En Rosario, el debate por el reconocimiento efectivo de los Pueblos Indígenas volvió a tomar fuerza a partir de los planteos de Daniel Naporichi, referente del Comité Organizativo y Cultural de los Pueblos Originarios, miembro del Pueblo Qom.

Su intervención, en el marco de actividades vinculadas al izamiento de la Wiphala, expuso con claridad una tensión que se arrastra desde hace años: la distancia entre las normas aprobadas y su cumplimiento concreto en el espacio público e institucional En aquel momento, el argumento central era claro: la Wiphala es un “símbolo de fraternidad y respeto hacia los Pueblos Originarios de América del Sur”, reivindicando su soberanía, su pertenencia y su rol fundamental en la historia y la cultura de cada uno de los países americanos como Argentina
En ese marco, uno de los puntos centrales -y hoy más cuestionados- es el artículo que establece la iluminación multicolor de edificios y monumentos emblemáticos durante los días 11 y 12 de octubre. Entre ellos, el Monumento Nacional a la Bandera, el Concejo Municipal, el Barquito de Papel y el Palacio de los Leones, sede del Ejecutivo.
Sin embargo, según denunció Naporichi, ese apartado “no se viene cumpliendo de manera sistemática”. La falta de iluminación con los colores de la Wiphala, o de señalización visible en balcones y fachadas, constituye, para las Comunidades, una omisión significativa. “No es un detalle menor. Es una forma concreta de reconocimiento que hoy no se está respetando”, remarcó.


