Las personas que creen que el capitalismo está funcionando maravillosamente son pensadores negligentes que han caído víctimas del sesgo del superviviente y de la falacia del mundo justo.

El sesgo del superviviente ocurre cuando tu análisis se enfoca en quienes lograron salir adelante, mientras ignora a quienes no lo lograron. Vos sí conseguiste un buen trabajo, te compraste una casa, vivís cómodamente, lo que significa que el sistema funciona bien y debe haber un problema con cualquier persona que no pueda prosperar bajo él.
Todas las personas que trabajan tan duro como vos, pero que aún así están pasando dificultades, desaparecen por completo de tu perspectiva. Todas las personas que son tan inteligentes e ingeniosas como vos, pero que no lograron una estabilidad financiera, son convenientemente ignoradas. Todos aquellos cuya iniciativa empresarial fracasó en lugar de prosperar, todos los que fueron despedidos en lugar de ascender, todos aquellos cuyas circunstancias familiares fueron menos afortunadas que las tuyas, todos los que tienen un color de piel, género, discapacidad o situación socioeconómica que les dificulta la vida más que a vos, simplemente no influyen en tu comprensión de cómo funcionan las cosas.
Tuviste suerte, y podés señalar a otras personas que también la tuvieron, y usás esos ejemplos para esconderte de la incómoda realidad de que fácilmente podrías haber sido vos quien podría estar llevándose la peor parte del capitalismo. Ves a un hombre desde tu ventana durmiendo en la vereda y te decís que hay una razón perfectamente válida por la que vos estás acá adentro, mientras él está allá afuera, y para que ese tango cognitivo funcione en tu cabeza, tenés que contarte un cuento de hadas.

Ahí es donde entra la falacia del mundo justo.
La falacia del mundo justo es un sesgo cognitivo que asume que todos reciben lo que se merecen: que a las personas buenas les pasan cosas buenas y a las personas malas les pasan cosas malas.
El atractivo de esta falacia es que nos da una sensación de control. Nos permite creer que nada malo nos sucederá si simplemente hacemos lo correcto y evitamos cometer errores estúpidos. También nos permite creer que merecemos toda la buena suerte que la vida nos ha brindado, y que los pobres existen porque no son tan virtuosos y sabios como nosotros.
El problema con la falacia del mundo justo es que sólo funciona si no pensás mucho sobre ella. Cualquiera que haya vivido unos pocos años sabe que a la gente buena le pasan cosas malas y a la gente mala le pasan cosas buenas. Todos lo hemos visto ocurrir innumerables veces, con personas que conocemos personalmente. El mundo simplemente no es justo. Si te va bien bajo el sistema actual, es solo porque tuviste suerte. Tenés lo que tenés por total, estúpida, suerte.

Si podés ser honesto con vos mismo al respecto, vas a entender por qué el sistema debe cambiar. Un sistema que insiste en mantener un sector muy amplio de la sociedad que debe sufrir y luchar duramente a lo largo de toda su vida no es un sistema justo ni moral. Nadie con una mente racional y una conciencia bien formada puede defenderlo.
Las personas que se oponen al movimiento hacia una sociedad más equitativa suelen acusar a los socialistas de “envidia” y “codicia”, pero eso no es más que una proyección; es su propia codicia y egoísmo lo que les impide reconocer sinceramente la naturaleza injusta de la sociedad en la que, por casualidad, terminaron en la cima.

Es cierto que quienes apoyan el socialismo suelen estar en una situación económica menos privilegiada que el defensor promedio del capitalismo, pero eso se debe únicamente a que tienen una perspectiva basada en la realidad sobre la naturaleza abusiva del statu quo capitalista.
A quienes les ha ido bien bajo el capitalismo a menudo les cuesta más formarse una comprensión basada en la realidad del sistema en el que viven, porque tienen que abrirse camino a través de todos los cómodos sesgos cognitivos que insisten en que todo está más o menos bien tal como está. Si aún así insisten en que el capitalismo es genial, es solo porque su propia pereza intelectual, su ego y su cobardía moral les han impedido ver con realismo sus circunstancias.
Caitlin Johnstone es una periodista australiana. Escribe sobre política, economía, medios, feminismo y la naturaleza de la conciencia.
Traducción del inglés al castellano por Indymedia Argentina.
Fuente: https://www.caitlinjohnst.one/p/supporters-of-capitalism-are-victims


