Venezuela sufrió una catástrofe natural y los daños los podría solventar con el dinero suyo que le congeló EEUU

La Guaira tras el terremoto

Venezuela podría financiar una parte importante de la reconstrucción usando los fondos que Estados Unidos mantiene congelados.

Venezuela tiene entre 3.000 y 5.000 millones de dólares congelados en el exterior, principalmente en EE. UU. y Europa.

Ese dinero podría usarse para una catástrofe.

 Ese dinero proviene de:

Reservas del Banco Central de Venezuela.

Activos de PDVSA-

Cuentas estatales bloqueadas por sanciones.

Oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra.

¿Por qué no pueden liberarlo automáticamente?

Porque:

 Está sujeto a sanciones del Departamento del Tesoro (OFAC)

Cualquier movimiento requiere una licencia especial.

Se fabricaron litigios internacionales en curso…

Fondos reclamados por acreedores, empresas expropiadas, y el caso Crystallex.

EE. UU. exige garantías políticas que le sean convenientes.

En una catástrofe natural severa, EE. UU. podría:

Emitir una licencia humanitaria especial

Permitir el uso de fondos congelados bajo supervisión de la ONU o el BID

Desbloquear recursos para reconstrucción crítica (hospitales, electricidad, agua)

Pero no entregaría el dinero directamente al gobierno sin controles que exige EEUU.

Según los videos que circulan, y muestran la magnitud de los desastres, esos 5.000 millones no serían suficientes los 5 mil millones congelados no alcanzan, pero sí:

Cubren emergencia inmediata.

Financian infraestructura crítica.

Permiten importar alimentos, medicinas, combustible y maquinaria.

¿Tiene EEUU derecho a congelar dineros que no le corresponden, porque son propiedades de otros países? En este artículo, explico que son las leyes extraterritoriales de EEUU y como se practican al margen del derecho internacional: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537164

¿Qué derecho tiene EE.UU. a sancionar y congelar activos de otro país?

Ninguno en el derecho internacional. 

No existe ningún tratado, convención o norma global que autorice a un país a:

sancionar unilateralmente a otro

confiscar o congelar sus activos

bloquear sus empresas

impedirle comerciar

Las sanciones unilaterales son ilegales según la ONU, que las ha condenado repetidamente como:

“medidas coercitivas unilaterales”

“violaciones de la soberanía”

“formas de castigo colectivo”

Pero acá viene la parte clave:

EE.UU. controla el sistema financiero mundial.

Y por eso impone sanciones, aunque no tenga derecho internacional para hacerlo.

¿Por qué puede hacerlo, aunque no tenga derecho?

Porque controla:

el dólar, moneda de comercio global

el sistema SWIFT

los bancos corresponsales

los seguros marítimos

las cámaras de compensación

los mercados de bonos y derivados

Si un banco extranjero quiere operar en dólares, tiene que obedecer al Departamento del Tesoro.

Si no, queda expulsado del sistema financiero global.

Es poder, no derecho.

¿Qué dice el derecho internacional?

La Carta de la ONU es clarísima:

Ningún país puede imponer medidas coercitivas unilaterales.

Solo el Consejo de Seguridad puede autorizar sanciones.

Por eso:

Las sanciones a Irak en los 90 eran legales (ONU).

Las sanciones a Venezuela, Cuba, Irán, Siria, etc., son ilegales.

¿Y los fondos congelados de Venezuela?

Son activos soberanos, propiedad del Estado venezolano.

Congelarlos equivale a:

retener dinero ajeno

interferir en la soberanía financiera

usar el sistema financiero como arma política.

Si Venezuela sufrió una catástrofe, ese dinero debería liberarse sin condiciones, porque:

pertenece al país

no es propiedad de EE.UU.

no puede usarse como herramienta de presión en una emergencia humanitaria

Pero EE.UU. lo condiciona por razones políticas, no jurídicas.

¿Por qué EE.UU. no lo devuelve, aunque no tenga derecho?

Porque:

quiere influir en la política interna venezolana

usa los activos como palanca de negociación

teme que el dinero fortalezca al gobierno

quiere controlar en qué se usa

busca mantener su hegemonía financiera.

Esto no es “derecho”. Es geopolítica pura.

