Extracto del libro “TERRICIDIO. SABIDURÍA ANCESTRAL PARA UN MUNDO ALTERNATIVO”
Moira Millán
fuente: https://www.casadellibro.com/ebook-terricidio-ebook/9789500771221/16397290#reader
PRÓLOGO
Pensadora del Cosmos vivo
POR ARTURO ESCOBAR
Es un gran honor para mí escribir la presentación de esta importante, valiente e iluminadora obra de Moira Millán, weychafe mapuche, defensora de su pueblo y guardiana de su territorio. A lo largo de sus páginas encontramos un complejo entramado de conceptos que nos ofrenda una potente visión del mundo y de la praxis política: Terricidio, Pueblos Telúricos, orden cósmico, matriz civilizatoria, humanidad, newen, Mapu, espiritualidad, cuerpo-territorio, fuerza femenina, maternar, diversidades, cosmografía, Buen Vivir. Este novedoso entretejido nos permite reinterpretar las dominaciones, resistencias y reexistencias, al tiempo que nos ubica en la dinámica de la acción política de forma novedosa, con un agudo sentido de lo que está en juego y de la esperanza. Terricidio es una importante entrega para alimentar la “revolución del pensamiento”, a la cual la autora nos ha estado convocando desde hace varios años.
“Terricidio —nos dice la autora, en la definición más sucinta y contundente del concepto— es la agresión continua al orden cósmico”; igualmente, “sintetiza esa forma de destruir la vida en todos sus modos”. No se refiere tan solo a la destrucción de los ecosistemas tangibles, sino también, con igual o mayor relevancia, a la destrucción del mundo perceptible —aquel que los modernos reducimos a “creencias” o que no logramos apreciar con nuestro realismo empobrecido—, incluyendo la dimensión espiritual, los saberes y conocimientos de los pueblos, las fuerzas del universo que todo lo crean y la ancestralidad de muchos pueblos que han sabido cultivar dichas fuerzas a través de sus prácticas de hacer la vida sin destruirla.
Quiero resaltar en primer lugar el énfasis en lo cósmico que encontramos a lo largo de la obra. Los modernos nos hemos olvidado no solamente de que somos seres de la Tierra, sino de que somos creaturas de un orden cósmico inteligente, que desde el comienzo mismo del universo no cesa de crear todas las formas, los patrones y las órdenes existentes. De esta dinámica de la materia, con la concomitante complejidad creciente de la conciencia, ha surgido todo, incluso nuestra galaxia, la Tierra y, en algún momento, la vida. A esta conclusión apuntan tanto los saberes y relatos de los pueblos milenarios como la cosmología contemporánea derivada de la física cuántica, las lecturas de la evolución a partir de las teorías de la complejidad, la autoorganización y la emergencia y las más interesantes investigaciones sobre la conciencia. Por esto es esencial comprender por qué Moira nos conmina a unirnos a “resguardar el orden cósmico”, junto con su pueblo y otros pueblos territorializados del mundo.
Al hablar de orden cósmico, al hablarnos de Pueblos Telúricos, nos invita a todos, todas y todes a recuperar la conciencia de que habitamos no solamente un planeta vivo, sino un cosmos vivo. Moira es una pensadora de ese orden cósmico que permea todo y nos construye. Contribuye a resituar al humano en la marejada de la existencia. Narra su vida para que recuperemos la conciencia de que somos tanto seres biológicos como cosmológicos, creaciones de una cosmogénesis generativa, que muchos humanos, sin embargo, se niegan a
aceptar; lo hace para que afinemos nuestra percepción y sanemos la patología anticosmológica moderna y, por tanto, antipensamiento y antivida, que en última instancia es la causa del Terricidio.
Por ello, me atrevería a describir este libro como una cosmobiografía, una autobiografía escrita con la perspectiva de cómo las fuerzas cósmicas han constituido al Pueblo Mapuche, su territorio y, por ende, a la autora misma. De esto ya nos había hablado en El tren del olvido, su primera novela. Al referirse a la cosmografía de su pueblo, nos habla de las múltiples formas de nombrar los territorios y de orientarse en ellos, a partir del newen, las fuerzas que habitan la Tierra y que nos constituyen como seres telúricos —así muchos lo neguemos—, lo cual la lleva a afirmar que los Pueblos Indígenas “somos hacedoras y hacedores de mundos a partir de esas fuerzas cosmogónicas que conspiran para la vida […] nosotros no solamente habitamos los territorios, sino que los territorios nos habitan y nos van definiendo el destino, el propósito, marcándonos el camino que tenemos que transitar”.
