Argenis José Delgado Vegas*
*Educador-investigador-militante. Acompañante de las comunidades afrovenezolanas en los ámbitos de organización, formación, investigación y articulación institucional en materia de políticas públicas. Militante del Movimiento Social Afrovenezolano y director de la A.C. Escuela Ideológica Social Afrodiaspórica de Venezuela.
Ensayo escrito en el marco de la conmemoración del 106.º Día Internacional de las y los Afrodescendientes (año 2026).
Resumen
El presente ensayo, elaborado en el marco de la conmemoración del 106.º Día Internacional de las y los Afrodescendientes (2026), analiza la vinculación, las semejanzas y las diferencias entre el garveyismo, las ideas de Malcolm X, el panafricanismo, el nacionalismo negro, el marxismo negro y el socialismo bolivariano comunal, desde una visión pancrónica que recorre geografía y historia como un mismo continuum cimarrón. Se sostiene que todas estas corrientes convergen en la construcción del pueblo afro como sujeto político y potencia constituyente, categoría que se precisa con los debates contemporáneos sobre el pueblo como actor político, sujeto histórico y sujeto constituyente. Desde la experiencia afrovenezolana se proponen las categorías de afrovenezolanidad, afropolítica, afrosocialismo y poder popular afrovenezolano como síntesis viviente de dicha tradición en el proceso revolucionario bolivariano. La tesis central es que el cimarronaje —del Cumbe geohistórico al consejo comunal— constituye un solo arco histórico de autodeterminación, y que Venezuela ofrece hoy la institucionalidad revolucionaria que aquellas experiencias, por heroicas, no alcanzaron a consolidar.
Palabras clave: garveyismo, Malcolm X, panafricanismo, nacionalismo negro, marxismo negro, afropolítica, afrosocialismo, poder popular afrovenezolano, poder constituyente.
Introducción: teorizar desde el hacer colectivo
El presente ensayo se escribe en el marco de la conmemoración del 106.º Día Internacional de las y los Afrodescendientes, que en este año 2026 convoca a la diáspora africana y a sus herederos de Nuestra América a rendir cuenta del camino recorrido y a reafirmar el horizonte de la plena igualdad de derechos y oportunidades. Comenzar por esta fecha no es un formalismo protocolar: es situar el pensamiento en el calendario de la lucha, pues cada conmemoración es un baluarte de la memoria histórica colectiva y una ocasión para que el pueblo negro se reconozca a sí mismo como sujeto, no como objeto de políticas asistencialistas.
Desde mi condición de educador-investigador-militante, formado en las trincheras de la organización comunitaria y no en las torres de marfil de la academia eurocéntrica, asumo la escritura de este ensayo como un acto de investigación militante: conocer para transformar, y transformar acumulando fuerzas. Como he sostenido en trabajos anteriores, la formación para la conciencia implica el conocer en profundidad los fenómenos subjetivos y objetivos de nuestra realidad, y alcanzar los saldos de participación y organización que constituyen la verdadera fuerza generadora del cambio (Delgado Vegas, 2020).
La pregunta que orienta estas reflexiones es la siguiente: ¿existe una matriz común que vincule el garveyismo de Marcus Garvey, el pensamiento de Malcolm X, el panafricanismo, el nacionalismo negro, el marxismo negro y el socialismo bolivariano comunal que hoy impulsamos en Venezuela? Mi respuesta es afirmativa, y la formulo así: existe una visión pancrónica —pan, porque abarca toda la diáspora africana y sus encrucijadas con Nuestra América; crónica, porque atraviesa siglos sin solución de continuidad— que tiene por hilo conductor al cimarronaje como praxis de libertad y al pueblo afro como sujeto constituyente vivo. El garveyismo fue su primera expresión organizada de masas en el siglo XX; Malcolm X fue su bisagra entre el separatismo y el internacionalismo revolucionario; el panafricanismo fue su horizonte geopolítico; el marxismo negro fue su corrección epistemológica frente al economicismo eurocéntrico; y el socialismo bolivariano comunal es, en nuestro presente, la síntesis institucional que permite pasar de la protesta al poder, de la potencia constituyente a la nueva institucionalidad revolucionaria.
