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La libertad individual es el problema
Por Ricardo David - Friday, Nov. 18, 2005 at 7:58 PM

La sociedad realmente humana es la que se libera del peso socialmente coercitivo resultante de la libertad individual no planificada.

Debemos romper con los prejuicios burgueses que posibilitan que la sociedad se aliene de sí misma y posibilite un poder egoísta a los individuos de decidir qué consumir "libremente", ya que la libertad individual debe ser organizada colectivamente para que alcance a todos, de otra forma, unos no la alcanzarán, y otros se encontrarán sometidos a los engranajes del mercado que sobrevive gracias a la autodestructividad del individualismo. Debemos suprimir ese mercado que sostiene -y se produce por- la libertad negativa de los individuos de no ser coercionados. Es esa libertad la que produce necesariamente el mercado, y siendo el mercado un producto social que escapa a la planificación consciente de la sociedad por parte de la humanidad, resultará que la única forma de que la sociedad sea propiamente humana es que responda a ese deseo de la humanidad de liberarse del resultado no planificado del respeto a sus voluntades individuales (liberarse de la famosa "mano invisible" para poder construir la etapa previa al comunismo superior). Ergo: la sociedad realmente humana es la que se libera del peso socialmente coercitivo resultante de la libertad individual no planificada. La libertad individual, pura, real, pero cuyo resultado es una sociedad que escapa al control mancomunado de los individuos organizados. Esta libertad es la que debe ser suprimida. En este intento de supresión lo que generamos es una sociedad desindividualizada, colectivista, pero planificada por humanos... y que no debe terminar en manos de pocos hunanos (de la burocracia de lo que muchos llamarían una orwelliana oligarquía colectivista pero que Marx ya pudo descubrir como bonapartismo).
Es una necesidad histórica que se construya una sociedad intencionalmente producida por los hombres, pero esta sociedad no será humana propiamente en su tendencia histórica (ya que la humanidad de la división del trabajo es otra humanidad, alienada, y la división del trabajo es común sostén de toda sociedad con clases -y su primer origen-, y la división del trabajo se sostiene por el mercado, que es una entidad interindividual ahistórica, pero que toma su más alta forma gracias al período histórico capitalista).
Debemos asegurarnos que en el socialismo lo producido sea resultado de las voluntades humanas, y no sólo de las voluntades humanas sobrevivientes a la colectivización que se quedaron en la pirámide de la planificación (el resto ya no actuaría voluntariamente); y es así que para humanizar la sociedad debemos suprimir la voluntad que hace específicamente humanos a los humanos (devolviéndole colectivamente al individuo la posibilidad de reencontrarse con su verdadera voluntad originaria -no alienada por ninguna voluntad individual libre-), ya que lo que hoy hace humanos a los humanos es aquello que nos llevó al homo economicus egoísta e inhumano, que aunque necesario paso a superar, es nuestro principal enemigo. Y más aún, no debemos esperar para atacarlo: es el humanismo individualista, que tiene su expresión pura en la mentalidad burguesa, ese humanismo es al que debemos atacar. Porque si bien el capitalismo burgués, histórico, es el paso final que debe ser superado, resulta que este capitalismo puede ser eternamente reconstruido desde cero -cosa que nunca previmos- ya que se sostiene por un elemento ahistórico (o bien propio de la prehistoria de la lucha de clases). Ese elemento es, repito, el individualismo, y con éste la sociedad de mercado. El individuo y su libertad total, atomizada, choca contra la posibilidad de crear una sociedad autoconsciente. Esa sociedad total, más allá de los prejuicios demoliberales sobre el "totalitarismo", es la que creará una nueva humanidad. Debemos volver a las raíces colectivistas que hacen necesario para la humanidad el seguir con el proceso histórico revolucionario, y por eso debemos, desde Marx, repensar a Rousseau, y no temer convertirnos en Pol Pot, fobia con la que nos aterroriza el imperio del dinero, que con su sociedad fuera de control gobierna incluso a los propios capitalistas más allá de cualquier control social consciente, cosa que sucede en forma completa en la organización capitalista liberal, sobra decir aún más que en la capitalista socialdemócrata.
El consumismo sostiene a la globalización, es decir, que la libertad individual sostiene al capitalismo, y así es. Debemos convertirnos en nuevos hombres para que la supresión de la libertad individual nos devuelva, colectivamente, la verdadera libertad, así como debemos superar las voluntades mayoritarias para descubrir la voluntad general.

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