UNA ARGENTINA EN DECLIVE
La deuda externa bruta de Argentina cerró recientemente en un récord histórico de USD 321.782 millones, siendo el principal acreedor global de ese monto el FMI, con compromisos que superan los USD 57.000.
Si no atenemos a la realidad empírica, la razón y la experiencia, con semejante deuda, impagable por donde se la mire, es casi una fantasía imaginarnos artífices de nuestro destino como nación independiente. Si o sí de hoy en adelante, deberemos movernos en la dirección que nos dicte el imperio o habrá consecuencias, sanciones y castigos.
La tragedia venezolana de 2026 —operación militar fallida y doble terremoto— no es un episodio aislado. Es un laboratorio del futuro que aguarda a cualquier nación que ose apartarse del guion imperial. Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, se ha convertido también en un territorio de ensayo para la subordinación neocolonial: privatizaciones masivas, entrega de recursos estratégicos, desmantelamiento de la estructura científica, tecnológica e industrial, concentración económica en cuatro sectores favorecidos por el RIGI. Todo ello configura un país en ruinas, un país precipitado hacia el abismo.

Pero lo que se oculta tras la retórica del “mercado libre” y el «equilibrio fiscal» es la amenaza latente: si Argentina intentara un viraje progresista, si un gobierno peronista o nacional-popular buscara recuperar soberanía, el castigo sería inmediato. Las sanciones, el cerco financiero y quizá -dependiendo de los vientos imperiales del norte- el bloqueo. La misma maquinaria que estrangula a Cuba desde hace seis décadas y que redujo las exportaciones petroleras venezolanas a menos del cinco por ciento de su nivel histórico.
LA NARRACIÓN ARGENTINA
Argentina ya se mira en un espejo que adelanta: el control externo de sus rutas de exportación, la presión para dolarizar, la subordinación a organismos financieros internacionales. El país se encuentra en un estado de vulnerabilidad extrema, como si el terremoto venezolano se hubiera trasladado aquí en forma de devastación social: salarios pulverizados, cierre de empresas y desocupación, niños hambrientos, jubilados sin cobertura, universidades desfinanciadas. La catástrofe no necesita placas tectónicas; basta con la amenaza de un bloqueo económico y la obediencia de las élites locales.
La frase textual de Javier Milei “Ahora vienen a decir que no se llega a fin de mes. Convengamos que está claro que la frase suena muy interesante para ponerse sensiblero, pero es muy interesante, porque si fuera cierta, ustedes tendrían que caminar por la calle y estaría llena de cadáveres” la pronunció el 4 de agosto de 2025 en un evento de la Fundación Faro en Puerto Madero, al desestimar las denuncias de que la gente no llega a fin de mes ni puede alimentarse adecuadamente.
Este desquicie argumental, esta banalización del mal en el discurso tiene, lamentablemente, su respuesta en las consecuencias del modelo de ajuste ultraliberal: La calle no está llena de cadáveres sencillamente porque la gente no muere en las calles. La gente va a morir a los hospitales, precisamente a los hospitales públicos, colapsados, pulverizados por el salvaje recorte presupuestario a la salud pública que despiadadamente realiza este gobierno.
La comparación es inevitable: Venezuela resistió con Maduro secuestrado y Delcy Rodríguez como presidenta encargada; Cuba sobrevivió a seis décadas de asfixia; Argentina, en cambio, se encuentra en la antesala de esa misma prueba. La pregunta no es si habrá sanciones, sino cuándo y con qué intensidad. El imperialismo no tolera disidencias. Y sin embargo, la historia enseña que los pueblos, aun bajo escombros, pueden permanecer de pie. El chavismo original se transformó, pero no desapareció. El castrismo fue cercado, pero no aniquilado. Argentina deberá decidir si acepta el destino de colonia dócil o si se atreve a resistir, aun sabiendo que la resistencia implica hambre, aislamiento y persecución.

La Argentina de Javier Milei festejando como si fuera propio el día de la independencia de Estados Unidos. Foto: Clarín.
El bloqueo no es sólo un mecanismo económico: es un dispositivo simbólico, un relato que culpa a las víctimas de su propia desgracia. Venezuela y Cuba son presentadas como “estados fallidos”, cuando en realidad son estados sitiados. Argentina corre el riesgo de ser narrada del mismo modo: un país “ingobernable” si se atreve a desafiar la hegemonía. La comparación revela la verdad incómoda: el hambre no proviene de los gobiernos populares, sino del castigo imperial. El verdadero crimen es el bloqueo, y el verdadero desafío es resistirlo.
Alejandro Lamaisón




Esta “carta abierta”, expresada de esta manera progre, esconde el típico derrotismo progre. Para preparar el terreno para un gobierno derrotista progre, de Axel o Cristina, un gobierno de “Realidad Periférica” como citaba Cristina a su amigo Carlos Escudé. Entonces, de esa manera, cuando están en la oposición son revolucionarios, y cuando están en el gobierno son absolutistas. Y no sólo eso, sino que con la excusa del “Realismo Periférico”, gobernarán expresando su amor por Disney o Miami, para no enojar al imperio. Todo lo hacen para no enojar al imperio. Importaron trencitos de China con asbestos para no fabricar ni un sólo tornillo en Argentina; importaron aviones de pasajeros de Brasil, sin siquiera obligar a pintarlos en la Argentina. Siempre con la zaraza o el guitarreo del “no se puede”, “eso es una utopía”, “no…no entendés, este es el mejor gobierno que podríamos tener…peor es la derecha”…zaraza…coso…”no sean románticos…la industria argentina es una mierd@”…y después cantaban la marchita peronista…dejen la impostura y la falsificación del peronismo…el peronismo real no mantendría nunca las leyes económicas de la dictadura…que vuelva el peronismo original…