MANIFESTANTES DEFENSORES DE NUESTRA SOBERANÍA DESPLIEGAN LA BANDERA ARGENTINA SOBRE EL PARANÁ EN REPUDIO A LA FIRMA DEL ACUERDO CON E.E.U.U. FOTO: TELAM
Río Paraná: La entrega contínua
El Río Paraná se abre como un cuerpo herido. La noticia del Memorándum de Entendimiento entre el Gobierno argentino y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos no es un dato técnico: es un signo. La Asociación Argentina de Abogadas/dos Ambientalistas (AAAA) y el Colectivo de Acción por la Justicia Ecosocial (CAJE) lo revelan como quien arranca un velo: el documento, mantenido en secreto, expone la cesión de soberanía disfrazada de cooperación.
El acuerdo habla de dragado, sedimentación, gestión de cuencas, preservación de humedales. Palabras que parecen neutras, administrativas. Pero detrás de esa máscara técnica se inscribe la presencia militar: marines patrullando el Paraná, diseñando ecosistemas, controlando inundaciones. El lenguaje técnico se convierte en un dispositivo político. La ingeniería como forma de ocupación.
El USACE construyó el canal de Panamá. Allí, la independencia de un país fue apenas el pretexto para abrir un corredor bajo control norteamericano. Hoy, el Paraná se convierte en un espejo de esa historia. La geopolítica se repite: un río como pasaje, un territorio como tablero. El antecedente del Misisipi, convertido en agua salada por el dragado excesivo, es advertencia y presagio. El Paraná corre el riesgo de ser reducido a canal mercante, despojado de su condición de río vivo.

El dragado excesivo del Paraná para adaptar su profundidad a la navegación de grandes buques genera severos daños ambientales.
Los ambientalistas denuncian lo evidente: la injerencia externa multiplica el extractivismo, intensifica la primarización. La cuenca del Paraná, sistema de humedales y biodiversidad, se convierte en mercancía. La lógica es siempre la misma: expandir canales, profundizar puertos, abrir paso a los buques. El río como infraestructura, no como territorio.
El memorándum no es solo obra del actual gobierno. Fue firmado en diciembre de 2023 por José Carlos Mario Beni, interventor de la AGP bajo Alberto Fernández, dependiente de Sergio Massa. El peronismo, en su último respiro, allanó el camino. Ratificó la entrada de tropas extranjeras, devaluó, prorrogó presupuestos. La continuidad con Milei no es ruptura, es prolongación. El franeleo con Estados Unidos atraviesa décadas: del Memorándum con Irán al Comando Conjunto de Ciberdefensa, de Cristina a Milei. La línea es clara: la soberanía se negocia, se entrega, se posterga.
El Paraná como hidrovía
El Paraná no es solo un río. Es frontera, es geopolítica. La presencia militar norteamericana en la zona se inscribe en una estrategia más amplia: control del Atlántico Sur, interés por la Antártida, reservas de petróleo, rutas bioceánicas. El memorándum antártico y la ampliación de la flota de rompehielos polares son parte del mismo mapa. El Paraná es apenas un punto en la cartografía del control.
El Senado de Entre Ríos pide informes. Axel Kicillof reclama explicaciones. Las respuestas no llegan. El federalismo se vulnera, la Constitución se ignora. El río, que atraviesa provincias y comunidades, se negocia en secreto. La política se reduce a trámite administrativo. La soberanía se convierte en expediente.
El Paraná es memoria y presente. Es agua, comercio, frontera, vida. El memorándum lo transforma en objeto de control, en corredor militar, en mercancía. La historia se repite: Panamá, Misisipi, Paraná. La pregunta es si habrá resistencia, si el río podrá seguir siendo río y no canal. La cesión no es técnica, es política. Y el silencio, como siempre, es cómplice.

Marc Stanley, Mauricio González Botto, Gastón Benvenuto y Adrien McConnel, sobre el Río Paraná
El 28 de noviembre de 2023, mientras la política argentina se despedía de un ciclo y se preparaba para otro, Alberto Fernández firmaba un decreto que apenas se conoció en fragmentos. La documentación lo revela como un acto de entrega: la planificación del río Paraná y del río de la Plata quedaba bajo el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos. No era un detalle administrativo. Era la cesión del 80% de la salida de las exportaciones argentinas -lícitas e ilícitas- a un poder extranjero.
Para Librepensante, Milei no es origen, es consecuencia. La entrega comenzó antes, con Fernández. El decreto fue la llave que abrió la puerta. La narrativa oficial culpa a los votantes, a la irrupción libertaria, pero la raíz está en las decisiones de quienes gobernaban. El 28 de noviembre se convierte en fecha simbólica: el día en que el Paraná dejó de ser argentino.
El Río Paraná como botín
El Paraná no es solo agua. Es comercio, narcotráfico, armas, exportaciones. Es la arteria por donde circula la riqueza del país. El decreto lo convierte en botín. La planificación pasa a manos del Comando Sur, como ya sucedía en Paraguay desde 2020. La soberanía se disuelve en un esquema de control externo. El verdadero dueño de la Argentina, dice la entrevista, es Estados Unidos.

El embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, el día de la firma del convenio en aguas del río Paraná. Foto: Argentina.gob.ar
Mientras tanto, Milei y Macri se pelean por representar mejor los intereses internacionales. Una mesa chica discute privatizaciones, dragado, peajes. La pelea es menor, casi grotesca, porque el poder real ya está definido. El río está bajo control extranjero. La política local se reduce a disputa de embajadores, a competencia por quién se arrodilla mejor.
El decreto no solo entrega soberanía. Viola siete leyes ambientales de las provincias que atraviesa el Paraná. Viola la ley nacional de ambiente de 2002. Desde 1995 no se presenta un informe de impacto ambiental. El río se gestiona como si fuera mercancía, no territorio. El fiscal Marijuan desestima denuncias, proyectos de resolución quedan en el aire. La legalidad se convierte en ficción.
Detrás del Comando Sur aparece la empresa insignia: Cargill. El extractivismo se corporiza en un nombre. El río como corredor de granos, como ruta de exportación. La planificación militar se articula con la lógica empresarial. La soberanía se convierte en logística.
El Paraná es herida abierta. El decreto de Fernández lo entrega, Milei lo ratifica, Macri lo disputa. La política argentina se reduce a administración de la dependencia. La historia lo dice con crudeza: el verdadero enemigo no es un presidente, es el poder extranjero que ordena. Y el río, convertido en botín, refleja en el cauce mutilado de sus aguas, los rostros de la traición.
Alejandro Lamaisón



