El índice de aprobación del presidente Donald Trump —34% a mediados de julio— ha variado poco en los últimos meses. Sin embargo, es inferior al índice de su primer mandato —40% en agosto de 2018— y al de la mayoría de los presidentes recientes en etapas similares de sus mandatos, informó pewresearch.org.

Por Mario Hernandez
El índice de aprobación de Trump en este momento es similar al de Biden en 2022 -37%-, pero inferior al de otros presidentes recientes.
En contraste, los índices de aprobación de Trump durante los primeros años de su primer mandato fueron más estables.
La disminución de los índices de aprobación desde la toma de posesión hasta las elecciones de mitad de mandato no es inusual en las presidencias recientes: los expresidentes Joe Biden, Barack Obama, Bill Clinton y Ronald Reagan experimentaron descensos en sus índices de aprobación durante los primeros años de sus presidencias.
Pero Obama, Clinton y Reagan tuvieron índices de aprobación sustancialmente más altos que el índice actual de Trump en momentos similares en el período previo a sus primeras y segundas elecciones de mitad de mandato:
Obama: 47% en agosto de 2010 y 44% en julio de 2014
Clinton: 45% en julio de 1994 y 63% a principios de agosto de 1998
Reagan: 42% en julio de 1982 y 63% en julio de 1986
Otros dos predecesores de Trump, George W. Bush y su padre, George H.W. Bush, tuvieron índices de aprobación relativamente altos en el verano y otoño de su segundo año en el cargo, tras grandes aumentos al comienzo de sus presidencias. El índice de aprobación de George W. Bush aumentó drásticamente después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, mientras que el de George H.W. Bush aumentó en 1989 tras la invasión estadounidense de Panamá y nuevamente en agosto de 1990 con la respuesta de Estados Unidos a la invasión iraquí de Kuwait.
Elon Musk anunció que prepara un millonario desembolso para impulsar la carrera de integrantes del Partido Republicano en las elecciones legislativas
Musk reactivará la maquinaria que lo convirtió en el mayor inversor en el regreso de Donald Trump al poder en 2024. Su plan es relanzar América PAC, la organización política que gastó más de 260 millones de dólares en la campaña de Trump. “America PAC fue un socio esencial de nuestra histórica campaña en 2024, y su regreso para 2026 es un enorme impulso para los republicanos de todo Estados Unidos”, dijo el asesor político de Trump, James Blair, a Axios. Esta organización centraría su estrategia de campaña en el contacto puerta a puerta, la publicidad digital y el correo directo con votantes conservadores con menos probabilidades de querer participar en las elecciones de noviembre. Por ahora, Elon Musk no ha precisado cuántos millones de dólares desembolsaría para que el gobierno de Donald Trump no sea derrotado en los próximos comicios de medio término.
La intervención de Musk podría dar un impulso significativo al oficialismo trumpista ante los bajos índices de aprobación del presidente norteamericano, sumada a la preocupación por la economía y a la oposición a la guerra con Irán, temas que amenazan las ajustadas mayorías del Partido Republicano en el Congreso. Los comités republicanos y sus grupos afines llevan la ventaja financiera sobre el Partido Demócrata. Además, la organización MAGA Inc. de Trump ya acumuló varios millones de dólares.
La victoria de Abdul El-Sayed en las primarias demócratas para el Senado en Michigan
Si bien el resultado final fue mucho más ajustado de lo que habían sugerido las encuestas —lo que vuelve a suscitar dudas sobre la precisión de los sondeos—, esto no resta importancia a la sacudida que la victoria del ex funcionario de salud de Michigan está provocando en el Partido Demócrata.
El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, se postuló como un progresista convencido, contando con el respaldo de figuras clave como los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren, y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.
Haley Stevens contaba con el apoyo de la cúpula demócrata en Washington, una trayectoria consolidada en un cargo electo en Michigan y cuantiosos recursos económicos: US$ 32 millones procedentes del AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel). Nada de eso importó.
Tanto en los debates como en los actos de campaña, El-Sayed demostró ser el candidato con mayor talento, y los votantes demócratas se mostraron receptivos a sus propuestas progresistas, entre ellas un seguro médico público, medidas para reducir el costo de los medicamentos, un aumento de los impuestos a las grandes fortunas y una reforma de la financiación de las campañas electorales.
Su lema de campaña —”dinero fuera de la política, dinero en tu bolsillo”— ha sido una constante entre los candidatos de izquierda en este ciclo electoral.
Esto prepara el escenario para una contienda en las elecciones de noviembre contra el ex congresista republicano Mike Rogers. La elección supondrá, tal vez, la prueba más dramática y decisiva para determinar si un candidato de izquierda puede ganar unos comicios generales en un estado que es un verdadero campo de batalla electoral.