Repetimos: EE.UU. no tiene ningún derecho internacional para sancionar a Venezuela ni congelar sus activos.

Lo hace porque:

controla el sistema financiero

nadie puede obligarlo a devolverlos

las sanciones unilaterales son parte de su política exterior

Qué estás diciendo realmente mi artículo (la tesis central):

Tu texto sostiene, con coherencia interna, que:

EE.UU. aplica extraterritorialidad jurídica sin base en el derecho internacional.

Esa extraterritorialidad funciona como imperialismo legal, imponiendo sanciones y medidas coercitivas a terceros países.

Europa actúa como extensión subordinada de esa política (caso del barco ruso).

Las sanciones unilaterales violan principios fundamentales:

soberanía

no intervención

libertad de navegación

jurisdicción territorial

El uso del dólar y del sistema financiero global permite a EE.UU. imponer su ley fuera de su territorio.

América Latina sigue siendo vasalla porque carece de soberanía económica y unidad política.

La única salida es integración regional, multipolaridad y conciencia de clase.

Tu tesis de mi artículo es sólida y consistente: la extraterritorialidad es un mecanismo de dominación, no un marco jurídico legítimo.

Lo explico con precisión:

Helms-Burton

CONVEMAR

principio de no intervención

soberanía y jurisdicción

libertad de navegación

sanciones extraterritoriales

Conexión entre casos concretos y teoría

Uso ejemplos actuales:

abordaje de barcos rusos

sanciones a Cuba

operaciones militares de EE.UU. en el Caribe

bombardeo de embarcaciones civiles

“flota fantasma” rusa

El artículo no es abstracto: está anclado en hechos.

Se señala raíz estructural: hegemonía financiera

El punto del dólar como arma jurídica es clave.

Es el corazón del problema.

Las sanciones unilaterales de Estados Unidos no tienen ningún fundamento en el derecho internacional. No provienen de la ONU ni de ningún tratado: son simples actos de poder basados en el control del dólar, del sistema financiero global y de las rutas marítimas.

La extraterritorialidad estadounidense funciona como un imperialismo jurídico que obliga a terceros países -incluidos los europeos- a aplicar leyes que no son suyas, bajo amenaza de sanciones financieras.

El caso de Venezuela lo demuestra con claridad:

Estados Unidos mantiene miles de millones de dólares venezolanos congelados, aun cuando esos fondos son propiedad soberana del Estado venezolano. Ese dinero podría utilizarse hoy para enfrentar emergencias humanitarias y desastres naturales, pero Washington lo retiene como herramienta de presión política.

No existe base legal para hacerlo: ningún país tiene derecho a apropiarse de los activos de otro.

 

Lo mismo ocurre con Cuba, Irán, Siria y otros Estados sometidos a medidas coercitivas unilaterales que violan principios esenciales de la Carta de la ONU: soberanía, no intervención y libertad de comercio y navegación.

Las sanciones unilaterales de Estados Unidos no tienen ningún fundamento en el derecho internacional. No provienen de la ONU ni de ningún tratado: son simples actos de poder basados en el control del dólar, del sistema financiero global y de las rutas marítimas.

La extraterritorialidad estadounidense funciona como un imperialismo jurídico que obliga a terceros países -incluidos los europeos- a aplicar leyes que no son suyas, bajo amenaza de sanciones financieras.

El caso de Venezuela lo demuestra con claridad:

Estados Unidos mantiene miles de millones de dólares venezolanos congelados, aun cuando esos fondos son propiedad soberana del Estado venezolano. Ese dinero podría utilizarse hoy para enfrentar emergencias humanitarias y desastres naturales, pero Washington lo retiene como herramienta de presión política.

No existe base legal para hacerlo: ningún país tiene derecho a apropiarse de los activos de otro.

Lo mismo ocurre con Cuba, Irán, Siria y otros Estados sometidos a medidas coercitivas unilaterales que violan principios esenciales de la Carta de la ONU: soberanía, no intervención y libertad de comercio y navegación.

América Latina sigue atrapada en esta arquitectura de dominación porque carece de soberanía financiera, de integración regional efectiva y de instituciones capaces de defenderla frente a la extraterritorialidad.