Adapto la noción de cosmobiografía del concepto similar de autocosmología, del matemático y cosmólogo Brian T. Swimme, quien desde su conocimiento científico se ha dedicado a fundamentar la necesidad de construir una civilización alternativa desde la perspectiva del cosmos vivo, lo que resuena en las palabras de Moira. En su reciente libro Cosmogenesis. An Unveiling of the Expanding Universe (Cosmogénesis. Una revelación del universo en expansión),* Swimme escribe su autobiografía como un viaje de autodescubrimiento desde la comprensión de la cosmogénesis como una fuerza siempre actuante, detectando momentos clave en su vida claramente marcados por la dinámica cósmica.
Todo esto lleva a la autora a introducir otro concepto que me parece bastante acertado. Frente a los binarismos estáticos y agotados
—modernos/no modernos, civilizados/incivilizados, desarrollados/subdesarrollados—, Moira propone una diferenciación dinámica distinta, “Pueblos Telúricos” y “Pueblos Domesticados”. Mientras que estos últimos niegan el orden cósmico y se imaginan viviendo en un universo inerte conformado por elementos separados que pueden ser cosificados y manipulados a voluntad —por ejemplo, la Tierra como una colección de objetos y “recursos naturales”—, los primeros luchan por la reconstitución de las redes de interdependencia que constituyen los cuerpos, los territorios, los paisajes, las comunidades y las regiones que somos y habitamos, a partir de la conciencia del cosmos vivo. No es esta una oposición estática, pues hay una lucha antisistémica continua entre ambos modos de existencia; además, en la visión de la autora, lo telúrico no aplica solo a los pueblos territorializados, sino a todos aquellos grupos que se organizan para oponerse al Terricidio, repensándose como seres de la Tierra y fomentando alianzas con los pueblos.
La distinción entre Pueblos Telúricos y Domesticados lleva a la autora a un segundo postulado potente, que resuena con el llamado de muchas otras organizaciones indígenas y de intelectuales críticos: la necesidad de construir colectivamente —¡nada más y nada menos!— una alternativa civilizatoria centrada en el Buen Vivir. Por eso exclama: “Necesitamos crear una revolución de pensamiento, identitaria y telúrica. El despertar de los hacedores y hacedoras de una nueva matriz civilizatoria”. Para Moira, está claro que este proceso, además de antisistémico y anticapitalista —contra todo patrón de dominación—, tiene que ser despatriarcalizante, comunitario, promover la soberanía alimentaria y la permanencia en el territorio y, de esencial importancia, estar fundamentado en la espiritualidad y en lo femenino. Solo a partir de esta complejidad se puede caminar hacia el Buen ViLa distinción entre Pueblos Telúricos y Domesticados lleva a la autora a un segundo postulado potente, que resuena con el llamado de muchas otras organizaciones indígenas y de intelectuales críticos: la necesidad de construir colectivamente —¡nada más y nada menos!— una alternativa civilizatoria centrada en el Buen Vivir. Por eso exclama: “Necesitamos crear una revolución de pensamiento, identitaria y telúrica. El despertar de los hacedores y hacedoras de una nueva matriz civilizatoria”. Para Moira, está claro que este proceso, además de antisistémico y anticapitalista —contra todo patrón de dominación—, tiene que ser despatriarcalizante, comunitario, promover la soberanía alimentaria y la permanencia en el territorio y, de esencial importancia, estar fundamentado en la espiritualidad y en lo femenino. Solo a partir de esta complejidad se puede caminar hacia el Buen Vivir, entendido como un modo colectivo de existencia que respete el orden cósmico y que incorpore activamente la perspectiva de la interdependencia de todo lo vivo en la reconstrucción de sociedades, economías, campos y ciudades.
Caminar hacia el Buen Vivir implica la recuperación del vínculo con la Tierra; para los Pueblos Indígenas, esto ineluctablemente conlleva la recuperación del territorio. La insistencia de Moira en la inseparabilidad de pueblo y territorio me hace recordar la conocida Marcha de los Turbantes de 2014, liderada por la actual vicepresidenta de Colombia, Francia Elena Márquez Mina, con el objetivo de denunciar las amenazas al territorio ancestral de comunidades negras del norte del Cauca y presionar por la titulación de los territorios, organizada bajo el lema “El territorio es la vida, y la vida no se vende, se ama y se defiende”. La defensa de la vida es lo que está en juego en las luchas territoriales contra el extractivismo rampante y el proyecto de muerte de la modernidad globalizada del capital, profundizado hoy por las tecnologías digitales y la mal llamada “inteligencia artificial”, todos estos proyectos profundamente patriarcales. Frente a estas fuerzas destructivas, en la visión de Moira, es necesario fortalecer el resurgimiento de las fuerzas femeninas y de las espiritualidades de la Tierra.