1. El garveyismo: la primera escuela de autodeterminación de masas
Marcus Garvey y la Universal Negro Improvement Association (UNIA), fundada en 1914, representaron el primer movimiento de masas de la diáspora africana organizado bajo la consigna de la redención de África y la autodeterminación del pueblo negro (Garvey, 1986). Su filosofía contenía tres elementos que juzgo fundamentales: primero, la autoestima racial como premisa de toda emancipación («negro, despierta, el mundo es tuyo»); segundo, la construcción de poder económico propio —la Black Star Line y la Negro Factories Corporation— como condición de independencia política; tercero, la comprensión del pueblo negro como nación en sí misma, con derecho a su propio destino histórico.
Leyendo a Garvey con las herramientas que nos ofrece el debate contemporáneo, advertimos que el garveyismo comprendió al pueblo en el sentido dinámico de la categoría: no como conjunto inerte de población, sino como sujeto que se niega a ser mero objeto de administración colonial. Foucault, como recuerda Marcos (2019), distingue la figura de la población —conjunto de procesos biológicos que el poder gestiona— de la figura del pueblo, compuesto por quienes se niegan a ser población. En ese sentido, Garvey fue el gran negador de la «población negra» que el orden colonial administraba; y esa negación sigue siendo el punto de partida de toda afropolítica verdadera.
Sus límites, sin embargo, son también escuela: el garveyismo no logró construir una institucionalidad que trasladara la potencia constituyente del pueblo a estructuras estables de poder, y su horizonte repatriacionista no contemplaba las síntesis pluriculturales que la realidad americana exigía. Como señaló Badiou (2014), la palabra pueblo es ambigua y difusa cuando no se ancla en un proyecto emancipatorio concreto; Garvey le dio anclaje, pero en suelo que la historia todavía no había preparado.
2. Malcolm X: la bisagra entre el nacionalismo negro y la afropolítica internacionalista
Malcolm X encarna la maduración dialéctica de la tradición garveyista. Su trayectoria —desde la Nación del Islam hasta la fundación de la Organización de Afroamericanos Unidos (OAAU)— registra el tránsito desde un nacionalismo negro defensivo hacia una concepción internacionalista del poder negro (X, 1965). Dos aportes suyos juzgo irreemplazables: la consigna de la autodefensa intelectual, cultural y política del pueblo negro («por cualquier medio necesario»), y la comprensión de que la lucha del afroamericano era inseparable de las revoluciones de África y Asia —el mundo de Bandung— frente al imperialismo occidental.
Aquí conviene introducir una distinción que el movimiento social afrovenezolano ha hecho suya. El concepto de afropolítica fue acuñado por el cimarrón Modesto Ruíz, diputado por Barlovento, para nombrar «las diversas manifestaciones políticas y contribuciones que han dado los hombres y mujeres afrodescendientes en este devenir histórico» (Delgado Vegas, 2020). En su primera etapa, la afropolítica fue el registro de la lucha: era, en términos malcolmistas, el derecho a la palabra propia y a la rabia organizada. Pero Malcolm murió antes de poder institucionalizar esa palabra en poder; su legado permanece como potencia, como semilla. La nueva etapa afropolítica que proponemos desde Venezuela es precisamente la conversión de esa potencia en poder constituido desde abajo: el paso del discurso emancipatorio a la gestión revolucionaria del Estado y, sobre todo, del poder popular.
3. El panafricanismo: del congreso al Estado y su síntesis bolivariana
El panafricanismo de Du Bois —los congresos panafricanos inaugurados en 1900— fue una pedagogía política de la diáspora; el de Nkrumah —«buscad primero el reino político»— fue su conquista estatal; el de Cabral fue su mayor profundización revolucionaria, al insistir en que «nadie puede hacer la liberación por nosotros» y en la necesidad de la conciencia crítica como condición de la lucha y de la construcción nacional (Cabral, 1973). Cabral, paradójicamente, es quizás el pensador africano más cercano a nuestra afropolítica, porque comprendió que el pueblo no es dato sino conquista: el oprimido debe construirse como sujeto mediante la reflexión sobre la injusticia, la interpelación al opresor y la conquista del reconocimiento, como después sistematizaría Dussel (2012) al distinguir los momentos del disenso popular.
