España ganó merecidamente la final del mundo, en un partido que despidió a la generación de oro del fútbol argentino.

Por Tablón Argento
Pudo haber ganado antes del alargue, y pudo haber tenido diferencias más holgadas en el tanteador. Lo ocurrido en la final, donde el equipo argentino luchó hasta el último minuto con más corazón que fútbol, no desmerece todo lo realizado en el torneo, ni la actuación de su máximo goleador. Lionel Messi, terminó llorando, demostrando que habiendo ganado casi todo, no ha perdido la mistica futbolera.
La selección de Scaloni no deber avergonzarse de haber perdido con el nuevo campeón. España es un equipo joven, que juega muy bien al fútbol y con un técnico inteligente que ha apostado a las nuevas generaciones de jugadores. Lamile Yamal, su principal estrella, tiene 19 años, lo mismo que Paul Cubarsi, Su edad promedio es 26,7 años, tres años menos que el once titular que presentó la selección argentina. Scaloni decidió jugar su partida con “los campeones de Qatar” y consiguió un resultado extraordinario.
En el partido final, en algún momento parecieron invertirse las tradiciones históricas: Argentina fue “la furia” y España “el futbol bonito”. Pero lo sucedido en 120 minutos no cambia que la selección nacional trajo a este mundial su convicción de seguir apostando al buen fútbol, demostrando que ganar y jugar bien no son opuestos. Aportó también nuevas demostraciones de templanza y corazón, dando vuelta resultados que parecían irreversibles, y por último nos brindó un acto político de rebeldía que ya pasó a la historia de los mundiales. Levantar la bandera de Malvinas, pese a las amenazas y recomendaciones de la FIFA y el gobierno de Milei.

La “selección de Scaloni” que hoy concluye un ciclo venturoso con dos copas Américas, una Finalísima, un campeonato del mundo y un subcampeonato, representa desde lo simbólico, una afirmación de lo que somos capaces de conseguir argentinos y argentinas, en un momento histórico en que desde los voceros del poder han tratado de desmoralizarnos, caracterizándonos como un país de perdedores. Nos han tratado de convencer, que lo mejor que nos puede ocurrir es ser enajenados a empresarios extranjeros, a fugadores seriales de capital y al amo estadounidense, mezcla de matón y de payaso, que imita nuestro presidente.
Al fútbol le ha sucedido lo mismo que a otros hechos o símbolos populares. Ha sido apropiado, tergiversado, mercantilizado y convertido en un circo donde el premio mayor lo entrega El Gran Tramposo. Pero esto ha sucedido porque es una pasión que vale la pena. Solo se compra, o se trata de convertir en su contrario, a lo que vale la pena, lo que llega a los corazones populares. Como alguna vez dijo Alfredo Grande: algunos exhiben su blasón de que no se vendieron, pero nunca les ofrecieron nada.
Y sin embargo, ha sido este equipo de fútbol el que le ha dado unas pocas alegrías, el que no le ha fallado a nuestro pueblo, en los últimos años. Ha sido esta selección quien le dio un alivio fugaz, pero valioso a un pueblo precarizado por gobiernos pusilánimes o feroces, y lastimado por sentirse responsable de haberlos votado. Ha sido el fútbol, el que ha exhibido dignidad en un acontecimiento mundial, reivindicando una causa nacional, como es Malvinas. A contrapelo de un presidente que nos avergüenza con sus obsecuencias.
Y no es que a este país le falten personas dignas. Basta ir cualquier miércoles a Plaza Congreso para admirar a los jubilados. Basta haber acompañado las marchas universitarias, o por el Ni una Menos. ¿Quién puede dejar de desconocer que le sobra dignidad a los trabajadores que resisten despidos y pérdidas de salarios, a los pueblos originarios que defienden territorios, a los que marchan por el agua y contra las mineras, a nuestros defensores de los derechos humanos? No es cuestión de oponer dignidades. Es advertir que, si las luchas populares le duelen a los que se creen dueños del mundo y de este país, también les duele mucho, cuando un gesto patriótico que se hace en el Gran Circo, llega a cientos de millones de televidentes. Retoma la dignidad de Maradona, que siendo técnico de la selección nacional se negó a que su equipo fuera a jugar a Israel.
Por todo los que nos han dado: Muchas Gracias! Hay otras batallas donde, tal vez, no van a estar presentes. Y como hicimos desde siempre, nos corresponderá a otros y a otras seguir disputándolas.
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/07/19/fin-de-fiesta-espana-campeon-gracias-muchachos/