En última instancia, diría que Terricidio nos invita a una verdadera restauración ontológica de los territorios y a una reinvención del humano, una transición del humano competitivo, individualista y “racional”, imaginado por el humanismo liberal secular de la modernidad, a uno que le apueste a la cooperación, la sanación y el cuidado de la red de interdependencias de la vida y el Buen Vivir, en que todo lo diferente —todo lo vivo— sea acogido como legítimo otro en la convivencia. Se trata de una nueva ontología de lo humano que nos permita adentrarnos en la construcción colectiva de otras formas de habitar la Tierra, centradas en el cuidado mutuo. En cada crisis está la oportunidad de renacer, nos dice Moira: “Este el momento de renacer como humanidad”. Esta potente obra nos conmina a trabajar en este sentido, a convertirnos en cuidadoras y cuidadores de la Tierra viva, a transicionar colectivamente en la dirección de este sueño.
NOTA A ESTA EDICIÓN
Palabras nómadas
Se dice que a la llegada de los españoles estábamos acercándonos al desarrollo de nuestra propia grafía con los símbolos que hoy conocemos como ñimiñ y que son los dibujos laborados en el witran, telar, y también aparecen en la wizun, cerámica mapuche, y rütran, joyería. De todos modos, los términos del mapudungun, idioma del Pueblo Mapuche, no tienen una única manera de transcribirse al castellano, como tampoco un grafemario unificado y consensuado. Esto se debe a razones diversas. Por un lado, la historiografía del Pueblo Mapuche ha dado cuenta de sus experiencias de formas materiales e inmateriales distintas, que no necesariamente involucraron la práctica de escritura tal como la conocemos hoy.
Por otra parte, la gran mayoría de los documentos que registraron en un principio la gramática y el léxico fue confeccionada por agentes del gobierno colonial y estatal que, aun siendo informados por personas indígenas, no pertenecían a la cultura mapuche y muchas veces realizaron reducciones importantes en un universo lingüístico que desconocían. En virtud de estas razones y otras, como la violencia lingüística ejercida sobre los pueblos para que dejaran de utilizar su lengua, que trajo modificaciones a las formas de escribir y recordarse, ha decidido mantener las variantes de escritura, que reflejan la diversidad y la vitalidad de la lengua mapuche y de sus hablantes. Por ejemplo, en los términos Pu Ngen y Pu ñeñ, que refieren a las fuerzas protectoras y originadoras de la vida, hay dos grafemarios distintos (el primero pertenece a Anselmo Ranguileo, y el segundo, al sacerdote Francisco Calendino).
Esta aparente inconsistencia es, en realidad, una manera de transmitir a quien lee la potencia tectónica e inasible de un lenguaje no anclado en los protocolos lexicográficos estables de los idiomas occidentales, una lengua que también ha sobrevivido a múltiples intentos de eliminación. Aquí, las palabras —ellas nómadas— se manifiestan en el texto con distintas combinaciones y letras en un intento de atrapar el sonido milenario de los mapuche y exponer lo diverso de un complejo sistema expresivo que no se reduce a un diccionario sólido y permanente. Descolonizar implica también levantar las nomenclaturas coloniales e iluminar los nombres, los sonidos ancestrales y las identidades linguisticas con que se referían al mundo y las vidas. Volver a nombrar -como hace miles de años lo hicimos- es un acto político de reafirmación identitaria de nuestra cosmografía.
Por último, para darles la misma relevancia a los dos idiomas en que está escrito este libro, se ha optado por no distinguir con itálicas las palabras en mapudungun.
