
Litio, poder y dignidad
Mauricio Herrera Kahn (*)
pressenza.com/it/
06.08.25 – Santiago de Chile
El nuevo aceite blanco
No hay recurso más disputado hoy que el litio. No porque sea mágico, sino porque es necesario. Sin litio, no hay coches eléctricos, ni baterías, ni transición energética, ni futuro tecnológico. Detrás del debate sobre la sostenibilidad y el cambio verde se esconde algo más: una carrera desesperada por controlar el nuevo petróleo blanco, un frenesí global en el que todos lo quieren, pero pocos lo poseen. Y lo más brutal es que quienes lo poseen a menudo no lo controlan.
Siete países poseen el 85% del planeta
Siete países poseen el 85% de las reservas mundiales de litio: Bolivia, Argentina, Chile, Australia, China, Canadá, África Austral (Zimbabue, RDC, Namibia) y México. Pero las paradojas son evidentes. Chile lo posee, pero lo ha vendido a particulares. Argentina lo posee, pero lo fragmenta entre sus provincias. Bolivia lo conserva, pero lo subutiliza. África sufre. Australia lo exporta en bruto. Canadá invierte en su explotación, pero no lo procesa. México lo ha nacionalizado y carece de la tecnología necesaria. Y China, que tiene poco litio en su territorio, controla el mercado mundial. La paradoja no es geológica, sino política.
Chile, el litio desperdiciado
En Chile, con casi el 11% de las reservas mundiales, las empresas privadas SQM y Albemarle exportaron litio por un valor superior a los 8.600 millones de dólares en 2023. Sin embargo, el Estado recibió poco más de 2.700 millones de dólares. La mayor parte del negocio sigue en manos privadas. No existe una planta nacional de baterías, ni una industria propia, ni un plan estatal. Los salares del desierto de Atacama son el epicentro del modelo extractivo denominado “modernidad”. El litio chileno sigue siendo despilfarrado como el salitre y el cobre, y saqueado como siempre ha sido a lo largo de la historia.
Argentina, provincias ricas, pueblos áridos
Argentina es el país con el mayor número de nuevos proyectos aprobados. Posee el 21% de las reservas mundiales y, a diferencia de Chile, las provincias controlan el recurso. Sin embargo, este control se ha cedido mediante concesiones a empresas extranjeras como Livent, Ganfeng y Allkem. En 2023, el país exportó aproximadamente 700 millones de dólares, una cantidad marginal en comparación con su potencial. Las comunidades locales exigen agua, información y consulta previa. Se está extrayendo el litio, pero el desarrollo no se concreta.
Bolivia, soberanía en construcción
Con el 21% de las reservas mundiales, Bolivia es el gigante dormido del litio. Su apuesta por una empresa estatal fue audaz, pero lenta. Hoy, busca alianzas con Rusia, China y Alemania para industrializar su riqueza. En 2023, firmó acuerdos por más de mil millones de dólares para instalar plantas piloto de baterías e hidróxido. Pero aún no exporta en grandes volúmenes. Tiene el litio, pero no la tecnología. Tiene la soberanía, pero le falta tiempo. ¿Será demasiado tarde cuando despierte?
Australia, un supermercado sin industria
Con el 13% de las reservas mundiales, Australia es el mayor productor mundial, exportando anualmente más de 330.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) y generando ingresos por 18.600 millones de dólares. Sin embargo, casi todo este litio se exporta sin procesar. Más del 80% se destina a China. Los yacimientos de Greenbushes, Mount Marion, Wodgina y Mount Holland son de importancia mundial. Sin embargo, el país carece de una industria de baterías, una empresa nacional de litio y una política soberana. Es un supermercado minero disfrazado de potencia tecnológica.
China no lo posee, pero lo controla.
China posee solo el 7% de las reservas mundiales, pero eso no es importante. Ha invertido en más de 50 proyectos de litio en todo el mundo. Controla parte de SQM en Chile, domina yacimientos en Argentina y África, y posee empresas en Australia. Más del 70% del litio mundial pasa por plantas chinas antes de ser procesado para baterías. Y más del 80% de las baterías de coches eléctricos se producen en China. El país no necesita poseer litio, pero aspira a controlar su procesamiento. Y ya lo ha hecho.
África, el saqueo más rápido de la historia
África posee el 12% de las reservas mundiales de litio. Zimbabue, la República Democrática del Congo y Namibia poseen los yacimientos más importantes. Empresas chinas y fondos canadienses ya operan minas como Arcadia, Bikita y Manono. Pero los beneficios no fluyen. Las comunidades viven sin agua potable, escuelas ni carreteras. Los contratos no son públicos y las minas funcionan como enclaves coloniales. La historia del coltán, el oro y los diamantes se repite, solo que ahora se llama litio. Y se exporta más rápido que nunca.
Canadá, el poder en las sombras
Canadá no solo posee litio, sino que también lo opera a través de fondos de inversión. Empresas como Lithium Americas, Sigma Lithium y Neo Lithium participan en operaciones clave en Argentina, Estados Unidos, África y el propio Canadá. El país posee solo alrededor del 3% de las reservas mundiales, pero controla una proporción mucho mayor mediante inversiones cruzadas. Tiene poder financiero, no tecnológico. Y actúa como un eje central entre China y Estados Unidos, negociando el acceso a las materias primas y exportando litio en bruto. Un actor estratégico, frío y sin bandera visible, pero con un considerable poder financiero.