Si bien El-Sayed obtuvo buenos resultados entre los progresistas con mayor nivel educativo, necesitará ganarse a los votantes de menores ingresos que apoyaron a su rival en Detroit y en las zonas más rurales. Se trata de votantes cuyas preferencias no parecen quedar reflejadas adecuadamente en las encuestas previas a la elección.
Una derrota de El-Sayed frente a Rogers podría suponer un golpe mortal para las esperanzas demócratas de recuperar el control del Senado de EE UU, ya que ningún republicano ha ganado una elección al Senado en Michigan desde 1994.
Sin embargo, si resulta vencedor, podría ofrecer a los demócratas progresistas una prueba empírica de por qué un candidato presidencial de izquierda en 2028 podría tener más éxito que los centristas del establishment que el partido ha postulado en contiendas recientes.
Además, dado que Michigan ocupa una posición clave como estado de votación temprana en el calendario de las primarias presidenciales demócratas, tendrá una influencia desproporcionada a la hora de decidir quién será el candidato del partido.
¿Quién es Abdul El-Sayed?
El-Sayed, de 41 años e hijo de inmigrantes egipcios, representa la que muchos ven como el ala más a la izquierda del partido, habiendo manifestado su apoyo a causas como un sistema de salud público y la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
También ha pedido que se ponga fin a la ayuda militar de EE UU a Israel sin condiciones y cuenta con el apoyo de reconocidos “socialistas demócratas”, como el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, y la congresista de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez.
El-Sayed derrotó en las primarias a la congresista moderada Haley Stevens por un estrecho margen, según proyectó CBS News, socio estadounidense de la BBC, a pesar de que ella había recibido el apoyo de la dirigencia demócrata y del Comité para Asuntos Públicos Israel-EE.UU. (AIPAC), que invirtió casi US$32 millones en su campaña.
Ahora El-Sayed se tendrá que enfrentar al republicano Mike Rogers en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
La candidatura de El-Sayed será una prueba para el ala más a la izquierda del Partido Demócrata, dado a que ningún republicano ha sido elegido para el Senado en Michigan desde 1994.
Si resulta ganador en esa votación, El-Sayed además se convertiría en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU.
A pesar de no ser miembro de los llamados Socialistas Demócratas de EE.UU. (DSA, por sus siglas en inglés), El-Sayed cuenta con el apoyo de varios de sus miembros más reconocidos, y ha adoptado varias de sus posturas como propias durante la campaña.
“El dinero fuera de la política. Dinero en tu bolsillo. Atención médica universal”, fue su eslogan de campaña y la frase que publicó en sus redes después de que se conocieran los resultados de las primarias.
El-Sayed es médico de profesión y graduado de la Universidad de Columbia y tiene un doctorado en Salud Pública de la Universidad de Oxford. Ha trabajado como director del Departamento de Salud, Servicios Humanos y Veteranos del Condado de Wayne y como director de salud pública de la ciudad de Detroit.
Uno de los aspectos más polémicos de su campaña fue su postura sobre Israel.
El-Sayed se pronunció en contra de la intervención de Estados Unidos en Medio Oriente, incluida la ayuda de miles de millones de dólares que Washington entrega a Israel.
La candidatura de El-Sayed suscitó tanto el apoyo como el rechazo de la comunidad judía de Michigan.
Él ha rechazado las acusaciones de antisemitismo en su contra.
“Me solidarizo con mis hermanos y hermanas judíos”, declaró El-Sayed el miércoles. “Podemos condenar el antisemitismo y, al mismo tiempo, hablar de cómo unir a las personas y abordar el dolor de todos”.
Las elecciones de mitad de mandato de noviembre determinarán el equilibrio de poder en Washington durante los dos últimos años del mandato del presidente Donald Trump.
Trump declaró que el resultado de las primarias demócratas en Michigan era “una gran noticia para el Partido Republicano”.
En una publicación en Truth Social, Trump se refirió al Partido Demócrata como los “Tontócratas” y afirmó que sus “políticas descabelladas solo empeorarán”.
En Michigan uno de los principales críticos de Israel ganó las primarias demócratas al Senado
Por Tristan Taylor
El apoyo de Abdul El-Sayed al movimiento “no comprometido” (que significa que el elector votado no compromete su voto para un candidato del establishment del Partido Demócrata) fue un factor clave en la contienda de las primarias. Su ajustada victoria frente a Haley Stevens, la candidata de la cúpula del partido, es una muestra más del creciente declive del consenso sionista y un rechazo a los “jefes” del Partido Demócrata.
