su accionar —junto con la falta de resultados de las gestiones que la directiva cegetista había emprendido— forzaron al Consejo Directivo de la CGT a convocar la medida.

Abel Furlán de la UOM; Daniel Yofra de Aceiteros y Rodolfo Aguiar de ATE. Foto: Prensa FTCIODyARA

Claro que no fue sólo la presión del FreSU, o de las bases. Hubo otra realidad indisimulable. Y es que a diferencia de lo ocurrido en diciembre pasado, cuando se había logrado hacer caer el tratamiento ultra exprés que Patricia Bullrich pretendía imponer en el Senado, esta vez la rosca con gobernadores y legisladores no dio el fruto esperado. La dirigencia cegetista no logró mucho más que la continuidad de los aportes para sostener la estructura organizativa, los sindicatos y las obras sociales. Pero el propio modelo sindical argentino cruje con la destrucción de los convenios por rama de actividad, el fin de la ultraactividad y el desguace de la justicia laboral, entre otros retrocesos históricos que trae la reforma. No está claro si la conducción de la CGT termina de entenderlo, aún.

El acto del FreSU, sin embargo, se realizó en Sáenz Peña, y la mayoría de los gremios no ingresó a la plaza de los dos Congresos. Esa decisión impidió contar con una imagen real de la convocatoria, y alimentó lecturas diversas sobre las razones de fondo.

Ahí aparece el problema de la fragmentación. Hay fuerza, pero dispersa. No es un solo puño golpeando a las intenciones de la burguesía local y el libertarianismo gobernante. Y esa dispersión permite que, aún con un paro general fuerte, el proyecto oficial siga avanzando.

El desprendimiento del FreSU le molesta a la conducción de la CGT, y se nota. El triunviro Sola lo ha dejado públicamente muy en claro en repetidas oportunidades. Por mucho que le pese al dirigente del Seguro, la existencia de ese espacio más combativo tensa la cuerda y empuja medidas que, de otro modo, quizás no hubieran llegado.

Fotos Mat ((i))

Video: Mat ((i))

Lo que pasó en el Congreso: resistencia, soledad y una provocación anunciada

Hablamos de fortalezas y dispersión. En la plaza, hubo mucho más de una que de la otra. El FreSU hizo su acto sin entrar al Congreso. Se pueden hacer muchas lecturas de esa decisión. Una posible: la necesidad de preservar a los propios cuadros. La sensación de que no se puede exponer a los mismos compañeros que están enfrascados en un plan de lucha intensivo a una represión que, además de golpear, puede generar miedo y retroceso. Se trata quizás de una lectura política que intenta cuidar un proceso de alza que es real, pero incipiente.

Las organizaciones de izquierda, por su parte, realizaron su acto más cerca de las vallas, luego de que hable Myriam Bregman y vuelva a entrar a la Cámara se retiraron a media tarde sin quedarse a realizar la resistencia hasta el final. Finalmente, lo que quedó en la plaza fue un núcleo muy reducido: autoconvocados, asambleas populares, sectores anarquistas, militancia ambiental, algunos pocos compañeres de izquierda sin identificación partidaria y jóvenes del conurbano profundo, personas en situación de calle, compañeros y compañeras de los sectores más excluidos que fueron los que realmente aguantaron. Y si bien hay que valorar su valentía, también hay que preguntarse por qué la resistencia termina recayendo siempre sobre los mismos hombros.

Fotos ((i)) Indymedia Argentina

Recordemos que si bien hay distintos grupos partidarios y sindicales que intermitentemente acompañan cada miércoles a jubilados y jubiladas, los sectores constantes son los vinculados a las hinchadas de fútbol y grupos sueltos que no encuentran ningún grupo/agrupación en donde organizar su indignación y enojo.

Fotos Nicolás Solo ((i))

El operativo: cronología de una represión planificada

La escalada represiva tuvo momentos claramente identificables a lo largo de la tarde.