El panafricanismo y el bolivarianismo comparten una matriz profunda: la integración como respuesta al colonialismo de los imperios. Si Nkrumah soñó una África unida, Bolívar y Martí soñaron una Patria Grande; si el panafricanismo combatió al imperialismo británico y francés, el bolivarianismo combate al imperialismo yanqui que, como decía la Declaración de La Habana de 1961 hermana «el desprecio, la humillación y el yugo» de nuestros pueblos. La diferencia decisiva es de método: donde el panafricanismo nkrumahista concentró la emancipación en el Estado postcolonial, el socialismo bolivariano comunal descentraliza el poder hacia el pueblo organizado. Garvey quiso fundar un Estado negro; Nkrumah lo fundó pero no pudo sostenerlo contra la neocolonialización; Chávez, aprendiendo de ambas derrotas, propuso construir el poder popular como contrapeso y como horizonte del propio Estado revolucionario (Chávez Frías, 2008).
4. El marxismo negro: la corrección epistemológica del economicismo
La tradición del marxismo negro —W. E. B. Du Bois con su Reconstrucción Negra, C. L. R. James con Los jacobinos negros, Walter Rodney con Cómo Europa subdesarrolló África, Frantz Fanon, y en su hora los Panteras Negras— realizó una operación teórica que considero irreversible: demostró que la raza no es epifenómeno de la clase, sino dimensión constitutiva del capitalismo colonial, y que el pueblo negro no es masa en espera de dirección proletaria, sino sujeto histórico por derecho propio. James (1989) mostró que las y los esclavizados de San Domingo hicieron la revolución más radical de su época antes de que existiera allí un proletariado industrial; Rodney (1973) mostró que la esclavitud y el colonialismo no fueron etapas sino mecanismos de la subdesarrollación africana.
Esta corrección dialoga directamente con el debate latinoamericano sobre el pueblo. Gallardo (1988) advirtió que reducir el sujeto revolucionario a la clase obrera despolitizaba a los demás sectores subalternos —mujeres, comunidades étnicas, cristianos revolucionarios— que «resuelven» sus problemas mañana en el socialismo, es decir, nunca; y que la potencia liberadora del pueblo proviene precisamente de su heterogeneidad y no de su homogeneidad. También advirtió contra la fantasía metafísica del «sujeto histórico» autosuficiente, recordando con Marx que los hombres hacen su propia historia, pero no en circunstancias elegidas por ellos. El marxismo negro supo exactamente esto: hizo la historia sin las condiciones favorables, en las condiciones heredadas del horror. El afrosocialismo que proponemos es heredero legítimo de esa sabiduría: un socialismo que no le pide al pueblo negro que se disuelva en una universalidad abstracta, sino que se construya como sujeto desde su experiencia histórica de racialización, resistencia y producción de vida comunitaria.
5. El pueblo como categoría viva: tres aportes para pensar la potencia afrodescendiente
El ensayo de Marcos (2019) sobre la gubernamentalidad neoliberal nos recuerda que el dominio contemporáneo opera convirtiendo a los pueblos en poblaciones administrables, y que pensar la emancipación exige rescatar al pueblo como figura política frente a la figura económico-mercantil de la población. Ello adquiere densidad particular en el caso afrovenezolano: durante siglos, nuestro pueblo fue administrado como mercancía y luego como estadística invisible; la afrovenezolanidad nace precisamente de la ruptura con esa condición de población.