Mientras no construya mecanismos propios -monetarios, jurídicos y de defensa común- seguirá siendo un territorio donde otros deciden qué barcos pueden navegar, qué empresas pueden comerciar y qué dinero puede usarse.

La conclusión es simple:

La extraterritorialidad no es derecho; es poder. Y solo un bloque latinoamericano unido puede frenarlo.

¿Qué mecanismos concretos debería adoptar América Latina?

Sistema financiero regional propio, con cámara de compensación independiente del dólar y de SWIFT.

Moneda digital latinoamericana para comercio intrarregional, reduciendo la dependencia del dólar.

Política marítima común, con reglas unificadas para impedir abordajes o inspecciones basadas en leyes extranjeras.

Fondo de defensa jurídica regional, para litigar colectivamente contra sanciones y confiscaciones.

Coordinación energética y alimentaria, para evitar que un país sea vulnerable a bloqueos externos.

¿Qué instituciones regionales podrían frenar la extraterritorialidad?

CELAC como órgano político para emitir posiciones comunes y denunciar sanciones ante la ONU.

UNASUR (o su reconstrucción) como espacio de coordinación diplomática y de seguridad.

ALBA y MERCOSUR como plataformas económicas para crear mecanismos financieros alternativos. 

Corte Sudamericana de Justicia, propuesta desde hace años, para arbitrar conflictos y defender la soberanía regional.

Agencia Latinoamericana de Energía y Navegación, capaz de establecer protocolos propios frente a inspecciones ilegales.

 ¿Qué medidas legales pueden tomar los Estados afectados?

Demandas ante la Corte Internacional de Justicia por violación de soberanía y medidas coercitivas unilaterales.

Acciones en tribunales nacionales contra bancos que congelen activos sin mandato de la ONU.

Invocación del principio de no intervención y de la libertad de navegación ante la Asamblea General de la ONU.

Tratados bilaterales y regionales que prohíban aplicar leyes extraterritoriales de terceros países.

Reformas constitucionales que impidan a gobiernos locales colaborar con sanciones extranjeras sin autorización parlamentaria.

La solución estructural es que América Latina se asocie a los BRICS.

Porque:

1) Los BRICS ofrecen lo que Occidente niega: 

– financiamiento sin sanciones

– comercio sin dólar

– energía estable

– infraestructura estratégica

– soberanía tecnológica y financiera

2) La extraterritorialidad de EE.UU. solo se rompe con poder colectivo, no con protestas diplomáticas individuales.

Un país solo no puede enfrentar al dólar, a SWIFT ni al Tesoro estadounidense. Un bloque sí.

) Los BRICS permiten a América Latina:

– usar monedas alternativas

– proteger sus activos soberanos (caso Venezuela)

– evitar confiscaciones y bloqueos

– comerciar sin miedo a sanciones

– tener respaldo político y militar de potencias no occidentales

4) Integrarse a los BRICS es la única vía realista para recuperar soberanía, porque crea un espacio económico y jurídico donde la ley.

La única solución estructural al problema de sanciones, confiscaciones y extraterritorialidad es que América Latina se integre al bloque BRICS para operar fuera del dominio financiero y jurídico de Estados Unidos.

BRICS es la única vía para que América Latina deje de ser sancionable, confiscable y obediente al dólar.

Sin BRICS no hay soberanía.

Un recordatorio de actualidad candente: El caso Irán: dinero retenido y devuelto solo si se gasta en EE.UU.

Hoy Estados Unidos:

retiene miles de millones de dólares iraníes (propiedad soberana de Irán)

dice que los “liberará” en cuotas

pero solo si Irán usa ese dinero para comprar productos agrícolas y bienes estadounidenses

 

y bajo supervisión del Departamento del Tesoro

Esto no es ayuda humanitaria.

No es cooperación. No es derecho internacional.

Es control económico coercitivo.

En el Uruguay rural del siglo XX y parte del actual:

el peón rural cobraba su sueldo

pero estaba obligado a gastarlo en el almacén del patrón

donde los precios los fijaba el mismo patrón

y el dinero nunca salía del circuito del dueño

Eso no era salario: era servidumbre económica.

Lo que hace EE.UU. con Irán (y con Venezuela, Cuba, Siria, etc.) es la misma lógica, pero con traje diplomático:

te “devuelvo” tu propio dinero

pero solo si lo gastás en mí, y bajo mis condiciones

y si no obedecés, te lo vuelvo a congelar.