A las 15:26, Gendarmería comenzó a mostrarse en posición de enfrentamiento detrás de las vallas, con armas apuntando hacia la plaza. Una hora más tarde, a las 16:30, la motorizada se ubicó también detrás de las vallas en posición de ataque.

Fotos ((i)) Indymedia Argentina

Alrededor de las 17 horas, un camión hidrante de Gendarmería lanzó agua contra los manifestantes mientras los gendarmes tiraban gas lacrimógeno. Minutos después, un hidrante de la Policía Federal relevó al de Gendarmería y volvió a lanzar. A las 17:48, nuevamente un hidrante de Gendarmería arrojó agua contra la protesta y se repitieron los lanzamientos de gases.

Ya se registraban heridos entre manifestantes y personas de prensa, cuando minutos más tarde se produjo el evento de las vallas que se describe a continuación.

Fotos Mat ((i))

Cerca de las 18:30, la motorizada, efectivos de la Policía Federal y Gendarmería avanzaron sobre la protesta con balas de goma y gases. Esta ofensiva dejó personas reducidas y detenidas.

Según testimonios e imágenes, las vallas siempre estuvieron atadas, por lo que horas antes nunca se habían movido, pero a esta hora de la tarde un solo empujón alcanzó para que la valla se caiga encima de una persona. Y ante tal situación, se hubiera esperado que las fuerzas federales mientras tiraban agua cierren la valla nuevamente. Por el contrario, esta vez salieron los grupos de infantería, a su vez sacaron tres vallas más y centenares de efectivos rápidamente tomaron la plaza. A esto hay que sumarle que los grupos de motorizadas que operativamente debieran salir últimos, en este caso salieron al frente, se subieron a la Plaza, hostigaron a las personas que pasaban y a periodistas que estaban registrando.

Claramente las fuerzas federales se ocuparon de desplazar a las personas hacia la Avenida 9 de julio, no saliendo del perímetro de la Plaza de Congreso, tomando la tarea a partir de allí la Policía de la Ciudad, mostrando claramente la coordinación del operativo entre el Ministerio de Seguridad de la Nación y el de Ciudad.

A las 18:44, la Policía de la Ciudad se sumó a la represión por Avenida de Mayo, con escudos, tonfas, balas de goma y camiones hidrantes. Sobre esa avenida, la Policía de la Ciudad expulsó a empujones a un grupo de fotógrafos y periodistas, alejándolo 100 metros de la esquina de Avenida de Mayo y Cerrito donde estaban reuniendo a personas detenidas.

Fotos ((i)) Indymedia Argentina

A las 19 horas se produjo ante el Congreso de la Nación la detención de Carlos Alberto Dawlowki “ Carlitos” , un jubilado hincha de Chacarita que asiste todos los miércoles a expresarse en el Congreso de la Nación , quien se encontraba descompensado cuando fue retenido y trasladado de manera irregular al Congreso, no queriendo explicar los efectivos por qué lo estaban deteniendo.

A las 19:32, los jefes de la Policía Federal salieron en persona a realizar detenciones según sus criterios internos ya que no había orden judicial ni presencia de la magistratura para que puedan indicar tales acciones. Ninguna de las personas detenidas fueron aprehendidas en flagrancia.

Fotos ((i)) Indymedia Argentina

El operativo estuvo diseñado para que alguien “muerda el anzuelo”. Y hubo quienes lo hicieron. El problema es que esos sectores de acción directa, que eligen por su cuenta el momento y la forma, no tienen estructura de abogados/as, no tienen contención, y terminan solos, lo que trae problemas claros sobre la seguridad tanto de su propia integridad, como la de las demás personas que están ahí y no saben como manejarse ante estas situaciones.

Muchas de las personas que van asiduamente a la plaza de Congreso, tanto jubilades como compañeros que vienen sosteniendo la lucha desde hace años, tratan de evitar hechos de enfrentamiento ya que les desgasta, afecta su salud, y consideran que se tapa el reclamo. En este sentido, hay grupos que sostienen que generar un hecho de fuerza va a llevar a a sumar a los demás. La realidad es que no está pasando eso en general. La gente no está dispuesta a exponerse a la represión, los golpes, los gases, los balazos, sin una organización que la respalde y acompañe.