Las elecciones primarias de 2026 se han visto marcadas por una oleada de campañas exitosas de miembros del DSA (Demócratas Socialistas de América) y progresistas. Si bien estas campañas se han caracterizado en gran medida por una línea muy reformista en materia económica, muchas se han visto influenciadas por el repudio al genocidio israelí contra Gaza y la creciente oposición a la ayuda incondicional de Estados Unidos a Israel. Lo vimos en Nueva York y, en menor medida, en California. Ahora, lo hemos visto reflejado en Michigan, donde Abdul El-Sayed, partidario del Movimiento “no comprometido” y uno de los principales críticos de Israel, ganó por un estrecho margen las primarias al Senado contra Haley Stevens.
La campaña de El-Sayed acaparó la atención nacional al enfrentarse a Stevens, una demócrata que llevaba cuatro mandatos en el cargo. El tema del sionismo fue un punto clave de la campaña, y AIPAC (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos. Es uno de los grupos de presión más influyentes de Estados Unidos) gastó más de 35 millones de dólares en anuncios que atacaban a El-Sayed. Estos anuncios, al igual que la propia campaña de Stevens, lo señalaban como responsable de la victoria electoral de Trump debido a su apoyo al Movimiento “no comprometido”, a pesar de que había respaldado a Kamala Harris en las elecciones presidenciales de 2024.
Lejos de retractarse de su oposición a la guerra genocida de Israel contra Gaza, El-Sayed ha convertido su oposición al sionismo en un punto clave de su campaña, junto con su apoyo a la demanda de abolir el ICE, la sanidad universal y eliminar la influencia de las empresas -vía los aportes- en la política.
Stevens también utilizó una retórica populista sobre la lucha contra los republicanos y los ricos, pero uno de los mayores logros que pregonó su campaña fue su papel en el rescate de la industria automotriz, que supuso un enorme regalo a las grandes corporaciones que aprovecharon la crisis financiera de 2008 para crear un sistema de dos niveles en la industria automotriz que eliminó muchos de los beneficios tradicionales del sindicato para decenas de miles de trabajadores.
Stevens ha dejado claro su política centrista, ha intentado oponerse al ICE, aunque no ha pedido su abolición. En cambio, ha afirmado que necesita mayor supervisión. Su postura demuestra la fuerza del movimiento por los derechos de los inmigrantes y su oposición al despliegue draconiano del ICE por parte de Trump, especialmente en Los Ángeles, Chicago y Minneapolis .
Si bien El-Sayed es claramente el candidato progresista, su campaña ha dejado claro que él también apoya el capitalismo y ha adoptado posiciones también centristas, como su oposición a la reducción de fondos para la policía, para que su campaña resulte más aceptable para los moderados en las elecciones generales.
Aunque no parece que sus posiciones más centristas le hayan beneficiado en absoluto ni le hayan granjeado votos, sobre todo teniendo en cuenta que el impulso de su campaña se basaba en sus posiciones más radicales contra el genocidio en Gaza y a favor de la abolición del ICE.
¿Por qué el movimiento de los “no comprometidos” tuvo tanta importancia?
Debido a la composición demográfica de Michigan y Detroit, movilizar el voto afroamericano es un objetivo crucial para los demócratas, especialmente si aspiran a derrotar a los republicanos en las elecciones generales. Los demócratas moderados siempre han intentado culpar a estos votantes de la poco inspiradora campaña presidencial de Kamala Harris en 2024. Muchos líderes afroamericanos de Michigan han utilizado la derrota de Harris para justificar su propia reticencia a movilizarse contra los ataques de Trump.
Por supuesto, el descontento general de los votantes afrodescendientes con el Partido Demócrata es evidente, y algunos comentaristas políticos, parte de esa población,, también intentan abordarlo, aunque de forma contradictoria. Por ejemplo, Adolph Mongo escribió un artículo de opinión animando a los votantes negros a abstenerse por completo de votar en las elecciones al Senado de Estados Unidos. Atacó a El-Sayed desde la derecha por su apoyo al movimiento no comprometido, pero también atacó a Stevens desde la izquierda por su voto en homenaje a Charlie Kirk.
La lógica subyacente es que el Movimiento de los “no comprometidos” actuó en contra de los intereses de los afroamericanos de Michigan porque afectó negativamente la campaña de Harris; en realidad, fue el compromiso de Harris y del establishment del Partido Demócrata con el statu quo neoliberal y sus ataques contra la clase trabajadora, junto con su facilitación de un genocidio en Palestina, lo que allanó el camino para la victoria de Trump.
Enfrentar los intereses de todas las personas afrodescendientes con el movimiento palestino solo sirve para ocultar quiénes son nuestros verdaderos enemigos, en un intento por revitalizar el Partido Demócrata.
