¿Quién es Rodrigo Paz y cómo ganó las elecciones presidenciales?

Si alguien hubiera pronosticado hace un año que un político de perfil bajo, proveniente del sur del país, terminaría barriendo en las urnas y enterrando a dos décadas de hegemonía política, probablemente habría sido ignorado. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió. Rodrigo Paz Pereira no solo ganó las elecciones presidenciales: las ganó de una manera que ni las encuestas ni sus propios adversarios supieron anticipar.

Para entender quién es Rodrigo Paz, hay que mirar primero su origen. A sus 58 años, Paz no es un improvisado. Es economista, fue alcalde de Tarija durante una década y actual senador . Pero lo más llamativo es su linaje: es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora y sobrino nieto de Víctor Paz Estenssoro, el artífice de la reforma agraria y el voto universal . Curiosamente, su árbol genealógico también incluye a un tío guerrillero que combatió junto al “Che” Guevara . Esta mezcla de historia política familiar podría haberlo encasillado como un político más del “establishment”, pero Paz logró proyectarse como todo lo contrario: un renovador.

Su lema de campaña, “capitalismo para todos” o “platita para todos”, resume la esencia de su propuesta . Frente al modelo estatista del Movimiento al Socialismo (MAS), Paz plantea un giro hacia la apertura económica: reducción de impuestos y aranceles, créditos accesibles para pequeños productores y, sobre todo, la descentralización del presupuesto nacional . Su “Agenda 50/50” promete dividir los recursos públicos en partes iguales entre el gobierno central y las regiones, un guiño claro a los departamentos que durante años reclamaron mayor autonomía .

Pero la clave de su triunfo no está solo en su programa. La verdadera pregunta es: ¿cómo ganó? La respuesta se encuentra en tres factores.

El primero es el contexto de hartazgo. Bolivia llegó a estas elecciones sumida en su peor crisis económica en décadas: escasez de dólares, filas interminables para cargar combustible, inflación al alza y un déficit fiscal insostenible . El MAS, que gobernó durante 20 años, se presentó dividido y obtuvo apenas un 3% de los votos en primera vuelta . La demanda ciudadana era clara: querían un cambio profundo, de modelo y de protagonistas .

El segundo factor fue su capacidad de ocupar el centro. Mientras sus principales rivales —el conservador Jorge “Tuto” Quiroga y otros candidatos tradicionales— se disputaban los extremos ideológicos, Paz se presentó como una “tercera vía”. Él mismo rechazó la etiqueta de izquierda o derecha, afirmando que lo que ofrecía era “una alternativa de renovación” . En un país polarizado, su mensaje de reconciliación y pragmatismo caló hondo en una clase media y baja decepcionada con la confrontación política de los últimos años.

El tercer factor fue la subestimación. Este es quizás el elemento más irónico de su victoria. Durante la campaña, los candidatos que encabezaban las encuestas y los grandes medios lo excluyeron de los primeros debates . Lo consideraban un adversario menor, un “outsider” sin peso. Pero mientras los demás gastaban millones en campañas tradicionales, Paz capitalizó ese vacío. La gente vio en él a alguien nuevo —a pesar de su apellido— que no era parte del conflicto eterno entre el MAS y la derecha clásica . El resultado en la primera vuelta fue un terremoto: obtuvo más del 32% de los votos, venciendo en cinco departamentos y dejando en segundo lugar a un expresidente como Quiroga.

Rodrigo Paz ganó, entonces, porque supo leer mejor que nadie el pulso de la calle. Entendió que el electorado no buscaba un salvador técnico ni un extremista ideológico, sino un gestor que prometiera estabilidad y unidad. Su triunfo marca el fin de una era en Bolivia, pero también abre la incógnita de si podrá sostener ese delicado equilibrio entre las reformas de mercado que promete y las demandas sociales de un país que aún recuerda los costos políticos de quitar los subsidios.

Lo que parece claro es que la política boliviana ya no será igual. Paz no solo derrotó a sus oponentes; demostró que, en tiempos de crisis, la renovación puede venir de donde menos se espera.

Por: Iván Cruz Alanoca

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