México, la nacionalización que te incomoda
México no cuenta con grandes reservas, pero está decidido. Con casi el 2% del litio mundial concentrado en Sonora, en 2022 el país decidió declarar el litio como recurso estratégico y crear LitioMX, una empresa estatal con pleno control sobre su exploración y explotación. La medida no fue bien recibida por Washington ni por el capital privado, pero envió una señal clara: el litio ya no será un negocio privado, sino una política de Estado.
El yacimiento de Sonora, inicialmente controlado por Bacanora Lithium (con sede en Canadá) y su socio chino Ganfeng Lithium, es una de las mayores reservas de roca de Latinoamérica, con un potencial de más de 8 millones de toneladas de LCE. Tras la nacionalización, se revisaron los contratos, lo que generó tensiones diplomáticas y presiones cruzadas por parte de inversionistas extranjeros. Sin embargo, la decisión soberana ha cambiado las reglas del juego. México aún no produce a gran escala, pero está sentando las bases para hacerlo sin renunciar al control.
La nacionalización del litio en México marcó una ruptura con la lógica extractiva dominante. Mientras países como Chile delegan el control a empresas privadas o negocian acuerdos mixtos con actores controvertidos como SQM, México ha optado por el camino más difícil: enfrentarse a multinacionales, asumir los costos iniciales y construir una empresa estatal desde cero. LitioMX aún no produce, pero su mera existencia representa un modelo alternativo que incomoda a los grupos de presión mineros.
En este escenario, Canadá y China juegan en dos frentes. Mientras sus empresas presionan para mantener los contratos, sus gobiernos negocian con cautela. México, por su parte, resiste. Con errores, con retrasos, pero también con dignidad. Porque hay algo que no se mide en toneladas ni en precios de mercado: el derecho a decidir sobre el subsuelo. Y ese derecho, aunque no cotice en bolsa, vale más que todo el litio del planeta.
¿Cuánto litio queda y por cuánto tiempo?
Las reservas globales comprobadas duran otros 60 años. No es mucho tiempo. Australia podría agotar sus minas en 30 años, Chile y Argentina en 40, África en 15 si se mantiene el ritmo actual. China tendrá que seguir comprando en el extranjero. Bolivia ha tenido litio durante 70 años, pero ni siquiera ha explotado el 1%. Canadá sigue explorando. Pero lo cierto es que si el litio no se nacionaliza ahora, cuando lo intenten, no quedará nada que defender.
El espejo roto del litio
La historia del litio es la historia del mundo. Quienes lo poseen no lo dominan. Quienes lo dominan no lo poseen. Quienes lo trabajan no lo producen. Y quienes lo consumen hacen la vista gorda. Hay empresas que ganan miles de millones y poblaciones sin agua potable. Hay gobiernos que firman contratos que ceden la soberanía sobre el recurso durante décadas. Hay hermosas palabras sobre un futuro verde mientras las salinas se secan. Y todo esto está sucediendo hoy, ahora mismo. Esto no es ciencia ficción.
Un modelo agotado, una verdadera urgencia
¿Se puede cambiar el modelo? Sí. ¿Cuándo? Ahora. Porque en cinco años será demasiado tarde. Nacionalizar el litio no es una utopía; es urgente. Crear empresas públicas, refinar en origen, exigir transferencia de tecnología, garantizar valor añadido. Basta de concesiones interminables, basta de contratos opacos, basta de ventas disfrazadas de inversiones. El litio no puede seguir siendo el botín de las mismas empresas; debe convertirse en la base de un modelo diferente.
El litio pertenece a quien lo tiene, no a quien lo quiere.
Esto no es un llamado a la guerra ni al aislamiento. Es un grito de defensa, de dignidad y de lógica histórica. No podemos permitir que un recurso estratégico, limpio y fundamental para el futuro de la humanidad siga en manos de cinco multinacionales. El litio no pertenece a Tesla, ni a Tianqi, ni a los fondos de inversión de Toronto. El litio pertenece a quienes lo tienen bajo sus pies, y solo ellos deben decidir qué hacer con él y cómo.
¿Por qué el litio ya no es un mineral?
No hay tiempo para medias tintas; o se nacionaliza o se desperdicia. O se defiende o se vende. Esta es la batalla del siglo XXI. Y el litio está en primera línea. Quien quiera comprender el poder, mire el mapa. Quien quiera cambiar la historia, empiece por este recurso. Porque el litio ya no es un mineral, es un espejo que refleja quiénes somos… y el futuro que estamos dispuestos a construir.
(*) Mauricio Herrera Kahn: Ingeniero civil mecánico chileno, graduado de la Universidad Técnica del Estado (UTE) en Santiago de Chile en 1975. Cuenta con más de 45 años de experiencia en el sector de la ingeniería minera. Ha ocupado cargos como Gerente General, Gerente de Proyecto e Ingeniero Jefe en empresas nacionales e internacionales, donde lideró estudios e implementación de proyectos bajo el enfoque EPCM (Gestión de Ingeniería, Adquisiciones y Construcción). Actualmente es Gerente General de HyB Ingenieros, donde desarrolla estudios y análisis de nuevas plantas y procesos con gastos de capital y gastos operativos a nivel de ingeniería. Durante varios años, ha escrito artículos y columnas sobre análisis social, político y económico.
fuente: https://www.pressenza.com/it/2025/08/il-litio-il-potere-e-la-dignita/
enlaces relacionados:
https://elruido.org/los-duenos-del-litio-en-argentina/
https://diocesislarioja.com.ar/el-litio-y-su-relacion-con-las-personas-y-la-naturaleza/.

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