Tañi Pichi kukuengun elefiel fachi zungun mew,
feyengun tañi choyun mew, Uvi, Nala y Pewmagen
Estas palabras son para mis pequeñas nietas,
ellas son mi renuevo, Uvi, Nala y Pewmagen
1
Pentukvn
Esta es mi raíz
Mari Mari kom pu lamngen ka Kom pu che. Mapuche domo ta iñce. Puelwillimapu ñi kvpalme, Lofche Pillañ Mawiza pingey, ñi Tvwvn: Yomlaku Juan Cochesañe Prafil yem, Yomkuku Juana Llankamil yem, Yomcheski Meliqueo Burgos yem, Yomchuchu Carmen Chankeo yem, ñi laku Marin Millán yem, ñi kuku Celmira Prafil yem, ñi cheski Jacinto Ramírez Meli yem, ñi Chuchu Margarita Burgos Chankeo, ñi caw Luis Millán Prafil, ñi ñuke Guillermina Ramírez Burgos yem. Moira Millán Pingen. Iñce ta weychafe ka wirife. Tufa ta ñien follil, kom iñciñ ñi az tvwvn.
Saludos, hermanas, hermanos, hermanes, saludos a toda la gente. Soy una mujer mapuche, mi linaje territorial se origina en Puelwillimapu, las altas cumbres de la cordillera sur, hoy denominada Patagonia argentina. Mi lof, comunidad mapuche, se llama Montaña Sagrada; mi linaje ancestral está integrado por mi bisabuelo paterno, el fallecido Juan Cochesañe Prafil; mi bisabuela paterna, la fallecida Juana Llankamil; mi bisabuelo materno, el fallecido Meliqueo Burgos; mi bisabuela materna, la fallecida Carmen Chankeo; mi abuelo paterno, el fallecido Marin Millán; mi abuela paterna, la fallecida Celmira Prail; mi abuelo materno, el fallecido Jacinto Ramírez Meli; mi abuela materna, la fallecida Margarita Burgos Chankeo; mi padre, Luis Millán Prafil, y mi madre, la fallecida Guillermina Ramírez Burgos.
Mi nombre es Moira Millán, soy weychafe y escritora. Esta es mi raíz; todas, todos y todes procedemos de un linaje; el mío es ancestral y telúrico, en él habita la fuerza de un pueblo que se niega a ser exterminado.
Nací con el newen, el espíritu, de weychafe, defensora de la vida, guardiana de la Mapu, Tierra, no una dirigente. Weychafe viene de weychan, que significa luchar. Algunos traducen weychafe como guerrero, pero en realidad no es así, porque la nación mapuche no era expansionista ni guerrera, sino que se defendía. El weychan es el proceso legítimo de la autodefensa.
Esa fuerza que me habita me lleva a tratar de resguardar la vida de los territorios y, por supuesto, también la de mi pueblo. Es algo que me corresponde hacer y que no puedo eludir, se me revela a través de sueños premonitorios lo que sucederá y lo que deberé hacer ante esas situaciones. En tantas situaciones se ha confirmado cada vaticinio, cada revelación, que ya no dudo. Acepto y obedezco.
2
Nvxamxvn
Conversando
Ka kimun Chem lan afkey fey
choyükelu pelon mew.
Y supe que ninguna muerte es eterna
para quien ha nacido de la luz.
LIBERTAD MANQUE, poeta mapuche
Por un tiempo desconocí mi raíz, mi pertenencia al Pueblo-Nación Mapuche. Había crecido en el engaño de una subciudadanía impuesta a sable, fuego y muerte. A pesar de que, como a millones, la verdad me fue negada, desde pequeña me acompañó cierta incomodidad, más bien un amargo dolor que rasgaba mi piwke, mi corazón.
Crecí lejos de mi Mapu, desterrada como cientos de miles de familias mapuche. Al año de nacida fui llevada a Bahía Blanca, que desde el centro, cruzada por avenidas y erizada de edificios, fue empujándonos hacia las calles de tierra de los barrios más humildes, donde peregrinábamos en busca de alquileres baratos y que aceptaran a cuatro niños, número que aumentaría a seis con el nacimiento de mis hermanas mellizas.
Desprecio las ciudades. Desde que tengo memoria me resultan grises y ajenas. Nunca experimenté tanta soledad y desamparo como allí, amontonada con mucha gente, pero aislada, donde todos los tejidos comunitarios han sido arrancados, unida por vínculos frívolos construidos sobre los miedos, la desconfianza, la especulación, el individualismo, la mezquindad. En las grandes urbes gana el que acumula, el que menos reparte.
Los Pueblos Indígenas, desplazados por el saqueo territorial, el colapso ambiental y la hambruna, llegamos a las ciudades con la esperanza de recibir algo de su supuesta prosperidad y abundancia. Sin embargo, arrojados a los márgenes, hacinados, empobrecidos, atravesados por el alcoholismo y las drogas, enfrentamos la realidad de las villas miserias y la pérdida de toda dignidad. Racializados, reducidos a la servidumbre, nos tratan como inferiores. Las marronas y los marrones fuimos convertidos allí en un color que incomoda por lo que representa.
Hemos sido empujados a un mundo ajeno, mecánico, automatizado y antinatural. Un mundo donde nuestros hermanos pájaros, ríos y vientos se vuelven inaudibles por la contaminación sonora, tan letal como el aire cargado de agrotóxicos y la lluvia ácida.
Ser mapuche y vivir en las ciudades es una contradicción que no elegimos, es el resultado de un proceso histórico de despojo. El reduccionismo territorial ha sido fundamental para amontonarnos e instigar la competencia. La humanidad ha sido encapsulada en un espacio diminuto al que llamaron “modernidad” y al que le confirieron un propósito, el progreso. Resultó una trampa mortífera hacia un consumismo insaciable que —como advierte nuestro hermano Ailton Krenak en su libro La vida no es útil— hace que nos estemos “comiendo el mundo”.
Nacidos como parias, generaciones enteras de hermanas y hermanos indígenas han perdido la memoria de lo que fuimos. En las ciudades, los jóvenes mapuche ya no recuerdan cómo vivíamos. No salen a defender su identidad, la vida de la Tierra que conocieron sus antepasados; para fortalecer nuestra identidad debemos retornar al campo.
En las escasas ocasiones en que siendo niña íbamos al centro, me gustaba imaginar que aquellas construcciones eran montañas. No conocía el sur, pero la precisión de los relatos de mi ñuke, mi madre, me acercaba a aquel paisaje que ella tanto anhelaba.
Nunca pude acostumbrarme al ritmo impuesto por la maquinaria capitalista urbana. Errática, arrogante, herida y triste, tardé años en ser recibida por el territorio. La oscuridad del dolor me cegaba. Había asumido como verdad la muerte de mi pueblo pregonada por el Estado wingka. Desencajada por el sistema, tenía dos opciones: convertirme en una paria resignada o rebelarme con todas mis fuerzas y volver a la Tierra, encontrarme con mi Ser Mapuche. Antes de seguir y hablarles de Terricidio, necesito contarles sobre el Buen Vivir. El Buen Vivir es el umbral epistemológico más alto en la aspiración de la salud física, espiritual y mental. Dado que no es posible el Buen Vivir sin territorio, hoy representa también la sanación de los vínculos con la Tierra, la recuperación de esa relación armónica, en reciprocidad con ella y en respeto con todas las fuerzas existentes en la Mapu.
En la forma en que nombramos el mundo, los territorios encarnan una fuerza, un poder. De modo que cuando la colonización sustituye esos nombres —la forma en que nosotros identificamos esa territorialidad— borra la memoria de nuestra presencia y debilita el vínculo entre los Pu Ngen, las fuerzas de la Naturaleza, y los humanos que la habitamos. A los espíritus no se les pide autos ni dinero ni fama. Se les pide sabiduría para vivir en armonía, para no cometer errores, para no ofenderlos, para que, cuando hablemos, de nuestras palabras salgan conocimiento ancestral, amorosidad y respeto.
Como Pueblo Indígena, la percepción de nuestros cuerpos-territorios es categórica, tangible, palpable. Nuestra territorialidad y nuestra corporalidad están ensambladas, unidas en ese círculo de la vida. Tener territorio es esencial para construir esa identidad corporal compleja que recibe espíritus. Con ellos, la fuerza de la Naturaleza nos trae mensajes para sanarnos o guiarnos hacia un propósito. La falta de territorio lleva a sentirse perdido y solo, kuñefal, la orfandad, que impide experimentar plenamente esa tridimensión. Es una sensación profunda, punzante, como si tuvieras memoria de alguna pertenencia colectiva o de un acompañamiento pleno que no lográs descifrar bien de dónde vino y de repente te debilita sin que sepas por qué. Creo que eso le pasa a toda la humanidad, no solo al Pueblo Mapuche.
Pero en el verano de 1987, en el kamarikvn de Futa Anekon, en Puelmapu, Patagonia, provincia de Río Negro, me reencontré con mi gente, reyñmawe; con su canto, tayül; con sus danzas, pvrrvn. El kamarikvn es un momento espiritual y social muy especial para el Pueblo Mapuche, se realiza en el solsticio, en el tiempo de la cosecha, para agradecer todo lo otorgado por la Tierra y para pedir un buen ciclo, un buen invierno. Se recuerda a los ancestros y a los seres queridos que han partido recientemente y se presenta a las niñeces.