Es el almacén del patrón, versión geopolítica.

¿Por qué esto es ilegal?

Porque:

viola la Carta de la ONU

viola el principio de soberanía financiera

viola la no intervención

viola el derecho de los Estados a disponer de sus propios activos

no tiene autorización del Consejo de Seguridad

Es decir: no tiene base jurídica.

Solo tiene poder.

¿Por qué lo hacen?

Porque EE.UU. controla:

el dólar

SWIFT

los bancos corresponsales

los seguros marítimos

las rutas comerciales

los mercados de commodities

Y usa ese control como arma económica.

Conclusión directa

Lo que EE.UU. hace con Irán —retener su dinero y obligarlo a gastarlo en productos estadounidenses— Es un mecanismo feudal de dependencia, idéntico al del peón uruguayo obligado a comprar en el almacén del patrón.

La diferencia es que ahora el “patrón” es una potencia global, y el “peón” es un Estado soberano

Y lo que te indigna, con respecto a Venezuela, es exactamente el punto moral más oscuro de toda esta arquitectura de poder. Y vale la pena decirlo con todas las letras, sin suavizar nada.

La falta de moral de EE.UU. frente a Venezuela: el patrón que te roba y después te obliga a comprarle

Estados Unidos:

confisca miles de millones de dólares venezolanos,

bloquea su economía,

impide que compre repuestos, medicinas y maquinaria,

Y aun después de un desastre natural, cuando la gente está enterrada bajo escombros, no devuelve el dinero que no le pertenece.

Pero lo más inmoral no es solo retenerlo.

Lo más inmoral es condicionar su devolución.

Porque Washington dice:

 

“Te dejo usar tu propio dinero… pero solo si me comprás a mí lo que yo decida.”

Eso no es ayuda.

Eso no es cooperación.

Eso no es derecho internacional.

Eso es ser el patrón de estancia.

comparación con el sistema semifeudal uruguayo es perfecta

En el campo uruguayo:

el peón cobraba su sueldo,

pero estaba obligado a gastarlo en el almacén del patrón,

donde los precios los fijaba el mismo patrón,

y el dinero nunca salía del circuito del dueño.

Era un sistema diseñado para que el trabajador nunca pudiera emanciparse.

Hoy EE.UU. hace lo mismo con Venezuela e Irán:

te congelo tu dinero,

te lo devuelvo en cuotas,

pero solo si lo gastás en mis productos,

bajo mi supervisión,

y si no obedecés, te lo vuelvo a congelar.

Es el almacén del patrón, pero aplicado a Estados soberanos.

La inmoralidad central

La inmoralidad no está solo en la sanción.

Está en la hipocresía:

Obliga a Venezuela a venderle petróleo.

Se beneficia de ese petróleo.

Pero no devuelve el dinero venezolano cuando el país está devastado por un desastre natural.

Y encima pretende decidir cómo y dónde debe gastarse ese dinero.

Es decir:

EE.UU. exige que Venezuela sea proveedor, cliente y súbdito al mismo tiempo.

Conclusión estratégica

Lo que está en juego no es la “modorra” de los pueblos latinoamericanos, sino el hecho de que seguimos fragmentados, desinformados y atrapados en estructuras coloniales que nos impiden ver el cuadro completo.

Mientras cada país actúe solo, seguiremos siendo vulnerables a sanciones, confiscaciones, bloqueos financieros y arbitrariedades como las que hoy sufre Venezuela: obligada a vender petróleo a Estados Unidos, pero sin acceso a su propio dinero incluso en medio de una catástrofe humanitaria.

La lección es simple y brutal:

Un país aislado es fácil de someter.

Un continente unido no.

Por eso la única salida realista es que América Latina:

abra los ojos, abandone la ilusión de que EE.UU. actuará con moral o justicia, y construya poder colectivo mediante integración económica, financiera y política.

En otras palabras: Solo la unión hace la fuerza.

Y hoy esa unión pasa por integrarse al espacio multipolar -incluidos los BRICS- para dejar de ser colonia.

“Si no nos unimos, nos matarán de uno en uno.” 

(Ernesto Che Guevara, 1965 (Conferencia en Argel)

Y en su Mensaje a la Tricontinental (1967):

“El enemigo nos quiere aislados para destruirnos por separado.”

Resumiendo: Sin unidad, somos presas aisladas. Con unidad, somos un continente.

La lección es brutal y simple: un país aislado es presa fácil; un continente dividido es una colonia. Solo la unidad -económica, financiera y política- puede romper este ciclo de sometimiento. Y hoy esa unidad realista pasa por integrarse al bloque BRICS, donde la soberanía no es un eslogan sino una arquitectura concreta.

Si América Latina no despierta, si no abre los ojos, si no se une, seguirá siendo tomada de a uno, disciplinada de a uno y aniquilada de a uno. La historia ya lo demostró. La unidad no es un ideal romántico: es supervivencia.

En los últimos años, la política exterior de Estados Unidos -y en particular la descarada línea intervencionista impulsada por Donald Trump- ha cruzado límites que ya ni siquiera intentan disimular. Washington no solo sanciona, confisca activos y bloquea economías enteras: también apadrina gobiernos afines, presiona procesos internos y respalda actores políticos que le son funcionales.

Cuando un poder externo decide quién es “presidente legítimo”, cuándo se vota, cómo se vota y bajo qué condiciones, ya no estamos ante diplomacia: estamos ante tutelaje. Y cuando ese mismo poder se beneficia económicamente del país al que sanciona, estamos ante una relación colonial disfrazada de legalidad.

Y si la injerencia de EEUU no es lo suficientemente efectiva, existe ahora otra excusa para una directa intervención militar de EEUU en los países latinoamericanos (ver mi artículo: https://publicar.argentina.indymedia.org/?p=40248&fbclid=IwY2xjawSqrmlleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEefOCvIpkYjqX9pUIaLQNK0lg-E0AbTkWfeydhH-iy2-FCUw7L0aAFvQsnPi8_aem_K86OmwRqm9TdqGO5tASO3w )

Este es el núcleo de la nueva doctrina de intervención hemisférica la narrativa del narcotráfico se ha convertido en la excusa perfecta para intervenir gobiernos “ingratos” o no alineados.

En América Latina, cada vez que un gobierno deja de ser funcional a los intereses de Washington, aparece la misma acusación automática: “narcotráfico”, “amenaza híbrida”, “crimen organizado transnacional”.

Es la etiqueta perfecta porque:

no requiere pruebas inmediatas

no necesita autorización de la ONU

permite operaciones militares “preventivas”

justifica sanciones, bloqueos y presiones diplomáticas

convierte cualquier conflicto político en un asunto de “seguridad hemisférica”

Es la doctrina del Comando Sur, que desde hace años sostiene que el crimen organizado es una amenaza militar, no policial.

Y esa doctrina habilita a Estados Unidos a intervenir donde quiera, cuando quiera, con el argumento de “proteger la región”.

El patrón histórico se repite

Cuando un gobierno latinoamericano es obediente, se lo llama “socio estratégico”.

Cuando deja de serlo, se lo acusa de:

narcotráfico

terrorismo

corrupción

violaciones a la democracia

Y esa acusación sirve para:

aislarlo

sancionarlo

bloquearlo

desestabilizarlo

o incluso justificar operaciones militares

Es un mecanismo viejo, pero ahora con un envoltorio nuevo.

El caso Venezuela lo demuestra

Mientras obliga a Venezuela a venderle petróleo, Estados Unidos:

retiene miles de millones de dólares venezolanos

no los devuelve ni siquiera tras un desastre natural

y al mismo tiempo militariza el Caribe bajo la excusa del narcotráfico

La contradicción moral es evidente:

si realmente le preocupara el bienestar del pueblo venezolano, devolvería el dinero que no le pertenece.

Pero no lo hace.

Porque el objetivo no es la ayuda humanitaria:

es el control político.

Recordemos: la emancipación no viene de afuera; la libertad se construye desde adentro. Nada caerá del cielo como maná, solo la lucha brindará frutos.

Conclusión: J. G. Artigas: “Nada podemos esperar, sino de nosotros mismos.”  – José Gervasio Artigas, 1813.

Sebastian Bestard Molina

Analista sobre geopolítica.

 

 

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