En resumen, los demócratas centristas y sus aliados entre los líderes afroamericanos esperan crear una división entre los candidatos demócratas progresistas y los votantes negros. Haley Stevens utilizó el apoyo de El-Sayed al Movimiento “no comprometido” como arma contra su intento de ganar el voto negro en Detroit. Mientras tanto, esperaba que vincularse con Obama y presentarse como alguien que hizo campaña activamente por Harris la ayudara a ganar votos en ese sector de la población. De hecho, superó a El-Sayed en el condado de Wayne, el condado más poblado de Michigan, donde se ubica Detroit y donde la población negra representa el 36%. Cabe señalar, sin embargo, que El-Sayed recibió el respaldo de varios pastores y funcionarios electos negros en Detroit y en todo el estado.
Lamentablemente, el intento de separar a los votantes afrodescendientes de los candidatos progresistas también ha generado un efecto desmovilizador en esa comunidad, incluso en temas que les afectan directamente, como la brutalidad policial o el despliegue de la Guardia Nacional por parte de Trump en ciudades de mayoría negra como Washington D. C. y Memphis, Tennessee. Esto evidencia la naturaleza fundamentalmente reaccionaria del Partido Demócrata y explica por qué es un partido que activamente divide las luchas de la clase trabajadora y los oprimidos.
El propio El-Sayed, que en los últimos meses de su campaña intentó acercarse más a los votantes demócratas de centro, utiliza la misma lógica, vinculando las aspiraciones de la clase trabajadora por un cambio real a las urnas y al apoyo a un partido capitalista que defiende un sistema que ataca a los trabajadores y a los oprimidos.
Necesitamos una campaña que fortalezca el movimiento, no que lo desmovilice
Los ajustados resultados de las primarias demuestran que centrar la campaña en el apoyo de Abdul El-Sayed al Movimiento “no comprometido” y su oposición al genocidio en Gaza fue una estrategia ganadora para Haley Stevens. Su victoria refleja el creciente sentimiento antiimperialista de los jóvenes votantes y la ruptura del consenso sionista que permitió durante décadas a Israel recibir un apoyo ilimitado e incuestionable de la población. Este es un avance positivo que demuestra que existe espacio para una política radical y antiimperialista.
La victoria de El-Sayed también evidencia la división interna del Partido Demócrata y cómo su naturaleza procapitalista y proimperialista lo vuelve hostil hacia los candidatos progresistas que buscan unir a la clase trabajadora y a los oprimidos en torno a demandas radicales. Esta característica fundamental del Partido Demócrata es la razón por la que no puede ser un vehículo para activistas, trabajadores y miembros de la comunidad que se han organizado y participado en las numerosas manifestaciones, protestas y actividades que forman parte del movimiento más amplio contra Trump y la derecha.
Las campañas de los demócratas progresistas no han servido para mantener ni expandir el movimiento en las calles. Con frecuencia, han contribuido a la desmovilización del movimiento y han frenado el impulso para establecer organizaciones y asambleas de base en escuelas, comunidades y lugares de trabajo. Este es un tema importante que pone de manifiesto las limitaciones de una estrategia basada exclusivamente en lo electoral.
Las derrotas políticas de Trump se produjeron en las calles de Minneapolis, cuando decenas de miles de miembros de la comunidad, trabajadores y jóvenes, decidieron oponerse a la brutal y violenta ofensiva del ICE. Este movimiento ha logrado importantes victorias y ha puesto al descubierto la verdadera naturaleza de la agenda antiinmigrante de Trump. Por eso, es un error apostarlo todo a la campaña electoral de los políticos demócratas, especialmente cuando estos no han desempeñado un papel clave en la movilización ciudadana contra el ICE.
*Artículo traducido y editado, originalmente aparecido en Left Voice que integra la Red Internacional La Izquierda Diario.
Trump acorralado: la guerra en Irán y el costo de vida hunden su popularidad frente a las elecciones
Por Juan Andrés Gallardo
El resultado desastroso de la guerra con Irán y el aumento del costo de vida han desplomado la popularidad de Donald Trump a niveles históricos. Sin embargo, el malestar no se agota en el rechazo al Partido Republicano: una nueva generación rompe con el establishment demócrata y busca salidas por izquierda frente a un imperio en decadencia que solo ofrece guerra y precariedad.
A medida que se acercan las elecciones de medio término de noviembre, el panorama para la administración Trump es cada vez más sombrío. Según datos de una reciente encuesta de la Universidad de Quinnipiac, el 60% de los votantes se opone a la acción militar contra Irán y un 66% directamente desaprueba la forma en la que Trump la está manejando, una cifra que ha ido en aumento.
Junto con la guerra en Irán, otro de los grandes problemas para Trump es la situación de la economía. La encuesta muestra que la aprobación de la forma en la que el presidente la está manejando no para de caer, situándose hoy en un escaso 35% de apoyo frente a un 60% de desaprobación. Es un diferencial negativo mucho peor que el de administraciones anteriores a la misma altura de su mandato.
