Este miércoles el Congreso amaneció vallado. La jornada que se avecinaba tenía tres sectores, tres convocatorias, tres formas de protestar. La fragmentación del arco sindical volvió a exhibirse en la vía pública. La noche cerró con un saldo provisorio de 24 personas detenidas y 562 asistidas por heridas de distinta consideración.
Movilización y acto del FreSU. Fotos: Nicolas Solo ((i))
Los primeros sectores que habían confirmado que marchaban eran, por un lado, el FreSU —el espacio que impulsa la UOM junto a otros gremios de la CGT y las CTAs— y, por otro lado, la izquierda. El tercero era la CGT, cuya definición permaneció incierta hasta último momento. El viernes, la directiva cegetista se reunió y resolvió: moviliza, pero no adhiere al paro.
El FreSU convocó desde temprano en Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo. La columna marchó hacia la plaza de los Congresos. A la altura de Sáenz Peña se realizó un acto con intervenciones de Abel Furlán (UOM), Cachorro Godoy (CTAA), Hugo Yasky (CTAT) y Rodolfo Aguiar (ATE). Finalizado el acto, un sector de las y los manifestantes se retiró y otro permaneció en el lugar.
La izquierda y la CGT en las plazas del Congreso. Fotos: Mat ((i))
La convocatoria del FreSU fue más numerosa que la movilización de diciembre contra la reforma laboral. Desde que se conoció el proyecto de ley, el arco sindical logró instalar en la agenda pública sus efectos sobre los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. Gremios de las tres centrales realizaron paro —entre ellos la UOM, Aceiteros, gremios del transporte y los agrupados en las dos CTAs —, se desplegaron actividades de difusión y formación, y el FreSU sostuvo presencia tanto en la calle como en el debate mediático. La izquierda, por su parte, también desarrolló campañas y convocatorias propias.
Movilización y acto del FreSU. Fotos: Indymedia Trabajadoras/es
La CGT, en cambio, movilizó a las 14:30. Su convocatoria fue acotada. No hubo acto central, ni discursos unificados, ni fotografía conjunta. El malestar de las bases por la falta de un paro general, sumado a las concesiones que la central obrera había realizado durante la negociación del proyecto de ley, volvían riesgosa cualquier exposición pública.
La izquierda movilizó con sus estructuras habituales: partidos, movimientos sociales, comisiones internas opositoras y gremios afines. Pero el sector que realmente se plantó en la primera línea frente al vallado eran compañeras y compañeros enojados, cansados del avasallamiento de sus derechos.

La represión
El operativo ya se conocía. El perímetro del Congreso estaba custodiado por Policía Federal, Gendarmería, Prefectura y Policía de la Ciudad. Pero la represión tuvo dos momentos claramente diferenciados y dos fuerzas con comportamientos opuestos.
Durante la mañana y parte de la tarde, las fuerzas federales se mantuvieron detrás de las vallas apostadas sobre Rivadavia. En un momento, las y los manifestantes avanzaron unos metros y Gendarmería se desplegó para cubrir los espacios abiertos, reubicar las vallas y contener el avance.
Se registraron lanzamientos de gases, pero con interrupciones. Había pausas. Las y los manifestantes disponían de margen para retirarse.
Sobre Avenida de Mayo permanecían apostados gremios de izquierda, partidos, movimientos sociales y sectores de la CGT. En la plaza se sentían los gases, pero la resistencia se mantenía.
La primera etapa de la represión. Fotos: Indymedia Trabajadoras/es
Esa dinámica se modificó con la intervención de la Policía de la Ciudad.
La represión en el Congreso. Fotos: Mat ((i))
La Guardia de Infantería de la Ciudad estaba apostada en Rodríguez Peña. Desde allí lanzaron balas de goma y proyectiles de fusiles Byrna —dispositivos que disparan proyectiles de polímero de alta dureza— directamente sobre la manifestación. Nuevamente, las fuerzas policiales tiraron incumpliendo los protocolos de seguridad vigentes. A partir de ese momento se implementó el dispositivo represivo convencional motorizado: salir en formación, perseguir, cargar sin margen, sin advertencia, sin pausa.
Fotos: Nicolas Solo ((i))
Las y los manifestantes comenzaron a desconcentrar por Avenida de Mayo mientras la Policía de la Ciudad avanzaba en operativo de barrido. No dejaba espacios.
La lógica de actuación es la misma que se viene aplicando desde el macrismo. Hay desgaste social, hay hartazgo, pero el Estado no ensaya —ni busca— otras alternativas. Las partidas presupuestarias destinadas a inteligencia y seguridad son marcadamente superiores a las de salud, educación y otras áreas. Las decisiones del gobierno se orientan consistentemente en esa dirección. La herramienta sigue siendo la misma.
Cuando el Estado Nacional necesita reprimir, la policía ejecuta. Y no cualquier policía: la Policía de la Ciudad es la fuerza mejor remunerada del país. También es la más bruta. Y tiene el índice más alto de muertes por acción policial. No es casual, entonces, que se delegue en ella la fuerza.
La segunda etapa de la represión: cacería. Policía de la Ciudad persigue, ataca y detiene manifestantes y periodistas. Fotos: Indymedia Trabajadoras/es
La cantidad total de personas detenidas es incierta. La Comisión Provincial por la Memoria informó que fueron 70 las personas retenidas en la vía pública, además de haber asistido a 562 personas con distintas heridas, principalmente por gases lacrimógenos, balas de goma y proyectiles de pistolas Byrna. Muchas de ellas periodistas, con impactos en piernas, cabeza y brazos.
🚨 FEROZ REPRESIÓN EN EL CONGRESO. Mientras rechazamos la Reforma Laboral del hambre, la respuesta fue balas de goma a la cara y cacería.
Nos cagaron a palos y tardaron más de 30 min en traer una ambulancia para los compañeros heridos.
¡LIBERTAD YA a los detenidos! pic.twitter.com/C5OdYNpIX5— UTEP (@UTEPoficial) February 11, 2026
Desde las guardias jurídicas se informó que hubo 24 manifestantes detenidas y detenidos con causas penales: 20 a cargo de la justicia de la Ciudad y 4 en sede federal.
Luego de la desconcentración, grupos de manifestantes volvieron hacia el Congreso. Hubo más personas heridas y detenidas. Luego, ya entrada la noche, hubo una tercera convocatoria, a un cacerolazo, donde las fuerzas represivas volvieron a detener manifestantes.
Durante la marcha también hubo compañeros y compañeros de distintos sectores, jubiladas y jubilados que, como todos los miércoles salieron a dar pelea.
La respuesta más contundente de la jornada la dieron quienes sostuvieron presencia frente a la avanzada represiva, y quienes fueron al choque contra la valla. Esa primera línea, en el marco de una ofensiva de esta magnitud, la existencia algún tipo de enfrentamiento cumple una función moralizante en esta estapa. No se trata únicamente de cumplir con el ritual de la protesta —portar las banderas, entonar los cantos, retirarse una vez concluido el acto—. En esta jornada hubo protesta efectiva. Hubo choque. Hubo disposición a poner el cuerpo.
Y eso, en una jornada signada por la fragmentación del arco sindical, con una CGT que moviliza sin parar, con dirigencias que renuevan caras pero no terminan de romper con las viejas prácticas, y con un Estado que afila la misma herramienta de siempre, todavía puede ser consignado como un hecho significativo.

















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