La producción de alimentos en Argentina

Nos enfrentamos a un gran problema ambiental asociado a nuestro modo de producción de alimentos. Los daños ocasionados al ambiente y sus habitantes son en muchos casos irreversibles.

Por Marina

Argentina tiene una superficie continental de alrededor de 2,8 millones de kilómetros cuadrados, de ellos aproximadamente 340000 kilómetros cuadrados se destinan a la producción agrícola. Es el tercer productor mundial de miel, soja, ajo y limones; el cuarto de pera, maíz y carne; el quinto de manzanas; el séptimo de trigo y aceites; el octavo de maní.

Históricamente, la producción de alimentos en Argentina estuvo asociada a pequeños y medianos productores y a las economías regionales que abastecían al mercado interno. Con la revolución verde, en la década del sesenta, se comenzó a incorporar nuevas tecnologías pero sobre todo se buscó conseguir el máximo rendimiento de la tierra a fuerza de pesticidas y agrotóxicos.  Aparecieron las primeras semillas transgénicas y empresas destinadas a la investigación y desarrollo de tecnología para la producción agropecuaria.

En la década del noventa, el modelo agroindustrial argentino sufrió cambios importantes: la producción se orientó a la producción de insumos para exportación, se intensificó el uso de tecnologías y agroquímicos y aumentó  la concentración del poder económico de algunas empresas sobre las cadenas de distribución y comercialización, determinando los precios de los productos en detrimento de los pequeños y medianos productores. Comienza a ser hegemónico este nuevo modelo agropecuario denominado generalmente como “agronegocio”.

Concentración de la propiedad

Otro hecho clave fue que muchos terratenientes comenzaron a arrendar sus tierras a los pools de siembra. Pool de siembra es un sistema de producción agraria donde el capital financiero se encarga de la producción agropecuaria mediante el arrendamiento de grandes extensiones de tierra y la contratación de equipos de siembra, fumigación, cosecha y transporte, etc.

Los pools de siembra favorecen la concentración del uso de la tierra, desplazan a los pequeños y medianos productores.

Estos pools de siembra se dedican fundamentalmente al cultivo de soja (638.000 hectáreas sembradas con soja y bajo un sistema de siembra directa)  y maíz transgénico en rotación, producidos para exportación que en muchos lugares desplazó al tradicional girasol, arroz algodón, trigo y sorgo, que abastecían al mercado interno. Además de otros productos comercializados por las grandes multinacionales semilleros, que no pueden ser reproducidos por los productores o por los cuales se deben pagar patentes.

Impacto ambiental

Sostener este modelo de producción agrícola solo es posible a un alto costo ambiental. Los monocultivos de soja requieren el uso de grandes cantidades de productos agroquímicos (fertilizantes y pesticidas) para aumentar el rendimiento de suelos empobrecidos y para acabar con plagas y patógenos contra los cuales las variedades sometidas a un cultivo intensivo presentan alta resistencia.  Recientemente CASAFE (Cámara de Agrotóxicos Argentina) informó la evolución de su mercado: el consumo de pesticidas aumentó 858% en los últimos 22 años, la superficie cultivada lo hizo en un 50% y el rendimiento de los cultivos solo aumentó un 30%.

Detrás de la explosión del boom de la soja crecen progresivamente los testimonios y estudios que dan cuenta de los efectos nocivos en la salud de los pobladores rurales que ocasionan los plaguicidas utilizados en estas producciones. Pérdida de embarazos, malformaciones genéticas, mutaciones, cáncer, leucemia, afecciones respiratorias severas son sólo algunos de los problemas de salud cada vez más recurrentes. Recientemente, cantidades significativas de glifosato (herbicida más usado en Argentina) fueron detectadas en el agua de lluvia de muestras tomadas en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

Sumado a esto, en los últimos años se hizo notoria la desaparición cada vez más pronunciada de bosques nativos y la ampliación de las fronteras agrícola-ganaderas. Según Greenpeace el 36,3% de la superficie deforestada el año pasado en Santiago del Estero, Chaco, Formosa Salta fue en bosques nativos que están legalmente protegidos por su alto valor de conservación.  La causa es  el avance de la frontera agropecuaria para el cultivo de soja transgénica.  En estas zonas los bosques juegan un papel fundamental en la regulación climática, en el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua, y la conservación de los suelos.  Sin la vegetación propia del lugar, se acelera el escurrimiento superficial de las lluvias y aumenta el riesgo de inundaciones y deslaves.

Desertificación y desplazamiento de trabajadores

Otro  problema asociado al cultivo de una sola especie de manera masiva es que  provoca la pérdida mucho más veloz de un solo tipo de nutrientes y la consecuente degradación del suelo.  La agroindustria intenta resolverlo con el uso intensivo de fertilizantes, pero el proceso de desertificación, más tarde o más temprano se hará visible.  Además la sustitución de gran parte de las especies vegetales por una sola, genera que todos los animales que se sustentaban en esas plantas desaparecerán, así como sus depredadores. La pérdida de biodiversidad  ha puesto en peligro a la fauna y flora nativa.

Otro efecto de este desarrollo es que por la maquinaria de alta precisión que se utiliza han tenido que migrar a los grandes asentamientos urbanos cientos de miles de trabajadores rurales;  al lado de los terratenientes (grandes y chicos) han aparecido “pooles de siembra” y  contratistas de maquinarias a través de los cuales se ha tercerizado casi todo el trabajo agrícola. Es decir que este modo de producción no ha generado empleo en los lugares donde se asienta.

El problema es la forma de producción

Nos enfrentamos entonces  a un gran problema ambiental asociado a nuestro modo de producción de alimentos. Los daños ocasionados al ambiente y sus habitantes son en muchos casos irreversibles. Cobra sentido pensar la agricultura agroecológica, respetuosa del entorno y de los procesos naturales, basada en el cuidado la biodiversidad y los ciclos adaptados a las condiciones locales, sin usar insumos que tengan efectos adversos. Un modo de producción que combine avances científicos con formas de producción ancestrales. La forma de producción actual no contempla a los pequeños productores y encarece los alimentos para la mayoría del pueblo trabajador y por eso es insostenible a largo plazo. El beneficio económico de unos pocos tiene consecuencias en la salud de muchos y va en detrimento del entorno en que vivimos.


Fuente: https://periodicoelroble.wordpress.com/2019/09/11/la-produccion-de-alimentos-en-argentina/

Un Comentario

  • Creo que una parte importante de esta problemática, es que se siga sosteniendo que en Argentina se produce alimentos, ya que, como debería saberse, la soja y el maíz es producido con la lógica de ser pienzo o alimento balanceado para animales de cría en Asia, o como biocombustible… Esa es la gran falacia, no se utiliza el suelo para producir alimentos, sino que están pensados para ser procesados por la agroindustria como insumo para productos procesados, o ser exportados…

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