Còrdoba: Donde desaparece la biodiversidad

CARTA ABIERTA

CÓRDOBA, DONDE DESAPARECE LA BIODIVERSIDAD QUE NI SIQUIERA CONOCEMOS

Por Prof. Dr. Raúl Montenegro, Biólogo.

Director, Campus Córdoba del Right Livelihood College. Presidente de FUNAM. Profesor Titular Plenario en la Cátedra A de Biología Evolutiva Humana, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba.

Email: biologomontenegro@gmail.com

Celular y WhatsApp +54 9 351 5125637

Cifras de Córdoba hoy: quedan menos de 360.000 hectáreas de bosque nativo en buen estado de conservación, de las 12 millones de hectáreas que había a comienzos del siglo XX (sin descontar lo quemado en 2020). De los tres ambientes que caracterizaban a Córdoba (Provincia Biogeográfica Chaqueña, Provincia Biogeográfica del Espinal, Provincia Biogeográfica de la Estepa Pampeana) ya han sido practicamente exterminados el Espinal y la Estepa Pampeana (apenas quedan relictos, los sistemas masivos ya no existen). Incendios hoy: más de 290.000 hectareas quemadas desde enero a fines de septiembre de 2020. Desmontes: más de 37.000 hectáreas entre 2014 y 2019. Biodiversidad? El gobierno (y en general la academia, “mi” academia incluida) no tienen ni idea de lo que existe ambiente por ambiente. Es más fácil hablar de “biodiversidad” que intentar describir “la biodiversidad”. En Córdoba y en Argentina no tenemos mapas de biodiversidad. Se sigue creyendo que los bosques son árboles, los arbustales arbustos y los pastizales pastos.

Peor aún, lo único que se le ocurre al gobernador de Córdoba Juan Schiaretti después de cada temporada de incendios en Córdoba son dudosos y poco transparentes Programas de Reforestación (post fuegos), que no “plantan” biodiversidad.

La única posibilidad de reconquista de la biodiversidad en lugares quemados y desmontados es a partir de la ecosucesión secundaria, esto es, el pasaje paulatino de especies y poblaciones desde ambientes nativos que no se quemaron y no fueron destruidos. La miopía con que se analiza la biodiversidad desde el gobierno e incluso desde las universidades es sorprendente. Hoy desaparecen localmente especies y poblaciones que ni siquiera se sabía que estaban. La biodiversidad comprende desde virus, bacterias y hongos a vertebrados, insectos y plantas verdes. El ser humano ha clasificado en todo el mundo menos de 1,5 millones de especies, pero se estima que la biodiversidad planetaria tiene entre 8 y 30 millones de especies vivas (el 90% insectos). En su inmensa mayoría ni siquiera fueron “bautizadas” científicamente.

Solamente a nivel de virus, organismos a base de ADN o ARN, según el ICTV existen 6.590 especies clasificadas, entre ellas el temible Betacoronavirus SARS-CoV-2 que ha puesto patas para arriba la humanidad. Pero la cantidad de especies estimadas y sin clasificar de virus se ubica entre 500.000 y 1.000.000 de especies.

Y cuando decimos que la biodiversidad se desconoce no solamente hacemos referencia a la diversidad “específica”, de especies, y de diversidad “genética” (la cantidad de individuos de cada especie) sino al menos evaluado espectro de ecoespecies (poblaciones de la misma especie que viven desde hace generaciones en diferentes ambientes y situaciones geográficas).

Córdoba se desangra de biodiversidad sin que siquiera sepamos lo que se perdió y está perdiendo. Y como no hay Mapa de Biodiversidad, ni se han medido sistémica y sistemáticamente los índices de biodiversidad, apenas podemos balbucear que solo queda menos del 3% de bosque nativo en buen estado de conservación.

Los árboles porque se quedan quietos, las aves porque son bonitas y los pastizales de altura de las sierras de Córdoba porque conmueven solo son parte de una biodiversidad desconocida.

Estamos agotados de gritarle a los gobiernos y a buena parte de los sistemas académicos, que se olvidaron de la biodiversidad “en serio”. Casi nadie habla de las marchas de la hormiga legionaria Neivamyrmex, practicamente desaparecida de las sierras, ni de las bacterias y virus de los suelos, ni de las especies raras de nuestros ambientes nativos, ni de la hipérbola equilátera, la curva de la biodiversidad que caracteriza a los ecosistemas nativos, en que se relacionan especies y poblaciones por especie.

La humanidad está viva gracias la biodiversidad y a la diversidad ecológica, y sus “servicios ecosistémicos”. Con mucho sufrimiento la humanidad se puede adaptar al Cambio Cimático Global, pero no hay supervivencia posible “sin” biodiversidad nativa.