¿Quién pone el cuerpo?

Hay una discusión de fondo que este paro volvió a poner sobre la mesa. Desde que empezó el gobierno de Milei, la pregunta recurrente era: ¿por qué no hay piquetes? ¿por qué no hay corte de calles? La respuesta la dieron los propios movimientos sociales: no van a poner los muertos esta vez.

Si bien hay una cantidad de acciones que van llevando las organizaciones, el campo popular está sosteniendo la organización diaria de las familias para poder comer, asistir a sus niñeces y jóvenes, sobrevivir en este contexto de recortes y necropolíticas. Se bancaron un montón de situaciones, fueron a las marchas, los reprimieron, los detuvieron, la pasaron mal.

Históricamente, en las grandes crisis —2001, el blindaje, el corralito— fueron los sectores excluidos, los territoriales, los que pusieron el cuerpo. Hoy no hay nadie predispuesto a eso, más que pequeños núcleos de personas enojadas, sin organización que los contenga. No es un movimiento. No es una fuerza organizada. Es una resistencia valiente pero solitaria, que termina siendo funcional a un operativo que necesita “manifestantes violentos” para justificar la represión.

El saldo represivo y la respuesta en los barrios

Alrededor de las 22 horas, mientras en el Congreso los últimos focos de resistencia eran dispersados, comenzaron a escucharse cacerolazos en distintos puntos del AMBA y la CABA. Vecinos y vecinas de Caballito, Almagro, Villa Crespo, Boedo, la Villa 21-24, Chacarita, Villa Pueyrredón, Congreso y San Telmo, entre muchos otros barrios, salieron a las puertas de sus casas y cortaron calles para manifestar su malestar. No es la primera vez que ocurre este tipo de medidas desde que asumió el gobierno de Milei —también se vieron durante el macrismo—. Frente a medidas que generan descontento social, incluso ante una avanzada como la de ayer, por la noche en los barrios resuenan las ollas y se cortan las calles para expresar el malestar.

En cuanto al saldo represivo de la jornada, durante la tarde se registraron 7 detenciones que fueron convalidadas. Ya por la noche, en las protestas más reducidas frente al Congreso, se produjeron dos nuevas detenciones. Los primeros 7 detenidos fueron liberados horas después. Los restantes aún permanecen detenidos. Todos ellos fueron asistidos por abogados/as populares de la Red Federal en Defensa de la Democracia y los Derechos Humanos.

Por su parte, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) informó que, junto a las guardias de salud y el CEPA, atendieron a 70 personas que resultaron heridas por gases y balas de goma a lo largo de toda la jornada.

Balance provisorio

Entonces, ¿qué dejó la jornada?

Por un lado, un paro más contundente que los anteriores, con un acatamiento que creció, con sectores clave como el transporte mostrando fisuras en el “carnerismo”, y con una presencia del FreSU que empuja y tensa al conjunto.

Por otro lado, una fragmentación que sigue siendo el principal problema. Hay fuerza, pero dispersa. Son varias expresiones que van por separado, y eso le permite al gobierno avanzar.

En el Congreso, una resistencia valiente pero muy reducida, compuesta mayoritariamente por compañeros y compañeras de los sectores más excluidos, pibes del conurbano, personas en situación de calle. Una resistencia que merece respeto, pero que también plantea preguntas incómodas sobre quién sostiene la lucha y hasta cuándo.

Y un operativo represivo que necesitaba una excusa para despejar la plaza, y la encontró.

Hay fuerza. Hay ganas de resistir. Pero sigue habiendo fragmentación. Y mientras tanto, el gobierno avanza. El balance, entonces, es agridulce: fue un paso adelante, sí, pero en un proceso que todavía no encuentra la forma de unificar todo ese descontento en una herramienta capaz de ponerle límite real a este ajuste.

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