La Unión Europea y el Reino de España de Felipe VI (que este domingo levantó la Copa del Mundo), sostienen una relación económica con Israel muchísimo más profunda que la Argentina.
En 2024, el intercambio total entre Argentina e Israel rondó los 500 millones de dólares, casi 85 veces menos que el comercio de la UE e Israel y unas 5 veces menos que el intercambio español.
En el mismo año, la UE comerció con Israel por unos 42,6 mil millones de euros. Exportó mercancías por 26,7 mil millones e importó por 15,9 mil millones. España, por sí sola, exportó hacia Israel alrededor de 1,7 mil millones de euros e importó cerca de 900 millones.
Esto no exime las responsabilidades del gobierno argentino. Todos son cómplices, en distintos grados. Y es cierto que el gobierno de Milei, además, convirtió esa complicidad en alineamiento diplomático e ideológico explícito.
Pero resulta sorprendente que tantos intelectuales orgánicos del progresismo regional olviden distinguir entre PUEBLO y gobierno, abandonen toda perspectiva latinoamericanista y terminen reproduciendo la operación que presenta a la Argentina y a su Selección como encarnaciones excepcionales del mal, mientras la Europa monárquica, colonial y “civilizada” aparece nuevamente lavada de sus responsabilidades estructurales.
El sionismo no es algo que simplemente “reposa” dentro de las fronteras de Israel. Es un proyecto político transnacional, sostenido por capitales financieros, empresas tecnológicas, complejos militares, medios de comunicación y redes diplomáticas desplegadas a escala mundial. Su matriz histórica está anclada en una ideología del nacionalismo europeo, colonial y supremacista, luego proyectada sobre Palestina mediante la ocupación, el desplazamiento, el apartheid y el genocidio.
Por eso, denunciar la complicidad del gobierno argentino no puede esconder que el centro material, económico, político y militar de ese régimen colonial continúa estando en el Atlántico Norte. Menos todavía exige hinchar contra una Selección de Fútbol que no pertenece a su gobierno, sino a un pueblo, a sus clubes de barrio, a sus potreros y a la historia de las clases populares de Argentina y de Nuestramérica.
Criticar a los gobiernos es necesario. Confundir gobierno y pueblo es comerse completa la curva diseñada por el enemigo… Y eso sólo puede ser por dos motivos:
Ingenuidad infantil o canallada.
Matías Caciabue
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