Como señala una nota del The New York Times, la guerra en Irán ha trastocado la agenda doméstica de Trump en un momento político crítico. Según el Times, el conflicto ha disparado los costos de energía, llevando el promedio nacional de la gasolina a 4,10 dólares por galón, un aumento del 37% desde que comenzaron los ataques coordinados junto a Israel sobre Irán el 28 de febrero.
Este encarecimiento del costo de vida, sumado a una inflación persistente, destruyó el poco apoyo popular a una guerra de este tipo. Una encuesta de CNN/SSRS revela que el 74% de los estadounidenses —incluyendo al 43% de los propios republicanos— afirma que la guerra en Irán no ha valido el costo financiero ni las bajas militares. El Times resalta que Trump es el primer presidente de la era moderna en llevar al país a una guerra sin el apoyo del público, rompiendo incluso su promesa de campaña de mantener a Estados Unidos fuera de “guerras eternas”. Este escenario proyecta una pérdida casi segura del control de la Cámara de Representantes para el Partido Republicano en noviembre.
Sin embargo, como analizamos en el reciente programa Red Internacional, el problema no es exclusivo de Trump, sino que refleja las señales de la decadencia imperialista y una profunda crisis de legitimidad del régimen bipartidista. La polarización política actual muestra que el descontento no solo afecta a los republicanos, sino que golpea de lleno al establishment del Partido Demócrata.
Una encuesta de The New York Times y Siena destaca que dos tercios de la Generación Z se declaran insatisfechos tanto con demócratas como con republicanos. Entre los jóvenes que se identifican como demócratas, el 68% está descontento con su propio partido, al que ven como una dirección identificada con los grandes empresarios y las aventuras imperialistas.
Este descontento tiene raíces profundas en la experiencia de una nueva generación que ha pasado por grandes procesos de lucha. Estas marcas en la conciencia incluyen: la solidaridad con Palestina ante la brutalidad de un genocidio que fue transmitido en directo y que atravesó universidades y sindicatos, cuestionando la alianza estratégica de EE UU con Israel. Por otra parte está la lucha contra el racismo y la xenofobia encarnadas en el Black Lives Matter y la pelea contra el ICE, movimientos que denunciaron el racismo sistémico y la violencia de una fuerza estatal que actúa con métodos represivos. Amplios sectores de la juventud también vivieron en los últimos años un proceso de sindicalización, que incluyó la organización desde las bases en gigantes como Amazon y Starbucks, donde la clase trabajadora vuelve a actuar como sujeto colectivo.
Además de estos procesos, la crisis económica y la desigualdad histórica es un elemento que ha marcado la subjetividad de las generaciones más jóvenes, como también había marcado a la generación anterior que motorizó la idea del “Somos el 99%” y la de los activistas de Occupy Wall Street. Mientras los 10 multimillonarios más ricos de EE UU aumentaron su fortuna un 526% desde 2020, la porción del ingreso nacional que va a salarios cayó al nivel más bajo desde 1929.
Por eso no es de extrañar que diversas encuestas den cuenta de que la idea del socialismo se ha convertido en una referencia para millones de jóvenes que ven el “capitalismo al desnudo”. Esto explica el surgimiento de candidatos en el ala izquierda del Partido Demócrata, vinculados al DSA (Socialistas Democráticos de América), que han derrotado en primarias a figuras del establishment apoyadas por el lobby sionista, haciendo sonar todas las alarmas en la cúpula del partido.
A pesar del crecimiento de figuras como Alexandria Ocasio-Cortez o candidatos locales como Zohran Mamdani, como señala Maryam Alaniz de Left Voice en la entrevista de Red Internacional el Partido Demócrata tiene una larga historia de funcionar como un “cementerio de los movimientos sociales”. La estrategia de la dirección demócrata es absorber las demandas de las calles para convertirlas en campañas electorales que terminen gestionando el estado capitalista. Mientras miles de militantes del DSA se organizan en los barrios, su energía es canalizada hacia el interior de un partido que sigue defendiendo intereses imperialistas. Es decir que no puede haber una salida progresiva dentro de los marcos del Partido Demócrata.
Las ofertas de empleo disminuyeron en junio
Las vacantes descendieron a 7,36 millones desde los 7,54 millones registrados en mayo, según datos publicados el martes 4 de agosto por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). Mientras, los despidos se mantuvieron prácticamente sin cambios.
La caída de las ofertas de empleo estuvo impulsada por una reducción de las vacantes en los sectores de salud, ocio y hotelería, comercio mayorista y servicios empresariales. En contraste, aumentaron las vacantes en transporte y almacenamiento, mientras que las ofertas de empleo del gobierno federal alcanzaron su nivel más alto desde finales de 2024.
El informe divulgado el martes está en línea con un mercado laboral estable y con un nivel limitado de despidos. El sólido gasto de los consumidores continuó respaldando los planes de contratación de las empresas, aunque algunas siguen actuando con cautela a la hora de ampliar sus plantillas.
Las contrataciones aumentaron, impulsadas por los sectores de salud y construcción. En cambio, las incorporaciones en ocio y hotelería disminuyeron por tercer mes consecutivo hasta su nivel más bajo desde comienzos de 2025, contradiciendo las expectativas de que la Copa Mundial de la FIFA impulsaría la demanda de trabajadores.
“Este informe muestra que las vacantes siguen siendo abundantes en un contexto de pleno empleo”, señaló Carl Weinberg, economista jefe de High Frequency Economics. “La imagen es la de un mercado laboral estable”.
La tasa de renuncias voluntarias, o el porcentaje de personas que dejan su empleo por decisión propia cada mes, permaneció sin cambios en 2%.
El informe también reveló que había aproximadamente una vacante por cada persona desempleada, una relación compatible con un mercado laboral equilibrado. Los funcionarios de la Reserva Federal siguen de cerca este indicador como referencia del equilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo. En su punto máximo, en 2022, la relación era de dos vacantes por cada desempleado.
“Para la Reserva Federal, el informe JOLTS de junio indica que una demanda laboral más moderada probablemente seguirá aliviando las presiones inflacionarias derivadas de los salarios”.
Si bien el informe mostró que los despidos totales apenas variaron en junio, los sectores de servicios profesionales y empresariales, así como entretenimiento y recreación, registraron un mayor número de ceses. Los datos recientes de solicitudes de subsidio por desempleo también muestran pocas señales de despidos generalizados, pese a los anuncios de recortes de personal realizados por empresas como Visa Inc. y Uber Technologies Inc.
El informe oficial de empleo que se publicará el viernes ofrecerá una visión más completa del estado del mercado laboral. Los economistas esperan que Estados Unidos haya creado 80.000 puestos de trabajo en julio. Por su parte, un índice independiente de ofertas laborales elaborado por Indeed aumentó en julio hasta su nivel más alto en dos meses.
Los empleadores estadounidenses suprimieron 23.000 puestos de trabajo el mes pasado
Las revisiones de la Oficina de Estadísticas Laborales restaron otros 103.000 empleos a las nóminas de mayo y junio. Esto contrasta claramente con las previsiones de los analistas, que esperaban un repunte de casi 100.000 puestos en julio.
Sin embargo, la tasa de paro bajó ligeramente hasta el 4,1 % en julio, desde el 4,2 % de junio, principalmente porque más personas abandonaron el mercado laboral.
Las cifras de empleo de julio publicadas el viernes 7 de agosto por la Oficina de Estadísticas Laborales suponen un brusco giro para el mercado laboral estadounidense y un revés político para el presidente Donald Trump, a menos de tres meses de que su Partido Republicano intente mantener el control total del Congreso en las elecciones de mitad de mandato.
Las escuelas públicas locales recortaron 50.000 puestos de trabajo el mes pasado, mientras que restaurantes y bares eliminaron 26.000 empleos y el comercio minorista, 19.000.
La tasa de paro de julio fue la más baja desde junio de 2025, ya que 264.000 personas salieron del mercado laboral. La proporción de quienes trabajan o buscan empleo cayó al 61,4 %, el nivel más bajo desde febrero de 2021.
El Gobierno de Trump, que ha impuesto fuertes aranceles en un intento de crear empleo industrial, destacó que el número de puestos de trabajo aumentó en 22.000 en las constructoras y en 5.000 en las fábricas.
“La reactivación industrial de Trump avanza según lo previsto. Los empleos en la fabricación y la construcción de fábricas volvieron a crecer en julio incluso mientras las plantillas del sector público seguían reduciéndose de forma significativa”, afirmó el portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai.
Las contrataciones se habían recuperado este año tras un discreto 2025, pese al conflicto en el golfo Pérsico, que ha disparado los precios de la energía y ha puesto bajo presión los presupuestos familiares. La creación de empleo había sido sólida, aunque sin grandes alardes. Algunas empresas tienen problemas para cubrir vacantes, mientras que otras recurren a la tecnología para sustituir mano de obra humana.
Después que los empleadores recortaron puestos de trabajo, los precios de las acciones subieron
Todos los principales índices registraron una segunda semana consecutiva de ganancias, que incluyó varios récords nuevos.
El S&P 500 avanzó 47,68 puntos, o 0,6%, hasta 7.757,64. Eso superó el máximo histórico que estableció el martes 4.
El promedio industrial Dow Jones subió 151,83 puntos, equivalente a 0,3%, hasta 54.036,93. Eso lo dejó apenas por debajo del récord que estableció el miércoles. El compuesto Nasdaq ganó 342,26 puntos, o 1,3%, hasta 26.690,62.
Las acciones tecnológicas, con sus grandes valores de mercado, hicieron gran parte del trabajo pesado para el mercado en general. Nvidia saltó 2,3% y Broadcom subió 1,7%.
El mercado de bonos reaccionó con más fuerza a la señal de debilitamiento del mercado laboral, lo que puede interpretarse como que la Reserva Federal dispone de más tiempo antes de subir las tasas de interés para combatir la inflación.
El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años bajó de 4,67% a 4,64%.
El rendimiento del bono del Tesoro a 2 años, que sigue más de cerca las expectativas sobre las decisiones de la Fed respecto a las tasas de interés, cayó de 4,22% a 4,20%.
En conjunto, el informe refleja un panorama más sombrío del mercado laboral, que ha sido una de las áreas más sólidas de la economía estadounidense en medio del aumento de la inflación y las preocupaciones sobre el gasto de los hogares. Incluyó una revisión de las cifras de junio y mayo que implicó recortar, en total, 103.000 empleos de las nóminas de esos meses.
La mirada puesta en el próximo movimiento de la Fed
La Fed ha mantenido estables las tasas de interés en medio de las preocupaciones por un aumento en la inflación, impulsado por el incremento de los precios del petróleo debido a la guerra de Estados Unidos con Irán. Wall Street prevé al menos un aumento de tasas antes de fin de año, con pronósticos que han ido cambiando para la próxima reunión. Según CME FedWatch, las expectativas de un recorte de tasas en septiembre bajaron a 42% con respecto al 55% del jueves y al 67% de hace una semana.
Un mercado laboral que se debilita podría complicar aún más las cosas para la Fed, que debe equilibrar el apoyo al crecimiento del empleo con la lucha contra la inflación. Subir las tasas de interés puede ayudar a moderar la inflación al desacelerar el crecimiento económico. Sin embargo, un mercado laboral más débil podría volverse todavía más frágil con tasas más altas, ya que a las empresas les resulta más difícil expandirse cuando aumentan los costos del endeudamiento.
Las empresas, al igual que Wall Street, prefieren tasas de interés más bajas porque pueden ayudar a impulsar las inversiones. Eso podría apuntalar un mercado laboral debilitado, pero también podría agravar una inflación ya de por sí persistente.
Wall Street recibirá varias actualizaciones importantes sobre inflación la próxima semana. La más observada será el índice de precios al consumidor, o IPC, que mide los costos para los consumidores. Wall Street prevé que muestre que la inflación en julio subió a una tasa de 3,4%, lo que sería una ligera moderación frente al aumento de 3,5% en junio. La inflación se ha mantenido obstinadamente por encima de 3% durante la mayor parte del año.
El auge de la economía de ‘no contratar ni despedir’
Los estadounidenses que tienen trabajo disfrutan de una estabilidad laboral poco habitual. Los despidos se sitúan en niveles bajos en términos históricos. Esto se debe sobre todo a que las empresas no quieren correr el riesgo de perder a la plantilla de la que disponen tras la sorprendente escasez de mano de obra que siguió a la pandemia.
Pero los estadounidenses que han perdido su empleo, o que intentan incorporarse por primera vez al mercado laboral, tienen muchas dificultades para encontrar una oportunidad.
Los economistas utilizan la expresión “no contratar ni despedir” para describir estas inusuales condiciones del mercado de trabajo.
En lo que va de año, los empleadores están creando 61.000 puestos de trabajo al mes, frente a los 9.700 de 2025, la cifra más baja fuera de una recesión desde 2002.
La deportación está teniendo un efecto contraproducente en los trabajadores estadounidenses
Mientras la administración Trump continúa expulsando a cientos de miles de trabajadores del país, los estadounidenses no solo ocupan sus puestos, sino que sus empleos parecen desaparecer con ellos, informó Fortuna.com.
La economía perdió 23.000 empleos el mes pasado, pero la tasa de desempleo disminuyó a medida que se reducía la fuerza laboral. La creciente economía de deportaciones en Estados Unidos podría explicar este fenómeno.
Por ejemplo, el sector de la salud ha sido el pilar que ha sostenido un mercado laboral débil durante los últimos tres años, pero en julio, solo creó 22.000 empleos, muy por debajo del promedio mensual de 36.000 del año anterior. La asistencia social, como las guarderías o los servicios para personas mayores y discapacitadas, también se ralentizó.
Estos son los sectores “dominados por la mano de obra inmigrante”, declaró Diane Swonk, economista jefe de KPMG, a Fortune. En 2022, el 28% de los trabajadores de atención directa en Estados Unidos eran inmigrantes, frente al 21% en 2011, según PHI, una organización de investigación que estudia la fuerza laboral de atención directa. A medida que la población envejece, el sector necesita cubrir casi un millón de nuevos puestos de trabajo en la próxima década.
Precisamente esos son los empleos que ocupaban muchas de las aproximadamente 200.000 personas cuyo estatus de protección temporal (TPS) fue cancelado a finales de julio, señaló Swonk, añadiendo que otros 400.000 trabajadores venezolanos, concentrados en residencias de ancianos, hostelería y construcción, también perderán su autorización de trabajo en octubre.
El momento no podría ser peor: la crisis laboral coincide con los recortes estatales a Medicaid, el principal financiador de la atención a largo plazo.
«Aunque algunos empleadores pierdan a esos trabajadores, no podremos permitirnos reemplazarlos con los salarios necesarios», advirtió Swonk. «Eso significa racionamiento o que más personas realicen cuidados no remunerados en el hogar».
Es precisamente en esos cuidados no remunerados donde el costo recae sobre los trabajadores nacidos en el país. Según el informe más reciente de AARP, “Valorando lo Invaluable”, los cuidadores familiares ya brindan anualmente cuidados no remunerados por un valor estimado de 1 billón de dólares. Cinco millones de estadounidenses dedican un promedio de 27 horas semanales, lo que equivale a la jornada laboral de aproximadamente 24 millones de trabajadores a tiempo completo.
Swonk afirmó que esta carga está aumentando rápidamente y se está extendiendo, señalando que el cuidado no remunerado de personas mayores “ha aumentado”.
Estados Unidos ya no necesita crear tantos puestos de trabajo como antes para evitar que suba la tasa de desocupación
La ofensiva de Trump contra la inmigración y la jubilación progresiva de la generación del baby boom hacen que haya menos gente compitiendo por un empleo. Así, el ritmo de contratación mensual de “equilibrio”, 155.000 empleos en 2023-2024, se ha reducido quizá hasta casi cero, según un estudio de la Reserva Federal.
“Simplemente hay menos personas disponibles para contratar”, señalaba Sal Guatieri, economista sénior en BMO Capital Markets. Para algunos trabajadores, la escasez de mano de obra se traduce en salarios más altos.
La empresa de nóminas ADP informó el miércoles de que las personas que cambiaron de empleo el mes pasado se embolsaron una subida salarial del 7 %, el mayor incremento interanual en casi un año y claramente por encima del aumento del 4,4 % de quienes se quedaron en su puesto.
Al mismo tiempo, las empresas se han vuelto más productivas en los últimos años, utilizando la tecnología para realizar tareas que antes hacían las personas. “Estamos viendo cómo las compañías producen más con su plantilla actual”, explicó Guatieri. “Así que hay menos necesidad de incorporar nuevos trabajadores”.
Las carencias de mano de obra disponible y el aumento de la productividad, añadió, “contendrán el ritmo de contratación y el crecimiento mensual del empleo”.
Además, las perspectivas de contratación se ven ensombrecidas por los combates continuos en el Golfo Pérsico, que han encarecido la energía y estrechado los presupuestos familiares, y por el auge de la inteligencia artificial, que podría hacer a los trabajadores más eficientes y mejor pagados o bien sustituir sus empleos.
En un informe publicado la semana pasada, las investigadoras Ingrid Chen, Marianna Kudlyak y Riva Mikhlin, de la Reserva Federal de San Francisco, concluyen que encontrar trabajo se ha vuelto más difícil en los últimos años, más de lo que cabría esperar.
Normalmente, en una fase tan avanzada de una expansión económica (han pasado más de seis años desde la última recesión), los empleadores necesitarían tanto trabajadores que se arriesgarían a contratar a jóvenes y a personas con menor nivel educativo. Esta vez no está siendo así.
“En lugar de ampliarse, el canal de acceso al empleo se está estrechando hasta el punto de que la recuperación ya no llega a los trabajadores en los márgenes del mercado laboral”, escriben Chen, Kudlyak y Mikhlin.
Además, las personas en paro que normalmente regresan antes al mercado laboral, las que se encuentran en plena edad de trabajar, entre 25 y 54 años, y con estudios universitarios, están teniendo dificultades para encontrar un nuevo empleo.
Las investigadoras de la Fed de San Francisco no tienen claro qué está haciendo tan complicada la búsqueda de empleo.
Sospechan que podría estar relacionado con la ofensiva contra la inmigración, la ralentización de las contrataciones específicamente en las tecnológicas y entre los contratistas del Gobierno, la incertidumbre sobre el rumbo de las políticas públicas o “señales tempranas de un deterioro más amplio del mercado laboral”.
Fuentes: Aporrea.org, Perfil, La Izquierda Diario, AP