Aún sabiéndolo hay gente que incendia y deforesta, se siguen aplicando a mansalva más de 350 millones de litros o kilogramos de plaguicidas por año -otra de las fuentes silenciosas de destrucción de la biodiversidad- y se incorporan sin Evaluación de Impacto ambiental eventos transgénicos como el trigo modificado genéticamente para resistir sequía y glufosinato.

Bioceres, Bayer-Monsanto Syngenta y otras corporaciones aumentan la biodiversidad no probada -e indeseada- mientras sucumbe la biodiversidad que nos da vida.

Sectores corporativos y gubernamentales intentan archivar el proyecto de Ley de Humedales; se beneficia con retenciones a las megamineras y los señores de la soja, entre ellos al grupo Grobocopatel; se protege descaradamente a los grandes terratenientes extranjeros como Joe Lewis que usurparon con dudosos papeles tierras ancestrales de pueblos indígenas; se pretende la cría masiva de cerdos para exportarlos a China y se pretende importar su reactor nuclear Hualong One, experimental, tan peligroso como los reactores ya instalados Atucha I, Atucha II, Embalse y los en construcción Carem 25 y RA-10. Todas estas iniciativas tienen algo en común: amenazan la agonizante biodiversidad nativa.

Hay algo que no está funcionando en nuestra percepción del ambiente, y en nuestras sociedades. Ignoramos criminalmente la diversidad cultural al no asumir que somos un país multiétnico, donde desaparecen pueblos originarios y lenguas. Donde la matanza de hermanos Qom en Napalpí por la Gendarmería recién fue reconocida por la justicia civil ahora. Donde naturalizamos la pobreza y la riqueza, ambas inaceptables. Donde toleramos la inequidad, el hambre y la corrupción, que afortunadamente se ha vuelto delito inprescriptible. Donde una provincia de Córdoba es arrasada por el fuego mientras un gobernador se apura a declarar la Emergencia Agropecuaria, que beneficia sobre todo a la Mesa de Enlace rural, y deja que sucumba la biodiversidad bajo el fuego demorando pedidos de auxilio a otras provincias, sin haber hecho prevención y preparación para fuegos que todos sabíamos iban a ser graves.

Algo funciona definitivamente mal cuando nos vemos forzados a a denunciar penalmente al gobernador Juan Schiaretti por incumplir sus funciones ante los incendios (la acción que Juan Smith y yo iniciamos en la Justicia Provincial, Distrito 2, Turno 5).

Algo está muy mal cuando los funcionarios de Juan Schiaretti se limitan a declarar en conferencia de prensa -silenciosamente molestos por la denuncia penal- que Córdoba tiene el mejor Plan Provincial de Manejo del Fuego de Argentina. Una humorada inaceptable con trasfondo trágico.

Quienes habitan Córdoba, y quienes habitan otro lugares, y países, deben saber que en función de todos los números descritos arriba -y muchos otros- la provincia vive la peor catástrofe ambiental de toda su historia, porque nunca antes hubo tan poco ambiente nativo, tanta destrucción en unos pocos meses, y tanta irresponsabilidad gubernamental.

Pero no solo vivimos esa peor catástrofe, con fuegos que continúan mientras escribo esta carta abierta. La provincia de Córdoba tiene hoy la mayor vulnerabilidad de toda su historia a las sequías, a las lluvias, a los vientos y a las tormentas.

Parafraseando a Martin Luther King la gran tragedia de los pueblos no son solamente los rugidos de los gobernantes autoritarios e incompetentes, sino también el silencio de la gente buena. Urge que el rugido de los incompetentes no quede impune.

Hasta tanto haya castigo judicial a los responsables gubernamentales por sus incumplimientos -algo dificil en una provincia donde el poder ejecutivo tiene un fuerte apoyo de sectores del poder judicial- urge multiplicar el castigo social. Un castigo social contundente, respetuoso de las leyes. Un castigo social a fuerza de tinta, teclados, redes sociales, medios de comunicación sensibles, protestas que respeten los protocolos, presentaciones judiciales, pedidos de juicio político y cuanta herramienta lícita tengamos a mano.

Es necesario nuestro rugido, no solamente por nosotros y por nuestras familias y nuestras comunidades y por la naturaleza, sino también por las generaciones de cordobeses que todavía no nacieron, y que siguen amenazadas por corporaciones insensibles, funcionarios incapaces y personas que se inclinan ante el poder político partidario y económico.

Nunca tanto como hoy resuenan las palabras de Sandro Pertini: “A veces hay que luchar no solamente sin miedo, sino también sin esperanza”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *