Una carrera entre la conciencia revolucionaria y la implementación de policías robot

John F. Kennedy tenía razón cuando dijo: “Quienes hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta”.

Por eso se está normalizando de manera agresiva el uso de robots policiales. Los gerentes del imperio quieren asegurarse de que la revolución violenta sea imposible, también.

The Athletic, la sección deportiva del The New York Times, publicó hace pocos días un nuevo y espeluznante artículo titulado “Los ‘Roboperros’ patrullan el Mundial en México”, sobre lo increíble y maravilloso que resulta que el torneo internacional de fútbol sea controlado por robots de vigilancia.

El artículo es a todos los efectos una pieza de relaciones públicas a favor de los robots policiales, en el que se desborda el entusiasmo por lo “lindo” y “genial” que la gente encuentra esta tecnología distópica.

El artículo comienza con este alegre párrafo:”Un grupo de agentes de policía patrullando un estadio con tres perros en un día de partido del Mundial no suele llamar la atención. Pero cuando esos tres perros son robots de alta tecnología equipados con cámaras de video que pueden alcanzar velocidades de 20 km/h, se entiende el revuelo”.


“Los K9-X están hechos de aluminio y plástico de alta resistencia”, escribe The Athletic. “Cuentan con sistemas de reconocimiento facial y análisis de comportamiento instalados, lo que significa que detectan cuando un grupo de personas se agita y envían videos al centro de mando, control, comunicación y computadoras de la policía”.

En un segmento de video que acompaña al artículo, Tomás Hill López-Menchero, de The Athletic, se refiere a los robots como “criaturas” y dice que “fueron un éxito entre el público” durante la Copa del Mundo.

Son estas pequeñas cosas las que ayudan a normalizar la presencia de los robots policiales en la conciencia pública. Llamarlos “perros”, darles el nombre de “K9”, referirse a ellos como “criaturas” en lugar de máquinas. Es claro que esto está diseñado para evocar la imagen de algo normal con lo que las personas en Occidente están familiarizadas y con lo que se sienten cómodas.

Pero los occidentales no deberíamos sentirnos familiarizados ni cómodos con estas cosas, y no deberíamos verlas como algo normal. El hecho de que veamos un uso cada vez mayor de robots policiales en todo el mundo debería asustarnos a todos, y el hecho de que instituciones populares como la Copa del Mundo y el New York Times se estén usando para normalizarlos debería aterrorizarnos profundamente.

Nuestros mandantes son muy conscientes siempre de que somos muchos más, y de que podríamos volvernos contra ellos en cualquier momento. Así ha sido desde que existen los gobernantes. La historia está llena de ejemplos de masas que se han rebelado contra su gobierno y han establecido un nuevo orden, y los oligarcas y los gerentes imperiales llevan mucho tiempo preocupados por asegurarse de que esto nunca les pase.

Las máquinas de matar autónomas eliminan muchos de los problemas que plantean las fuerzas de seguridad humanas. No hay que preocuparse de que el ejército de robots se ponga del lado del pueblo o se niegue a disparar contra sus conciudadanos. Un ejército de robots policiales militarizados puede proporcionarle a la oligarquía y los administradores del imperio occidental una fuerza perpetuamente obediente de tiradores a prueba de balas, capaces de sofocar cualquier cualquier revolución cuando llegue el momento.

La creciente omnipresencia de los robots policiales no puede separarse del aumento exponencial de las cámaras de vigilancia y el reconocimiento facial con IA, la presión para implementar identificaciones digitales y la erradicación del anonimato en línea, ni de los casos cada vez más frecuentes de censura en línea y la manipulación de algoritmos por parte de Silicon Valley. Se está construyendo una jaula tecnológica alrededor de la población para asegurarse de que no podamos rebelarnos contra nuestros amos.

La historia de la humanidad en el siglo XXI es la historia de una carrera entre la revolución y las tecnologías diseñadas para impedirla. Una carrera entre, por un lado, el despertar de la conciencia colectiva ante la urgente necesidad de un cambio revolucionario y, por otro, la capacidad tecnológica para sofocar la rebelión de un pueblo.

Todos estamos en esta carrera, nos demos cuenta o no. Será mejor que aceleremos el paso.


Caitlin Johnstone es una periodista australiana. Escribe sobre política, economía, medios, feminismo y la naturaleza de la conciencia.

Traducción del inglés al castellano por Indymedia Argentina.

Fuente: https://www.caitlinjohnst.one/p/its-a-race-between-revolutionary

 

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