Alcalá Rodríguez (2022), desde la filosofía de la liberación, aporta una distinción decisiva entre el pueblo en sentido dinámico —el de los movimientos de emancipación, vivo y en construcción— y el pueblo en sentido estático —la categoría inerte que el derecho burgués presume y luego olvida al instalar los poderes constituidos. Su tesis de que la potencia constituyente del pueblo no se agota con la promulgación de la Constitución es teóricamente crucial para nosotros: si el pueblo fundante se disolviera en el Estado, el poder popular sería imposible. Pero el pueblo afrovenezolano sabemos por experiencia que la Constitución de 1999 no nos disolvió: nos reconoció como sujeto de derechos y, sobre todo, nos abrió el camino de la organización autónoma.
De Gallardo (1988) retengo, finalmente, la precisión de que no basta padecer la asimetría para ser pueblo político: se requiere conciencia independiente, es decir, la capacidad de captar la propia praxis en relación con la organización global del poder. La diferencia entre el negro sufrido y el negro sujeto es exactamente la diferencia que el movimiento social afrovenezolano ha transitado en dos décadas: de la denuncia del racismo a la formulación de una tesis de poder. Casalla (1975), citado por Alcalá Rodríguez (2022), completó el cuadro al definir el pueblo como comunidad histórica y conflictiva, portadora de una memoria ancestral común y de un anhelo de destino también común: definición que calza como anillo al dedo con los pueblos cimarrones de Barlovento y del eje cafetalero venezolano, cuya memoria de palenques y cuyo destino comunal son el fundamento vivo de la afrovenezolanidad.
6. El socialismo bolivariano comunal: la institucionalidad que la diáspora soñó
Hugo Chávez encarnó, como he escrito antes, el sujeto político de cambios del siglo XXI para Venezuela y para el mundo; se ausentó en cuerpo físico, pero dejó impregnada en nosotros la premonitoria afirmación «Yo soy Chávez» (Delgado Vegas, 2020). Su aporte civilizatorio mayor fue comprender que la sociedad civil elitesca estaba en quiebra y que la nueva sociedad civil es el Poder Popular: «Ese viejo concepto de sociedad civil elitesca está pasando la página. Ahora es el pueblo, el Poder Popular. Ésa es la nueva sociedad civil» (Chávez Frías, 2008, p. 67). La Ley Orgánica del Poder Popular (2010) dotó de norma a esa intuición, definiendo como fines del poder popular la transferencia de funciones, atribuciones y competencias de administración, prestación de servicios y ejecución de obras hacia los autogobiernos comunitarios, comunales y los sistemas de agregación que de ellos surjan.
Desde la perspectiva de este ensayo, el socialismo bolivariano comunal cumple lo que el garveyismo ensayó (economía propia, organización de masas), lo que Malcolm prefiguró (poder negro efectivo), lo que el panafricanismo concibió (integración antiimperialista) y lo que el marxismo negro teorizó (el pueblo oprimido como sujeto): lo convierte en institucionalidad participativa. Los consejos comunales y las comunas son, en clave pancrónica, los Cumbes, palenques y quilombos del siglo XXI: territorios de autogobierno donde el cimarrón dejó de huir del poder y comenzó a ejercerlo. La diferencia es abismal y decisiva: los Cumbes fueron destruidos porque no tenían Estado; el poder popular tiene un Estado que, en la medida en que siga siendo revolucionario, lo protege, lo financia y lo aprende.
7. Las categorías de la síntesis: afrovenezolanidad, afropolítica, afrosocialismo y poder popular afrovenezolano
De ese cruce entre tradición diaspórica y proceso bolivariano emergen las cuatro categorías que orientan mi trabajo militante e intelectual. La afrovenezolanidad es la dimensión identitaria y civilizatoria: la afirmación de que no somos una minoría residual en un país «café con leche», sino pueblo constitutivo de la nación venezolana, con memoria, territorios, cultura y proyecto propio. Su reconocimiento institucional —el Día Nacional de la Afrovenezolanidad del 10 de mayo— no es concesión folklórica: es la reparación simbólica de siglos de invisibilización.
La afropolítica, como se dijo, fue conceptuada por Modesto Ruíz como el registro de las contribuciones políticas afrodescendientes (Delgado Vegas, 2015); ahora la proponemos como tesis de las y los afrodescendientes en el ejercicio del poder, desde y por la nueva institucionalidad revolucionaria que promueve la construcción del poder popular. Es decir: de la afropolítica como historia pasada a la afropolítica como tarea presente. El afrosocialismo, por su parte, es el horizonte: el socialismo del siglo XXI construido desde la experiencia afrodescendiente, anticolonial y decolonial, donde la propiedad social se concreta en formas comunitarias herederas del conuco, del cumbe y del palenque, y donde la justicia racial es constitutiva —no complementaria— de la justicia social. Como sostiene Camacho (2007), requerimos medidas de compensación, rehabilitación y restitución simbólica y material: justicia reparativa por las desventajas acumuladas en la constitución de este sistema-mundo colonial capitalista.
Finalmente, el poder popular afrovenezolano es el salto cualitativo que el movimiento social debe dar para adecuarse al momento histórico: trascender la idea corporativa de las luchas como «franquicias» de sectores, y asumir una postura colectiva antisistémica que reconozca la diversidad del pueblo afro —más allá de las agendas sectorizadas— en la definición de un proyecto de vida más amplio que contribuya al proyecto de nación (Delgado Vegas, 2020). Implica organización, conciencia y movilización para que la iniciativa popular asuma funciones de gestión social mediante la transferencia de competencias hacia los autogobiernos comunitarios, en el marco de la planificación participativa que corresponsabiliza al pueblo con la institucionalidad pública en la transformación del país (Ley Orgánica del Poder Popular, 2010). El poder popular afrovenezolano es, en síntesis, el Garvey que se hace comuna; el Malcolm que se hace consejo; el Cabral que se hace plan de desarrollo territorial.
Conclusión: un solo cimarronaje
Vinculación, semejanzas y diferencias pueden así resumirse. La vinculación es orgánica: todas estas corrientes son momentos de una misma praxis de autodeterminación del pueblo negro frente al capitalismo racial colonial. Las semejanzas son estructurales: autoestima y conciencia independiente (Garvey, Malcolm), internacionalismo antiimperialista (panafricanismo, bolivarianismo), corrección antieconomicista del marxismo (marxismo negro, afrosocialismo), y la convicción compartida de que la emancipación exige organización, educación y poder propio. Las diferencias son históricas y nos enseñan: Garvey no tuvo institucionalidad; Malcolm no tuvo tiempo; Nkrumah no pudo con la neocolonialización; los palenques no tuvieron Estado. Venezuela, con su Constitución de 1999, su Ley Orgánica del Poder Popular y su proceso revolucionario, ofrece —con contradicciones y desafíos que no ocultamos— la oportunidad inédita de la historia negra: construir el poder desde abajo con respaldo constitucional.
Por eso insisto en la visión pancrónica: cuando un comunero afrovenezolano de Barlovento participa en la planificación de su consejo comunal, allí están presentes el cimarrón del Cumbe de Mango de Ocoyta, José Leonardo Chirino sublevado en 1795, Bolívar aboliendo la esclavitud, Garvey en Harlem, Malcolm en El Cairo, los mineros de Walter Rodney, los campesinos de Cabral en Guinea y Cabo Verde y el cimarrón mayor Hugo Chávez. No es retórica: es genealogía de una misma potencia constituyente que, como nos enseña Alcalá Rodríguez (2022), no se extingue jamás en los poderes constituidos, porque el pueblo es una categoría viva, en construcción permanente, con derecho a ser pueblo. Conmemorar el 106.º Día Internacional de las y los Afrodescendientes no es, entonces, mirar atrás: es jurarle a ese continuum cimarrón que la comuna tendrá rostro de África. Sigamos, pues, teorizando desde el hacer colectivo, porque la Revolución Bolivariana, como la liberación africana, «nadie la hará por nosotros».
Referencias
Alcalá Rodríguez, A. (2022). El pueblo como sujeto constituyente: una visión crítica a la luz de la filosofía de la liberación. Nuestra Praxis, 6(11), 129-136.
