Así lo dio a conocer el propio Boris Mauricio Betancourt Hernández, quien desde el 2024 cumple sentencia por tráfico de estupefacientes en el Centro de Máxima Seguridad “La Nueva Joya”, en una carta pública en la que manifiesta su agradecimiento al gobierno y pueblo panameños.
En dicha carta, escrita a mano y que divulgó en redes sociales, agradece en primer lugar al Presidente panameño José Raúl Mulino Quintero, a quien reconoce su “liderazgo soberano y responsable demostrado al denegar la solicitud de extradición presentada por la dictadura de los Castros-Díaz Canel”.
También extiende su reconocimiento al Sr. Javier Martínez-Acha Vázquez, ministro de Relaciones Exteriores del país istmeño, y a todo el equipo gubernamental que –según afirma- actuó con responsabilidad institucional, apego a su legalidad y sensibilidad humana.
Pero en su misiva no mencionó sus vínculos con redes del narcotráfico en la región y, menos aún, que en el momento de su detención les fueron incautados dos kilogramos de marihuana. Por ello las autoridades panameñas lo encarcelan.
También “olvidó” referir que desde el 2013 tiene notificación roja por Interpol, debido a que por varios años introdujo drogas en la Mayor de las Antillas logrando obtener ganancias por unos 3 millones de dólares. Ello está ampliamente documentando por las autoridades judiciales cubanas y sustentan su solicitud de extradición al Gobierno panameño.
Sin embargo, desde que permanece en la penitenciaría “La Nueva Joya”, insiste en victimizarse, mostrándose como un “refugiado político y defensor de los derechos humanos” que es víctima de una supuesta persecución política, incluso transnacional, por parte del Gobierno cubano.
Una artimaña utilizada recurrentemente por delincuentes y terroristas cubanos detenidos en la Isla que, por arte de magia, se transforman en “presos políticos o de conciencia”. Así buscan obtener visibilidad mediática, además del apoyo de organizaciones anticastristas en Miami, las que también los aprovechan para sustentar su permanente campaña propagandística anticubana. En fin, una relación de muto beneficio.
Pero en su caso, al estar detenido en Panamá, su objetivo con esa estratagema era otro: engañar a las autoridades panameñas para evadir su extradición y así no tener que responder por sus delitos de narcotráfico en la isla.
Con ese propósito se fabricó un irreal historial como “opositor político” que, según él, inició en el 2001, con solo 15 años de edad, al firmar –lo que a todas luces es incierto, pues por ser menor de edad no tendría validez legal- el llamado Proyecto Varela que promovió, sin éxito, el contrarrevolucionario Oswaldo Payá Sardiñas.
Como parte de su falso disfraz de “activista político” afirma que en Cuba estuvo “años encarcelado”. Una afirmación bastante ambigua que de inmediato genera dudas al no precisar el tiempo que permaneció preso ni el centro penitenciario donde cumplió sentencia.
Pero supongamos que es cierto lo que alega y que ingresó en prisión en el 2004 (con 18 años que es la mayoría de edad reconocida legalmente en Cuba); en este caso sólo estuvo 4 años preso, pues en el 2009, con 23 años, se marchó del país rumbo a los Estados Unidos.
Ahora eso sí, no escatimó en repetir las mismas calumnias de que estando encarcelado fue sometido a “tortura físicas y psicológicas, humillaciones, falta de atención médica y maltratos de todo tipo”. El mismo guión fabricado que ya conocemos. Pero lo cierto es que este individuo nunca puso un pie en ningún centro penitenciario cubano.
En eso se resume la supuesta trayectoria de este falso activista político, quien solo menciona haber colaborado con dos “opositores” en Cuba: Oswaldo Payá Sardiñas y Adrian Leyva. Por cierto los dos ya fallecidos. También resulta inverosímil que de los llamados opositores dentro o fuera de Cuba tampoco mencionen su caso y ni siquiera se solidaricen con su situación.
