Quirno aseguró que la estrategia oficial comenzó a diseñarse varios meses atrás

Mario Hernandez
El canciller Pablo Quirno rechazó que las recientes medidas del Gobierno de Javier Milei por las Islas Malvinas hayan surgido a partir de la bandera exhibida durante el Mundial 2026 o de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
A través de una publicación en sus redes sociales, el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto defendió el trabajo realizado de manera conjunta con el Ministerio de Defensa, encabezado por Carlos Presti, y aseguró que existe una estrategia integrada para Malvinas y el Atlántico Sur.
Quirno salió así al cruce de las versiones que relacionaron las últimas decisiones adoptadas por la Casa Rosada con episodios recientes vinculados al reclamo de soberanía argentino. “Cuando dicen que fue la bandera del Mundial o las declaraciones del presidente Trump para minimizar el trabajo realizado durante meses para llegar a articular una estrategia integrada de defensa de nuestros intereses en Malvinas y el Atlántico Sur…”, escribió el canciller.
En su publicación, Quirno citó un mensaje de Presti referido a una reunión realizada en mayo en la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego, con el objetivo de remarcar que la planificación comenzó meses antes de los acontecimientos que ahora quedaron en el centro de la discusión.
Las declaraciones del canciller se produjeron después de la cadena nacional de Javier Milei, en la que el Presidente anunció nuevas medidas contra las compañías que participen de actividades hidrocarburíferas en las Islas Malvinas sin autorización argentina. En ese contexto, Quirno lanzó una fuerte advertencia a unas 180 empresas vinculadas directa o indirectamente con la explotación de hidrocarburos en el archipiélago.
El Gobierno pretende que esas compañías deban optar entre continuar con sus operaciones relacionadas con Malvinas y exponerse a sanciones por parte del Estado argentino, o abandonar su participación en esos proyectos.
Durante su exposición en la 47.ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el canciller explicó que la estrategia no apunta únicamente a las petroleras que desarrollen actividades en las islas, sino también a las empresas que les proporcionen diferentes tipos de servicios. El objetivo, según detalló, es ampliar el alcance de las sanciones a toda la estructura que permite desarrollar los proyectos hidrocarburíferos.
Qué empresas podrían ser sancionadas por operar en Malvinas
Quirno sostuvo que el nuevo decreto reglamentario busca, además, acelerar los procedimientos para aplicar sanciones contra las compañías involucradas. “Un decreto reglamentario para darle celeridad a las sanciones a las compañías que operen en Malvinas, las compañías que operen en Malvinas más sus proveedores de servicios petroleros, de servicios financieros, de servicio de seguro, etc.”, explicó.
El Gobierno busca ahora avanzar con la aplicación de las nuevas herramientas para presionar a las compañías extranjeras involucradas en la explotación de hidrocarburos en Malvinas y el Atlántico Sur, en el marco del reclamo argentino de soberanía sobre el archipiélago.
SLB, ex Schlumberger, Halliburton y Baker Hughes anunciaron que acatarían las advertencias argentinas
Primero había sido SLB, la ex Schlumberger, la mayor proveedora de servicios petroleros del mundo, anunciando que acataría las advertencias argentinas y no tendría negocios con las empresas del proyecto petrolero ‘Sea Lion’ en Malvinas. Y horas más tarde las estadounidenses Halliburton y Baker Hughes asumieron similar compromiso, ratificando que “respetan la soberanía argentina” en las islas y no harán trabajos con los kelpers.
Los pronunciamientos de las tres empresas fueron celebrados por YPF, que destacó la continuidad de su actividad en la Argentina.
SLB había informado que “en atención a lo establecido por el Decreto 868/26 del Poder Ejecutivo Nacional, no está participando ni tiene previsto participar en procesos de licitación que tengan por objeto la prestación de servicios para proyectos hidrocarburíferos en las Islas Malvinas, así como en los espacios marítimos circundantes”. La compañía reafirmó además “su compromiso con el cumplimiento de las normas vigentes”.
Halliburton y Baker Hughes
Por su parte, Halliburton Argentina afirmó que “respeta la soberanía de la República Argentina” y remarcó que no participa en el Proyecto Sea Lion “en ninguna actividad relacionada de exploración o producción que se lleve a cabo en torno a las Islas Malvinas”.
La firma agregó que desarrolla sus operaciones “en pleno cumplimiento de las leyes y regulaciones de la República Argentina”.
En tanto, Baker Hughes Argentina destacó que “no participa ni tiene previsto participar en procesos de licitación que tengan por objeto la prestación de servicios para proyectos hidrocarburíferos en las Islas Malvinas, así como en los espacios marítimos e insulares circundantes”.