Badiou, A. (2014). Veinticuatro notas sobre los usos de la palabra «pueblo». En ¿Qué es un pueblo? (1.ª ed., pp. 9-20). Eterna Cadencia.
Cabral, A. (1973). Unidad y lucha. Escritos políticos. Siglo XXI Editores.
Camacho, N. (2007). Resumen referencial del movimiento social afrovenezolano. Red de Organizaciones Afrovenezolanas / Cumbe de Mujeres Afrodescendientes.
Casalla, M. C. (1975). Algunas precisiones en torno al concepto de «pueblo». En G. Maturo (Ed.), Cultura popular y filosofía de la liberación (pp. 33-69). Fernando García Cambeiro.
Chávez Frías, H. R. (2008). El poder popular. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información.
Delgado Vegas, A. J. (2015). La afropolítica como tesis de las y los afrodescendientes en el poder que genera la nueva institucionalidad revolucionaria: La nueva geometría del poder desde la perspectiva afrodescendiente. A.C. Escuela Ideológica Social Afrodiaspórica de Venezuela.
Delgado Vegas, A. J. (2020). Afrovenezolanidad, afropolítica y afrosocialismo: aportes para un proyecto socialista anticolonial/decolonial. Saberes Africanos.
Dussel, E. (2012). Pablo de Tarso en la filosofía política actual. Editorial San Pablo.
Du Bois, W. E. B. (1935). Black Reconstruction in America, 1860-1880. Harcourt, Brace and Company.
Gallardo, H. (1988). El pueblo como actor político y como sujeto histórico. Revista Pasos, 16 (segunda época).
Garvey, M. (1986). The philosophy and opinions of Marcus Garvey (A. J. Garvey, Ed.). Dover Publications. (Obra original publicada en 1923-1925)
James, C. L. R. (1989). The Black Jacobins: Toussaint L’Ouverture and the San Domingo Revolution (2.ª ed.). Vintage Books. (Obra original publicada en 1938)
Ley Orgánica del Poder Popular. (2010). Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 5.960 Ext.
Marcos, D. (2019). Reinventar al pueblo: sujeto político y emancipación. Eikasia. Revista de Filosofía, (83), 143-160.
Rodney, W. (1973). How Europe underdeveloped Africa. Bogle-L’Ouverture Publications.
X, M. (1965). By any means necessary. Pathfinder Press.
*Reseña Biográfica:
Argenis José Delgado Vegas es un destacado educador, investigador y activista internacionalista afrovenezolano con una trayectoria de más de veinte años en la defensa de los derechos humanos y la promoción de la agenda afrodescendiente a nivel nacional e internacional.
Ha representado a la República Bolivariana de Venezuela en múltiples foros y organismos multilaterales, incluyendo UNASUR, MERCOSUR, ALBA, CELAC, CLACSO y el Foro de São Paulo.
Su formación académica combina estudios de posgrado en procesos sociopolíticos de integración y estudios nuestroamericanos, con una sólida experiencia en el diseño de políticas públicas con enfoque étnico-racial, educación intercultural y descolonización del pensamiento.
Ha ocupado cargos de relevancia en el Ministerio del Poder Popular para la Educación, Consejo Nacional para el Desarrollo de Comunidades Afrodescendientes en Venezuela (CONADECAFRO), el Instituto Nacional de la Juventud, Universidad Nacional Experimental del Magisterio (UNEM) y la Universidad Bolivariana de las Comunas (UNACOM)
Es autor de diversas publicaciones y materiales educativos, participando como ponente y facilitador en congresos internacionales en América Latina, el Caribe (México, Cuba, Guatemala, Costa Rica, Cuba, Panamá, Curazao, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay); Europa ( España y Portugal) y África (Cabo Verde, Senegal, Congo y Kenia).
Su labor ha sido reconocida por instancias legislativas nacionales de los estados Aragua, Carabobo , Yaracuy , Lara, Falcón, Zulia , Apure y Guárico, y su compromiso con la causa afrodescendiente lo posiciona como un referente en la materia tanto en Venezuela como en el ámbito internacional.