Pero eso no es todo. También miente al aseverar que en el 2019 creó la supuesta organización anticubana que nombró “Camino a la Democracia Pacífica de Cuba”, la que integran además de él, su madre Mileidys Hernández, y la vocera panameña y cómplice Katerine Lisseth Torres González, quien viene realizando esfuerzos en la captación de jóvenes panameños para realizar acciones subversivas contra Cuba con la promesa de Betancourt Hernández de financiarlos.
Sin embargo, de acuerdo al perfil en Instagram de esa pseudo organización anticastrista fue creada en el 2024, es decir, el mismo año en el que este narcotraficante ya se encontraba detenido en “La Nueva Joya”. Ello evidencia que fue creada con el deliberado propósito de publicitar su imagen de “refugiado político” en Panamá.
Su otro objetivo era lograr el apoyo de legisladores cubanos americanos de Florida, así como también el de algunos “líderes” de organizaciones anticastristas de línea dura del llamado exilio histórico en Miami. No obstante, a pesar de sus ingentes esfuerzos, al menos públicamente, no ha logrado ese apoyo ni siquiera de Rosa María Payá a pesar que intentó seducirla al mencionar y alabar a su padre (Payá Sardiñas).
Para evitar su extradición, familiares, allegados y sus abogados repiten una y otra vez que temen por su vida si lo regresan a Cuba. Aseguran podría ser condenado a pena de muerte o cadena perpetua. Una tesis que carece de seriedad al desconocer con toda intencionalidad que la pena de muerte no se aplica en la isla hace 23 años (y nunca se impuso a un narcotraficante); y la cadena perpetua, es de acuerdo a la gravedad del delito y grado de participación del imputado, como sucede en muchos países.
Una fuente que lo conoció durante su “exilio político” en Costa Rica comentó –a condición de conservar su anonimato- que Betancourt Hernández llegó al país centroamericano en el 2016 procedente de Tampa, Estados Unidos, a dónde había emigrado en el 2009. Allí, según él mismo le contó, estuvo involucrado en un delito de clonación de tarjetas de crédito, por el cual fue sancionado a 6 años de prisión, pero sólo cumplió 2.
De acuerdo a la misma fuente, estando en prisión estableció relación de amistad con el narcotraficante cubano Neftalí García Testa, quien lo introdujo en el negocio del narcotráfico y le facilitó los contactos en Cuba para los envíos y comercialización de drogas.
Cuando García Testa sale de la prisión se establece en Costa Rica. Desde allí organizó entre el 2011 y el 2016 el envío de drogas al territorio cubano hasta que fue detenido. Y en el 2019 las autoridades costarricenses lo deportan a Cuba en respuesta a una orden de captura internacional de la oficina de Interpol en La Habana.
Con la caída en desgracia de García Testa, Betancourt Hernández es quien desde Costa Rica asume el liderazgo en el envío de drogas al territorio cubano. Pero en el 2020 se ve forzado a abandonar este país. La causa de su salida aún no está clara, pero –según precisa la misma fuente- informaciones sin confirmar lo relacionan con el asesinato a balazos del ciudadano cubano de 36 años Jorge Rafael Rosales Bruzó, quien pertenecía a su red delictiva.
Al marcharse de Costa Rica establece su base de operaciones en Cancún, México, desde donde continúo enviando drogas al país antillano, empleando también la vía marítima. Y luego decide trasladarse a Panamá dónde ya conocemos la historia.
En fin, una apretada síntesis de su historial delictivo que él insiste en ocultar tras esa ficción de “perseguido político” para burlar su extradición. Para ello se presenta como una mansa oveja que pudiera ser sacrificada.
Las autoridades panameñas no deberían dejarse embaucar por este delincuente ni aceptar presiones de nadie, ya sean nacionales o foráneas. Y les sería útil tener presente ese pasaje bíblico que advierte: guardaos de falso profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Mateo 7-15.