La empresa también reafirmó su compromiso con la normativa vigente en la Argentina y señaló que contribuye al desarrollo de la industria energética del país desde hace más de 70 años.
Tras los pronunciamientos, YPF celebró la posición de las compañías: “Que las principales compañías de servicios del mundo (SLB, Halliburton, Baker Hughes) sigan apostando por YPF y por la Argentina es una señal muy clara de todo lo que tenemos por delante”. “Gracias por el apoyo”, concluyó YPF.
Argentina y Chile no logran salir de la tensión diplomática
Una declaración del canciller argentino, Pablo Quirno, que ha dicho que su país es “bicontinental y bioceánico” ha desatado las críticas en la nación vecina, y ha reactivado un conflicto que parecía haber quedado zanjado el pasado jueves, en la reunión entre el presidente chileno, José Antonio Kast, y su par argentino, Javier Milei.
Parlamentarios chilenos del oficialismo de derecha y de la oposición de izquierda han exigido a la Cancillería, encabezada por el ministro Francisco Pérez Mackenna, que reaccione ante esta nueva polémica.
El conflicto ha surgido a partir de una entrevista del canciller Quirno al canal de televisión América 24, emitida el pasado jueves. El ministro se refirió al anuncio de Milei sobre la creación de una base naval en Tierra del Fuego con el propósito de ubicar al país como “un polo logístico central del Atlántico Sur” y fortalecer su proyección geopolítica en la estratégica región de la Antártida. “Esa base naval es justamente algo que Argentina necesita hace muchísimo tiempo. Argentina es un país bicontinental, bioceánico y lo que tiene que hacer es justamente fortalecer su presencia en el Atlántico Sur, porque es el camino a la Antártida”, dijo el jefe de la diplomacia argentina.
La condición de país bicontinental de Argentina es un asunto de controversia para Chile. El Protocolo de 1893, complementario al Tratado de Límites de 1881, establece que la soberanía argentina se extiende hacia el océano Atlántico y que la chilena lo hace en el Pacífico. En estas circunstancias, Chile no puede pretender ningún punto de proyección hacia el Atlántico, así como Argentina no lo puede hacer hacia el Pacífico.
Quirno entregó la declaración el mismo día que Milei viajó a Santiago para participar del Foro Madrid y para sostener una breve reunión con Kast en el palacio de La Moneda. En un comunicado conjunto, los mandatarios afirmaron que en su conversación “constataron el excelente estado de la relación bilateral y alto nivel de coincidencias existentes entre ambos gobiernos”. El texto destacó que los tratados vigentes entre Chile y Argentina avalan la soberanía chilena sobre todo el Estrecho de Magallanes.
Los dichos del Canciller argentino se han sumado a una declaración de la senadora Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad de Milei también ha hablado sobre la situación del sur de Argentina con una mención al Estrecho de Magallanes. “El concepto de soberanía no es quién tiene un título de propiedad, el concepto de soberanía es cómo estamos puestos en los lugares que nuestro país tiene que defenderse: en la frontera norte contra la droga, en la frontera sur en lo que es la lucha por la recuperación de las Malvinas, y el control del Atlántico Sur, del Estrecho de Magallanes, de la llegada a la Antártida”, ha declarado Bullrich en una entrevista con Radio Mitre.
El sábado, y ante el revuelo por sus declaraciones, el ministro Quirno ha publicado un mensaje en su cuenta de X, en donde ha buscado aclarar el tono de sus afirmaciones. “Cuando hablé de la condición bicontinental y bioceánica de la Argentina me referí a lo que dije a continuación en esa misma entrevista: ‘…fortalecer nuestra presencia en el Atlántico Sur, que es el camino hacia la Antártida”, ha escrito. El Canciller ha enfatizado que su país cumple con los pactos fijados junto a Chile. “Nuestra posición es clara: trabajar siempre de buena fe, honrar la palabra empeñada y cumplir plenamente los tratados y acuerdos vigentes. Es una política inequívoca del presidente Milei”, ha planteado.
El canciller argentino también ha reflexionado sobre la relación entre las naciones a partir de su proximidad en la Patagonia. “El sur no es el final del mapa: es desde donde Argentina y Chile miramos el mundo. En la zona austral y en la Antártida compartimos intereses, responsabilidades y enormes oportunidades de cooperación”, ha dicho.
La inquietud de los parlamentarios chilenos
Las palabras del canciller Quirno y de la senadora Bullrich habían inquietado a diputados y senadores chilenos. En el oficialismo, el senador Iván Moreira, de la UDI, ha dicho que el Gobierno de Kast “no puede dejar pasar” este episodio. “Nosotros seguimos poniendo la otra mejilla y creo que eso tiene que terminar. Chile ha dado señales suficientes de buena voluntad, pero una relación sana no puede construirse si permanentemente tenemos que estar respondiendo declaraciones que afectan nuestros intereses o pretenden relativizar nuestra soberanía”, ha declarado.
El diputado republicano Alejandro Riquelme, que representa a la región de Magallanes, también ha manifestado su preocupación. “El Protocolo Adicional y Aclaratorio de 1893 estableció expresamente que Chile no puede pretender punto alguno hacia el Atlántico y que Argentina no puede pretender punto alguno hacia el Pacífico. Este principio, además, fue reiterado en la Declaración Presidencial suscrita por Eduardo Frei y Carlos Menem en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1998. Lo preocupante es que ya se está haciendo costumbre que autoridades argentinas intenten reinterpretar, relativizar o directamente cuestionar tratados y acuerdos internacionales que resolvieron estas materias hace décadas. Los tratados no pueden respetarse solamente cuando resultan convenientes”, ha manifestado.
La oposición también ha expresado su rechazo a las declaraciones de las autoridades argentinas. El senador liberal, Vlado Mirosevic, ha exigido a la Administración de Kast tener “más firmeza” ante estas situaciones, a pesar de la cercanía ideológica entre ambos gobiernos. “La amistad entre Kast y Milei debe estar en un segundo plano, porque aquí se trata de defender los intereses de Chile y además porque dicha amistad no ha significado ventaja alguna, por el contrario, en este período entre ambos presidentes surgen polémicas recurrentes”, ha dicho Mirosevic. El diputado socialista, Nelson Venegas, ha recordado que el presidente chileno no ha pedido a su par de argentino que derogue un decreto que considera al Estrecho de Magallanes como un espacio compartido. “El presidente argentino vino a nuestro país, no firmó el decreto, humilló y se rió de gran parte de los chilenos. El presidente chileno no solo no dijo nada, sino que, además, lo imitó. Más tarde en la noche, el presidente argentino nos involucró en el conflicto de las Malvinas con los ingleses. Y luego, el Canciller argentino sale con esta declaración”, ha manifestado Venegas.
El tablero austral: por qué Malvinas vuelve a valer un continente
Por María Fernanda de la Quintana
Malvinas volvió al centro del debate geopolítico global, pero el guion cambió. Ya no alcanza con leerla como una disputa de soberanía congelada en 1982: hoy el archipiélago concentra petróleo, rutas marítimas, proyección antártica y, cada vez más, la carrera mundial por los minerales críticos que sostienen la infraestructura de la Inteligencia Artificial. Cuatro capas de un mismo tablero, y las cuatro convergen en el Atlántico Sur.
Sea Lion: la capa petrolera
El yacimiento offshore Sea Lion, en la cuenca norte de Malvinas, guarda unos 1.700 millones de barriles recuperables: más petróleo del que le queda al Reino Unido en cualquier otro yacimiento propio. Con el estrecho de Ormuz bajo tensión permanente, esa reserva deja de ser un asunto londinense y pasa a integrar el mapa de abastecimiento occidental.
Para la Argentina el problema desborda la renta que pierde. Cada plataforma que se instala, cada licencia que otorga Londres y cada barril que se extrae agrega un hecho consumado sobre un territorio en disputa: la explotación construye soberanía de hecho mientras la diplomacia argentina la sigue discutiendo en los foros.
La capa que falta nombrar: la IA también busca recursos en el Atlántico Sur
Hay una disputa que todavía no entró de lleno en la conversación sobre Malvinas y que explica el momento tanto como el petróleo: la carrera global por los minerales críticos que alimentan la infraestructura de la Inteligencia Artificial. Cobre, litio, níquel, grafito, tierras raras: los centros de datos, las redes de transmisión, los semiconductores y los sistemas de cómputo avanzado dependen materialmente de ellos. Esa demanda ya llevó a Washington a declarar los minerales estratégicos un asunto de seguridad nacional y a organizar, junto a otros países aliados, una asociación para disputarle a China el control de esas cadenas de suministro.
El calentamiento global corre el límite físico de esa carrera hacia el sur. Un estudio publicado este año en Nature Climate Change proyecta que hacia el año 2300 podrían quedar libres de hielo más de 120.000 kilómetros cuadrados de territorio antártico, una superficie del tamaño de Pensilvania. El Protocolo de Madrid prohíbe hoy cualquier explotación minera en la Antártida y esa prohibición recién puede revisarse a partir de 2048, pero la posibilidad ya entra en los cálculos de largo plazo de las potencias con presencia en la región. Defender Malvinas y su proyección antártica es, también, ocupar una posición de salida en ese tablero de recursos que todavía no se abrió. Por eso la infraestructura naval en Tierra del Fuego dejó de ser un gesto simbólico.
Mount Pleasant: la capa militar, con números
La base aérea de Mount Pleasant sostiene la ocupación británica con capacidad de combate real, no solo simbólica. La Royal Air Force mantiene ahí, de forma permanente, cuatro cazas Eurofighter Typhoon FGR4 de la 1435 Flight, respaldados por un avión cisterna Voyager y un transporte Atlas C1, bajo un sistema de alerta de reacción rápida activo las 24 horas. A eso se suma el sistema de misiles Sky Sabre, valuado en 250 millones de libras, capaz de derribar aviones, drones y bombas guiadas por láser. Según la rotación, la base sostiene entre 1.000 y 1.200 efectivos permanentes entre personal de la RAF, ingenieros y unidades del Ejército británico.
Ningún país despliega ese poder de fuego para administrar una colonia sin valor estratégico. Mount Pleasant es la garantía material de que el control británico sobre Sea Lion, sobre las rutas del Atlántico Sur y sobre el acceso a la Antártida no se negocia: se defiende con radares, misiles y cazas en alerta permanente.
Ushuaia y el Pasaje de Drake: la capa logística
Frente a ese despliegue, la Base Naval Integrada de Ushuaia no es un gesto declamatorio: es la única plataforma con la que cuenta la Argentina para disputar presencia material en el extremo austral. El Pasaje de Drake conecta el Atlántico con el Pacífico y funciona como corredor logístico hacia la Antártida; quien controla los puertos, la vigilancia y la capacidad de respuesta en ese corredor decide quién tiene presencia real en el sur y quién queda reducido a reclamarla por escrito. Sin infraestructura propia, la soberanía se convierte en una declaración diplomática sin correlato material.
Washington entra al tablero, aunque todavía no lo dice del todo
La hipótesis de que este guión «se escribió en el Pentágono» tiene anclaje concreto. Estados Unidos enfrenta un Medio Oriente inestable, un Reino Unido que no lo acompañó militarmente contra Irán y una competencia abierta con China por minerales críticos. En ese contexto, una reserva de 1.700 millones de barriles bajo control unilateral británico —sumada a un corredor antártico con reservas todavía sin explotar— deja de ser «un asunto de Londres» para convertirse en una pieza del mapa de seguridad energética y mineral que Washington viene construyendo desde el gobierno de Trump. Que el propio Trump dejara abierta, por primera vez, la posibilidad de revisar la neutralidad estadounidense sobre la soberanía de las Islas tiene la lógica calculada de la ambigüedad imperial: alcanza para presionar a Londres y usar a la Argentina de plataforma, sin pagar el costo político de una definición formal. Ese amague sin firma es, también, una forma de ejercer poder.
El nudo: soberanía declarada, dependencia ejercida
El patrón se repite en miniatura, y esta vez tiene fecha: 24 de agosto de 2026. En enero, la Nación le quitó a Tierra del Fuego el manejo del puerto de Ushuaia invocando su valor estratégico. Siete meses después, esa misma administración autorizó que el VS Promise —un petrolero registrado en Isla de Man, dependencia de la Corona británica— amarrara catorce horas en ese muelle para aprovisionarse. El gobierno de Tierra del Fuego denunció la escala como una violación directa del artículo 2 de la Ley Gaucho Rivero, que prohíbe el amarre, el abastecimiento y las operaciones logísticas de buques de bandera británica o de conveniencia vinculados con la explotación de recursos en la cuenca de Malvinas.
La Casa Rosada respondió con una lectura estrecha de la misma ley: como el crudo venía de Río Cullen y no de Malvinas, el amarre quedaba afuera de la prohibición. Es el mismo truco de siempre —cuando la ley estorba a un aliado, se la interpreta hasta que deje de estorbar. Se le sacó el puerto a Tierra del Fuego en nombre de la soberanía y se lo abrió, sin fricción, a un buque con pabellón de la Corona. Ese es el tamaño real de la épica malvinera: cabe en catorce horas de escala portuaria y en un artículo de ley leído al revés. Nada de esto es casual, y ahí está lo que Milei no dice en cadena nacional. El petróleo de Sea Lion, los minerales críticos que exige la carrera de la Inteligencia Artificial, el corredor antártico que el deshielo empieza a destapar, la base de Mount Pleasant, el puerto de Ushuaia: todos forman parte de la misma lógica de acumulación operando sobre el mismo territorio. Cuando el capital agota una frontera, abre otra —y el Atlántico Sur, con su petróleo, sus minerales y su llave hacia la Antártida, es la frontera que se está abriendo ahora. Las potencias ya se están disputando ese territorio. La pregunta es si la Argentina va a ocuparlo con soberanía propia o si va a seguir prestando la escenografía para que otros firmen el guion.
Fuentes: Perfil, Resumen Latinoamericano, Telesur