Esa zona es árida como el desierto, y la falta de vegetación hace que el calor se intensifique y que una agradezca al viento cuando te acaricia y da ánimo. Los días son muy largos y de una luminosidad intensa. En el walüng, verano, amanece alrededor de las cinco y media de la mañana y oscurece alrededor de las diez de la noche. Pero durante apon küyenh, luna llena, esa claridad se extiende en la noche.
Allí me abrazaron mis kuifikecheyem, ancestras y ancestros, y desde entonces escucho hablar a la Mapu dentro de mi corazón. Ningún pensamiento, ninguna palabra que no haya brotado del corazón de la Tierra merece habitar el espacio sonoro de los nvxam, de las conversaciones o -como dice mi gente patagónica- de la conversa.
Así pues, les contaré cómo la Pillañ Mawiza, la Montaña Sagrada, me llamó y me invitó a vivir en ella.
Moira Millán
Terricidio. Sabiduría ancestral para un mundo alternativo
– Primera edición – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Sudamericana, 2024
192 pag.; 23 x 16 cm. (Ensayo)
ISBN 978-950-07-7098-9
1. Pueblos originarios. I. Título. CDD 305.8
–Segunda edición – Ciudad de Barcelona, 2025
200pag.; 23 x 16 cm. (Ensayo)
Imagen de portada: Li an (serie “Terricidio”, 2025)
ISBN 978-84-09-75529-4
Ediciones t.i.c.t.a.c.
t.i.c.t.a.c. – Taller de Intervenciones Críticas Transfeministas
Antirracistas Combativas
C/Santa Dorotea 9
08004 Barcelona
www.intervencionesdecoloniales.org
Agradecimientos:
Desde t.i.c.t.a.c. agradecemos a todxs lxs que hicieron posible la 2a. edición del libro.
7
ÍNDICE
9
Prólogo. Pensadora del Cosmos vivo,
por Arturo Escobar
Nota a 1º edición. Palabras nómadas 17
1 Pentukvn Esta es mi raíz 23
2 Nvxamxvn Conversando 27
3 Lof Pillañ Mawiza La recuperación 33
4 Ñi Rvpv Mi camino 39
5 Walljmapu: Ngulumapu Puelmapu
Ni Chile ni Argentina 45
6 Ñuke Madres 57
7 Pichikeches Niñeces 69
8 Kuifikecheyem, papay Ancestros y ancianes 77
9 Pu zomo Mujeres 81
10 Pu wentru Hombres 87
11 Relmü Arcoíris 97
12 Kallül Mapu Territorio, cuerpo, tecnología 101
13 Müna kvme El sabor de nuestra existencia 107
Un libro viento,
por Lucrecia Masson Córdoba . . . . . . . . . . . . . 187
14. Kvme mongen. Estar en armonía . . . . . . . . . . . . . 115
15. Newen Ka Pu Ngen. Fuerzas cósmicas . . . . . . . . 119
16. Kuiyfi inaduam. Memoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
17. Awkan. Resistencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
18. Revolución telúrica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
19. Naturaleza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
20. Terricidio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
21. Mapu kimvn. La sabiduría de la Tierra . . . . . . . 169
22. Yerpun. Atravesar la noche . . . . . . . . . . . . . . . . 179
Epílogos.
Oídos blancos, por Pablo Franco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
Un libro viento, por Lucrecia Masson Córdoba . . . . . . . . 187
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enlaces relacionados:
https://www.moiramillan.com/
Moira Millán, referente Mapuche presenta «Terricidio» -entrevista-
https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2026/05/04/moira-millan-referente-mapuche-presenta-terricidio-entrevista/
Moira Millán, referente Mapuche: presenta «Terricidio» en México
https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2026/05/04/moira-millan-referente-mapuche-terricidio/
Patagonia_Comunidad Mapuche Pillan Mahuiza: Entrevista a Victoria Núñez Fernández
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Videos:
La escritora y activista mapuche Moira Millán presenta su libro ‘Terricidio’ en París
https://youtu.be/6fPzeF4OjSA
Moira Millán y el concepto de Terricidio
https://youtu.be/Y7bZlnjsDEw
¿Democracia o tierracracia? – Moira Millán
https://youtu.be/wsMztIurlCg
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reenviado por Red Latina sin fronteras
https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2026/05/06/moira-millan-extracto-del-libro-terricidio-sabiduria-ancestral-para-un-mundo-alternativo/
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